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No te tomes mi tiempo

Las preguntas y respuestas más significativas en la vida no toman más de cinco minutos.
No te tomes mi tiempo
Crédito: Depositphotos.com
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 Las preguntas y respuestas más significativas en tu vida no toman más de cinco minutos:

"¿Lo hacemos?..., ¿Te quieres casar conmigo?.., ¿Es para mí el trabajo?.., ¿Pasé?.., ¿Cuándo firmamos?..,  ¡Esta vez sí me divorcio!.., No por favor.., Dime que sí..."

No tienes más de 140 caracteres para un tweet, y los mejores mensajes publicitarios no tienen una duración mayor a cuarenta segundos.

Conclusión: Cuando te toque hablar en público emplea el menor tiempo posible para expresar el mayor número de ideas completas.

Ana Díaz comenta que el proveedor de papelería comenzó 09:10 y hablaba y explicaba y repetía los beneficios y otra vez y otra vez, y mire y le cuento… A las 10:20 ya la tenía harta y pensó: quiero otro proveedor.

Cuentan que en 2001, Natthakarn Panniam, una disc jokey tailandesa demandó al Primer Ministro de su país, Thaksin Shinawatra por acostumbrar arruinarles la programación con sus extensísimos discursos.

Con la excusa de: “les quito nada más unos minutitos de su valioso tiempo”, Huey P. Long, pintoresco gobernador de Louisiana pronunció un discurso de 15 horas y media; el precandidato Ted Cruz habló durante 22 horas oponiéndose al Obamacare, y una vez Fidel Castro, el ex premier cubano, habló ininterrumpidamente durante más de ocho horas.

Podemos encontrar millones de ejemplos de quienes toman mucho de su tiempo (y del nuestro) para hablar de productos, servicios, beneficios, alcances, riesgos y etétera.

La respuesta a cuánto debe durar lo que decimos para que sea atendido y entendido, sea atractivo e interesante, convenza y tal vez persuada depende esencialmente de tres factores: circunstancia, audiencia y tema.

1. Circunstancia

Una charla en el café con Magusa deberá durar hasta que comiencen los silencios; un desayuno de negocios con los de HP, hasta que haya sido expresado el propósito y se haya obtenido una respuesta; la presentación de un producto, hasta que la idea central haya quedado expuesta por completo; una conferencia o una clase, hasta que el tema se agote.

“Hola, que pso.., nada, aquí, cómo tas…, ps aquí, ¿y tú?.. ps nada, ¿qué haces?.., ps aquí matando el tiempo ¿y tú?..., ps aquí también…”

Uyyy, el teléfono, mágico instrumento para entretenerse, pero ¿cuánto tiempo?

No es lo mismo que hables con tu mamá a que te enfrasques en una call conference con tu cliente de Chapala, pero en ambos casos haz consciente que el tiempo corre.

2. Audiencia

Chabelo lo entendió muy bien. Los públicos infantiles no toleran los discursos largos ni las llamadas telefónicas duraderas, en cambio, aquellos compuestos por personas de la tercera edad, son más pacientes para escuchar.

Un público de futbolistas a quienes les presentas un balón no es tan tolerante como uno compuesto por profesores a los que les ofreces becas.

Cuando vayas a promover tus aceites a una gran corporación fíjate: para un público de ejecutivos o de hombres de negocios, el tiempo es oro, así que pícale, pueden aguantar mientras el tiempo empleado sea sustancioso. Toma en cuenta: cuando se acabaron las preguntas, se acabaron, ya.

3. Tema

Híjole, desde primaria se tiene la idea ociosa de que los temas áridos deben llevarse mucho tiempo, no así los temas vulgares, superfluos e intrascendentes.

¡Que no te pase a ti, cuidado! Los temas áridos, escabrosos, muy abstractos, deben ser expresados con brevedad, pero lentamente, con buenos ejemplos y mejores apoyos. Los oyentes necesitan claridad, explicación y aplicación, no tiempo, recuerda: paso por paso no es lo mismo que hora por hora.

La gente a la que le gusta hablar como el ingeniero Fajardo o la gente que acaba de descubrir que le ponen atención como la contadora Leyva, tienden a desestimar el tiempo de sus intervenciones; a la hora de la hora les vale la circunstancia, la audiencia y el tema.

No te comportes así. Si te piden que opines, expresa un pensamiento breve y conciso, a favor o en contra, tal vez con uno o dos ejemplos, no más, no repitas y repitas y le des vueltas.

Si te piden unas palabras para conmemorar, despedir o estimular, entre tres y cinco minutos son suficientes.

Es muy sencillo saber cuando alguien no preparó una clase, una presentación de negocios o una conferencia ya que el manejo de su tiempo es deficiente y emplea términos como: “ora sí ya vamos a entrar en materia, no se me desesperen, estoy por terminar, ya casi acabo, unos minutitos más para dar otro ejemplo…”

Tus públicos te agradecerán la brevedad, no exagerada, de lo que tienes que decirles, que no te huyan. Cuida la súper marca yo.