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La tintorería perfecta: ¿existe?

“Cualquiera puede montar una tintorería. Pero por alguna razón todas fallan...”.
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Nunca he sido feliz como usuario de una tintorería. Realmente encontrar un lugar de alta calidad no debería ser difícil en una ciudad como la de México. De hecho, al tener barreras de entrada ínfimas cualquiera que desee podría montar una mejor que la de al lado y robarse la clientela del barrio. Pero por alguna razón, al final, todas fallan.

Alguna vez utilicé una de la marca Dry Clean NY. No esperaba mucho y eso fue lo que obtuve; un servicio de mediana calidad. Ni fu ni fa. Luego, como consecuencia de una mudanza y de mis apariciones en TV, un emprendedor muy buena onda se me acercó insistentemente a decirme que iba a establecer una bajo la marca Tintoretto y que el servicio me iba a sorprender. Yo le dije que me preocupaba el tema de las camisas blancas, que son de mi uso preferido, y aceptó el reto.

Acudí con mis camisas a Tintoretto por espacio de dos años. Al inicio todo funcionó bien; sobre todo el desafío que planteé: almidonar los cuellos y dejarlos relucientes, cual militar. Lo que no quería era que usaran el famoso almidón Niágara, que me parece una porquería y que cualquiera puede comprar en un supermercado. Si iban a utilizar ese almidón, mejor las planchaba yo. Tintoretto aceptó el reto y usó almidón a la antigüita: remojaba los puños y cuellos en una solución y luego planchaba. Las camisas quedaban bien…

Hasta que un día empezaron a llegar con el cuello ligeramente pintado de café, como si se le hubiera pasado de tueste al planchador. Pues bien, intenté hacerles entrar en razón de que el color de las camisas era originalmente blanco y prometieron corregir. Nunca lo lograron.

La tercer (y actual) tintorería es una de la marca Dryclean USA. En este lugar sí que me han ocurrido cosas peculiares. Como soy heavy user de camisas blancas muchas veces llevo lotes de cinco o seis, y pido que las almidonen. El almidón que usan es regular –quizá sea Niágara– pero como ya no tengo tiempo de evaluar si mejor lo hago yo mismo, pues ni modo, me aguanto. No obstante mi estoicismo, en este lugar me han perdido un par de camisas en dos ocasiones distintas.

La primera camisa perdida originó que un familiar mío reclamara como perro. Este familiar se enfrentó al dueño de la franquicia, quien hizo mutis al darse cuenta de que su local me había perdido una prenda, y creo que sólo atinó a decirle a su empleado que la tendría que pagar si no la encontraba. Como no la encontró, el empleado me la pagó a plazos. No obstante ello, hace como mes y medio llevé un lote de seis camisas y pedí únicamente el planchado.

Una semana después me entregaron sólo cinco prendas y me mostraron una nota de remisión nueva diciendo que en realidad habíamos llevado sólo cinco. La nota, curiosamente, tenía la fecha del día de la entrega final, es decir, la acababan de hacer minutos atrás. Al reclamar nosotros la sexta camisa la respuesta fue que no habían sido seis nunca, sino cinco, y que ellos sí se acordaban que cuando las llevamos, se habían contado mal.

Ya no sé si reír o llorar con el tema de las tintorerías. Anhelo el día en que aparezca una realmente buena, pero confieso que ya soy escéptico.

¿Existirá?, me pregunto. Una que pueda almidonar a la perfección, que cumpla tiempos de entrega, que tenga precios competitivos, que no pierda prendas… El día que alguien la invente, avíseme, por favor. Y franquíciela, para beneficio de la comunidad (y de mí también).

 

Sobre el autor:

Carlos Mota es licenciado en Administración por el ITAM y MBA por la Universidad de Maryland, College Park. En 2011 el World Economic Forum lo nombró Young Global Leader. Ha publicado tres libros y es conferencista. Ejerce el periodismo económico y de negocios en prensa, radio y televisión desde 2000.