Honestidad

Rompiendo los paradigmas de una nación: ¡a vender a pesar de todo!

"No fomentemos la corrupción, preferible perder un pedido que, la honestidad de nuestro nombre y de la compañía". ¡Conoce esta historia!
Rompiendo los paradigmas de una nación: ¡a vender a pesar de todo!
Crédito: Depositphotos.com
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Iván Rosas comenzó como capturista, pronto vio en las ventas una forma de vivir, en unos años, con pasión y dedicación, se convirtió en uno de los mejores vendedores de la empresa. Mucho ayudó su paso por el departamento de atención a clientes y ventas internas, unos años antes de convertirse en vendedor de calle.

Estando en atención telefónica, debes aprender a sonreír en el teléfono a pesar de las dificultades para que el cliente lo note. Parece algo imposible, se debe cuidar la tonalidad de la voz, la manera en que te diriges a los clientes por teléfono ya que todo eso se nota, se puede sentir tu humor y el de la persona al otro lado de la línea.

Sin duda, recomiendo que antes de ser vendedor de calle, pases por las áreas de venta por teléfono y/o por departamento de servicio o atención a clientes. Esto nos dará una visión distinta de cómo atender a los clientes.

Pero bueno, regresando a nuestra historia, Iván estaba por cerrar un pedido importante y como sabrás, cuando le vendes proyectos al gobierno tienes que estar preparado para que el pedido te lo asignen o lo liciten, dependiendo de los montos y esto puede ser en un año o dos después que lo especificaste.

Él ya tenía mucho tiempo especificando la instrumentación para una planta de tratamiento de un organismo municipal. Y hoy era el día para la firma del pedido y la revisión de las condiciones comerciales.

Lo acompañé, ya que por esas fechas, era el gerente de ventas, y no tuve inconveniente de ir con él a las oficinas de adquisiciones.

— Iván: “Por fin de tanto tiempo, veré el pedido en mis manos”.

— Gerardo (yo): “¡Felicidades! Creo que en poco tiempo has logrado muchas cosas”.

Fue una breve conversación mientras subíamos por las escaleras los cuatro pisos del edificio de las oficinas de gobierno. Después de una espera de 20 minutos nos atendió una señorita asistente.

— Señorita: “Hola Iván, buenas tardes, todo está listo, ¿el señor que te acompaña es gerente de la compañía?"

— Iván: “Sí es el Ing. Ramírez, gerente de ventas”.

— Señorita: “Bienvenido ingeniero Ramirez, mucho gusto en conocerlo, una pregunta que me recomendó el licenciado hacerle antes de que pasen con él, ¿usted tiene poder de toma de decisión en su compañía?”

— Gerardo: Sí, traigo todos los documentos que me avalan para firmar contratos.

En ese momento no pasó nada malo por mi mente, era lo más normal preguntar por el poder de decisión, quizá vayan a pedir un descuento. En fin. Veamos qué procede.

— Licenciado L: “Hola señores, buenas tardes, seré breve, tomen asiento y platiquemos sobre sus pedidos. Ya están por ser firmados, es una buena cantidad, 75 mil dólares, esto creo que es para la instrumentación de la planta de tratamiento ¿verdad?"

— Iván: “Sí licenciado, después de mucho tiempo la Ing. Bertha nos favoreció, ella analizó varias ofertas de otros proveedores, le gustó nuestra asesoría y tecnología con la que contamos”.

El licenciado ni siquiera escucho a Iván y con un papel en la mano se dirigió a mí. Eso ya no me gustó.

— Licenciado L: “Ingeniero Ramírez, mire acá trabajamos de una manera ‘especial’ y es por eso que solicitamos la presencia de los gerentes o representantes legales que puedan tomar decisiones; que no les asuste ganar pedidos”.

Me entrego el pedido y en la parte trasera traía escrito el número 15%.

Me hice el ingenuo y le pregunté: “¿qué significado tiene ese 15%?”

— Licenciado L: “Es lo que necesitamos de ustedes asegurar para asignarle el pedido, si cree que es mucho yo podría platicar con mis jefes y reducir ese monto”.

En ese momento mi sangre hirvió, no supe si sentir coraje o tristeza, porque el trabajo de varios años había que tirarlo a la basura.

Me puse de pie y con voz fuerte y segura le dije:

“Licenciado, nosotros no trabajamos así, en nuestra compañía hay un código de conducta y ética que nos hace alejarnos de estas situaciones y el solo mencionar la posibilidad de obtener un pedido por esta vía, es motivo de despido. ¡Buenas tardes y con su permiso!”

Iván en ese momento entendió la situación y asintió con la cabeza y salimos de ahí.

Solo alcanzamos a escuchar que el licenciado L, nos decía: “De mi sabrán y jamás volverán a vender nada en esta institución”.

Con tristeza Iván aceptó que el trabajo había que desecharlo. Un poco más tarde recibimos la llamada de la Ing. Bertha, quería saber cómo nos había ido y cuando comenzábamos a surtir lo adquirido.

Le comentamos lo sucedido, ella enmudeció y con pena se disculpó por lo ocurrido.

Tuvimos que informar a la dirección general de lo ocurrido y a cerrar el capítulo.

Miré a Iván le dije:

“A levantarse y a seguirle buscando. Así es esto en el negocio de las gelatinas, algunas cuajan otra no” y sonreímos.

Unas semanas después, recibimos la llamada del licenciado L, disculpándose del malentendido; él decía que lo que solicitaba es más descuento y no una comisión.

Nos entregaron los pedidos y solo tuvimos que darles 5% de descuento, somos ahora los proveedores de instrumentación de esta planta.

Investigando, la Ing. Bertha hizo escritos y habló con ellos. Nadie fomentó la corrupción. El trabajo debe ser honesto para todos. Así es como se construye un país, sabemos que es difícil que la corrupción acabe, pero es importante poner de nuestra parte, siempre cuando pasa esto es un problema de dos.

Iván ya no está en la compañía, ahora dirige proyectos para una empresa alemana y somos buenos amigos. Me comenta que el estar en ventas, le dio grandes experiencias que le han ayudado para poderle vender la idea a sus jefes y realizar los proyectos.

No fomentemos la corrupción, preferible perder un pedido que, la honestidad de nuestro nombre y de la compañía. Rompe los paradigmas y ¡a vender! Desde el campo de batalla… nos vemos en la próxima.