Conversación

Si tienes algo que decir, dilo

Decir que la comunicación es la encargada de solucionar cualquier problema es hablar de palabras mayores, sobre todo cuando ésta se utiliza inadecuadamente.
Si tienes algo que decir, dilo
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Existen varias razones por las cuales tenemos miedo de opinar, de proponer e incluso de responder cuando es necesario. La primera, por supuesto, es el miedo.

Ese temor de equivocarnos, de responder de forma incorrecta, de no cumplir con las expectativas de quienes están a nuestro alrededor e incluso miedo de perder nuestro puesto de trabajo.

Si alguna vez te has cuestionado de dónde surge ese sentimiento por todo lo anterior, yo te puedo afirmar que, en ocasiones, se da por aprendizajes e ideas preconcebidas en las que se ha creído erróneamente que únicamente quienes tienen un puesto superior poseen la última palabra ante cualquier toma de decisión, por más insignificante que ésta parezca.

Afortunadamente, esto ha ido cambiando y, hoy día, el expresar libremente lo que opinamos con respecto a un tema, sucede gracias a un canal de comunicación mucho más abierto a opiniones, temas y soluciones.

De esta manera, la comunicación pasó de ir en una sola dirección a satisfacer nuevas necesidades, adaptándose a las nuevas generaciones que tienen hambre no solo de aprender y ser escuchadas, sino de crear.

¿Y qué sucede al permitir que nuestros equipos de trabajo se comuniquen abiertamente?

Reafirma la confianza

Tanto cuando se nos permite opinar como cuando le cedemos la palabra a alguien de nuestro equipo estamos reafirmando la confianza. El estar abiertos a escuchar hace que la otra persona se percate de que su opinión puede o ya está generando algo de valor. Y lo más importante es que dicha seguridad será reflejada y transmitida a los clientes, creando una cadena de confianza ante una comunicación fructífera y favorable.

Ejemplo: En una ocasión me tocó participar en una junta de trabajo a través de la cual iba a tener mi primer acercamiento con un cliente. Durante todo la junta escuché atentamente lo que éste quería, lo que le parecía correcto y, sobre todo, aquello que no creía tan conveniente.

Al salir de la junta, pensaba en cómo sería la mejor forma de comunicarle a mi equipo todas mis inquietudes. Y aún cuando tuve un instante de duda acerca de si mis comentarios al respecto agregarían valor, fue gracias a que decidí hacerlo que di pie a que todos pudieran darse cuenta de que había una gran necesidad de abrir los canales de comunicación para que así todos estuviéramos en un mismo canal que nos permitiera ir hacia un mismo rumbo sin cometer errores innecesarios.

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Favorece al compromiso

Una comunicación abierta y saludable ayuda a potenciar la participación de quienes trabajan en una empresa. Esto, gracias a que la oportunidad de brindar ideas frescas fomenta la motivación para seguir creando, sintiéndolo como un reto personal.

Entre más fluya la comunicación en distintas direcciones, mayor la participación efectiva entre los miembros de un equipo y mayor su compromiso por demostrar que aquello que aportan realmente genera un valor a la empresa y a los clientes.

Ejemplo: He tenido la oportunidad de presenciar un mismo problema, pero resuelto por dos equipos distintos y con resultados completamente opuestos. La razón por la cual los resultados fueron diferentes fue precisamente por cómo fue presentada la necesidad a satisfacer.

La primera fue comunicada en torno a un regaño, en donde se habló de los fallos y se les exigió que solucionaran el problema, pero sin mucha más información de por medio.

Por el contrario, al segundo equipo se le dio a conocer la insatisfacción del cliente, pero con la ventaja de saber aquello que se podría reutilizar y cómo es que uniendo todas y cada una de las fortalezas de los miembros participantes podrían alcanzar el objetivo.

Escuchar esto, hizo que el equipo se sintiera aún más comprometido con dar buenos resultados, porque sabían que aún habiendo cometido un error, sus habilidades eran aptas para alcanzar la meta.

Qué diferencia, ¿cierto?

Estimula el desarrollo grupal

Tomando en cuenta que todo equipo de trabajo está en constante evolución, debes saber que tu rol como emprendedor, líder o jefe, es el de crear las condiciones para que la comunicación no sea el impedimento por el cual un grupo no pueda evolucionar, formarse o transformarse en algo aún más grande.

Si leíste mi artículo Cómo no convertirte en un mal jefe, sabrás que es sumamente importante escuchar, motivar y guiar. Y, ¿cómo se logra esto? Abriendo los canales necesarios para que todos los integrantes de una empresa puedan transmitir sus preguntas, inquietudes o ideas, con la finalidad de que se sientan en un ambiente cómodo para cumplir con lo estipulado. Ojo, dije cómodo, no en una zona de confort, porque lo que deseamos impulsar con la comunicación abierta es que el equipo sienta que tiene un reto delante, no algo rutinario con lo cual cumplir por cumplir. Esto, entre otras variables, es lo que estimula a un equipo a querer seguir creciendo.

Ejemplo: Es importante pedir a un jefe o líder de proyecto que brinde retroalimentación sobre el desempeño que uno está teniendo tanto en un proyecto en particular como a nivel personal. Pero, el que un líder tome la iniciativa de darle a conocer sus fallos, sus fortalezas, así como las áreas de oportunidad que tiene cada miembro de su equipo, alientan a que éste desee mejorar e incluso desarrollar nuevas habilidades.

En este punto, y como emprendedor, debes saber que todo está en cómo decimos las cosas. Ya que si tú logras comunicarle a tu equipo todo aquello que necesitan saber adecuadamente, ya estás del otro lado.