Autocontrol

El chocolate y el autocontrol

Escuchar al cuerpo no es una habilidad fácil de adquirir. Se puede desarrollar a través de la asesoría de un especialista, pero sobre todo, a partir de la conciencia propia para hacerlo.
El chocolate y el autocontrol
Crédito: Depositphoto.com

Cada quien tiene sus mañas para estar bien consigo mismo y despejarse del estrés o al menos intentar retrasarlo por unas horas antes de que inevitablemente el ojo comience a parpadear involuntariamente y el dolor en hombros y  cuello se haga presente.

No me había dado cuenta, pero en mi caso, siempre que estoy melancólica o con muchas cosas por hacer y resolver en poco tiempo, el párpado del ojo izquierdo comienza a sentirse pesado y después a “brincar”, como una acción casi automática y natural, mi cerebro sólo evoca la imagen de una taza de chocolate caliente. Y el antojo no se va, estoy todo el tiempo con la sensación de necesitar uno.

Pueden pasar dos o tres días hasta que por fin cedo y mi cuerpo comienza a relajarse. Sin embargo, si el ritmo de trabajo y pendientes no cesa, mis papilas gustativas aclaman un buen trozo de jamón serrano y claro el chocolate caliente.

No sé si a ustedes les pase algo similar, no me refiero al jamón o chocolate, sino a la necesidad de su cerebro de “tapar” este estrés que siente y sabe que le hará daño a través de elementos placebo para reconfortarse. Desconozco si está bien o sea una anomalía, pero lo que sí estoy segura es que el cerebro y el cuerpo son mucho más inteligentes que uno (por así decirlo), pues saben exactamente qué te va a suceder y por más que te manda señales, muchas veces no somos lo suficientemente capaces de interpretarlas o peor aún, no queremos hacerles caso.

Por ejemplo, tengo una amiga a la que le quitaron la vesícula y el doctor claramente le dijo que no puede seguir comiendo tanta grasa y carne como estaba acostumbrada a hacerlo, pues ahora sería más difícil procesar todo eso. ¿Pero creen que hizo caso? Exacto, no lo hizo y continuó comiendo como si tuviera 17 años, con un metabolismo de diez. Hasta que un día sucedió lo que tenía que pasar: enfermó; el diagnóstico, dejar de comer grasas y carne diariamente. Ahora claramente entiende que debió haber hecho caso cuando comenzó a sentir pequeñas punzadas en la espalda o a dolerle la cabeza.

Escuchar al cuerpo no es una habilidad fácil de adquirir. Se puede desarrollar a través de la asesoría de un especialista. Pero sobre todo, a partir de la conciencia propia para hacerlo.

Un día un terapeuta en par biomagnético me platicó de los beneficios que se tienen a través de esta técnica, pues como yo lo veo él funge como traductor de tu cuerpo. Una consulta puede atender desde lo físico, hasta lo emocional, pero la recuperación depende en alto grado de ti, tu voluntad y comenzar a entender lo que quiere decirte el cuerpo.

¿A qué voy con todo esto?, a que vean lo importante que es tener un autocontrol de tu cuerpo, a saber traducir “esas necesidades” de chocolate o de repente dolores de cabeza o punzadas en el estómago como algo serio y no pasajero; pues es la manera en la que tu cerebro envía señales de alerta para que pares un momento y respires.

En la vida seguramente seguiré teniendo ganas de chocolate y jamón serrano, lo importante aquí es ver la manera en que las voy a abordar.