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Una marca de autos mexicana: ¿mera ilusión?

“El problema no es el dinero, sino la ausencia de proyectos convincentes”.
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Llama mucho la atención que en un país que durante los últimos años se ha vanagloriado de su privilegiada posición global en el sector automotriz no se haya podido lanzar una marca de autos propia. México no tiene una marca de autos, ni hay en el horizonte noticia alguna de que esto pudiera ocurrir. ¿Cómo es posible?

¿No se supone que somos el octavo productor mundial de vehículos y el cuarto exportador de autos nuevos?

Prácticamente todos los países desarrollados tienen marcas de autos sólidas con presencia global. La lista es conocida por todos, y basta mencionar la marca para que cualquier persona del mundo sepa cuál es su país de origen: General Motors, Nissan, Peugeot, Volkswagen, Jaguar, Toyota, Tata, Ford, etc. Es de verdad un misterio de proporciones inconmensurables que habiendo tantos ingenieros mexicanos calificados durante décadas y tanta mano de obra experta a nadie se le haya ocurrido lanzar una marca local.

¿Cuál es la razón de esto? ¿Acaso no hay un mercado vigoroso? O, ¿somos los mexicanos una runfla de traicioneros que no podemos ponernos de acuerdo para lanzar un emprendimiento de gran envergadura y preferimos coordinarnos bajo las órdenes de un CEO alemán, japonés o estadounidense?

La respuesta está en la ausencia de espíritu emprendedor y liderazgo. En un escenario idóneo, imaginemos un grupo de 50 ingenieros, mercadólogos y expertos extraídos de las filas de las empresas que tienen sus plantas en Salamanca, Cuernavaca, Puebla, Ramos Arizpe o Lerma, quienes coordinados por un ex director general de una firma global, lanzan un plan de negocios robusto, levantan capital y detonan un proyecto para montar una planta en una ciudad competitiva para producir sus primeros vehículos en el año 2018. ¿Un sueño? Quizá. ¿Factible? 100 por ciento.

La empresa coreana Kia es ciertamente vieja; pero no fue sino hasta la década de los setenta del siglo XX que inició la fabricación de vehículos automotores; y hasta bien entrado 1986 cuando entró de verdad en la fabricación de automóviles. Esto ocurrió décadas después de que firmas como Ford o General Motors dominaran el escenario automotriz global. De igual forma, la empresa de la India, Tata Motors, fabricó su primer auto en 1991, cuando lanzó el Tata Sierra. En Rusia también hay una marca local sumamente popular: AvtoVAZ.

Carecer de una marca mexicana habla muy mal de este país. Exhibe la brutal incapacidad de los miles de ex alumnos de la industria automotriz mexicana para lanzar un proyecto que equilibre la balanza un poquito. Además, ya conocemos la respuesta ante esta arenga: se dirá que el gobierno no apoya emprendimientos de este tipo; que no hay incentivos fiscales; que los bancos no prestan dinero; que la inseguridad ahuyenta los proyectos; y un sinfín de pretextos más. Pues bien, sépase que en este país de inseguridad, con falta de apoyos y con carencia de incentivos siguen llegando japoneses, alemanes, coreanos y estadounidenses a montar sus plantas automotrices.

Cuando uno habla con banqueros de inversión y personas asociadas a fondos de capital de riesgo estos dicen que el problema no es el dinero, sino la carencia de proyectos convincentes y sustanciosos con emprendedores sólidos que sepan hacia dónde y cómo perseguir una rentabilidad ambiciosa con un proyecto distintivo.

La pregunta es si algún día ese emprendedor mexicano levantará la mano.

Carlos Mota es licenciado en Administración por el ITAM y MBA por la Universidad de Maryland, College Park. En 2011 el World Economic Forum lo nombró Young Global Leader. Ha publicado tres libros y es conferencista. Ejerce el periodismo económico y de negocios en prensa, radio y televisión desde 2000.