Miedo a hablar en publico

¿Sigues temiendo hablar en público?

Si no has aplicado el método ANORCOVEDEP, puedes optar por dos caminos más: la represión o el control.
¿Sigues temiendo hablar en público?
Crédito: Depositphotos.com
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Un día, refirió el diario Daily Star de Montreal, mientras Churchill se dirigía a un mitin en Manchester, su compañero de viaje, Lord Salisbury, le preguntó: "¿Te sientes nervioso Winston?" La respuesta fue afirmativa.

"Pero, mira muchacho, no te dejes dominar por los nervios. Haz lo que yo hago. Cuando me levanto para hablar a un auditorio, tengo por hábito pasear mi mirada por la concurrencia y luego me digo a mí mismo: '¡Qué grupo de personas más necesitadas de saber!', y luego siempre me siento mucho mejor" dijo el veterano estadista.

Winston Churchill es considerado por los británicos como el hombre más importante del segundo milenio. En publicaciones anteriores ya tocamos el asunto de los nervios, y volvemos porque en redes se han suscitado muchas preguntas.

Toma en cuenta que la paz, la seguridad y el control de ti mismo son factores determinantes en el éxito de la comunicación oral personal, pues con ellos las ideas se clarifican, las frases se construyen sin dificultad y el pensamiento y los sentimientos se pueden comunicar libremente.

Yo te sugerí aplicar el método ANORCOVEDEP: Anticípese, Organícese, Concéntrese, Ventílese, Decídase, Proyéctese.

Si no lo has aplicado o si te cuesta trabajo, puedes entonces optar por dos caminos más: la represión o el control.  

¿Reprimir o Controlar?

De tal modo que tus intervenciones fluyan de forma natural, congruente, coherente y de acuerdo con el objetivo de atraer, interesar, convencer y persuadir, es necesario decidir la estrategia para controlar el nerviosismo propio de cada ocasión.

Reprimir los nervios

Para autoconvencerse de la inexistencia del miedo escénico resulta efectivo: desde el método "No me importa, no me importa y no me importa", pasando por el monólogo de "Bastante hago con venir a hablarles", hasta la prodigiosa técnica de "Que se aguanten, sudo y qué".

El alcohol, algunos fármacos y algunas drogas, también son métodos eficaces de represión, no necesariamente causan adicción y son a veces tan efectivos que inhiben hasta la emoción de recibir los aplausos del respetable.

Guardar la cara detrás de hojas blancas o de un libro –costumbre muy arraigada– constituye una fórmula maravillosa para cumplir sin fallar.

El mejor de los métodos, el más antiguo es por supuesto, no aceptar la invitación, saber y tener el valor de afrontar que hablar para los otros no es lo tuyo. Escoge.

Controlar los nervios

El controlar el natural nerviosismo que se experimenta cuando se tiene un compromiso frente a un público, es un deber para con uno mismo y para con el auditorio.

Saberlo es el método más efectivo para no empañar el discurso con manifestaciones de inseguridad.

Tres cosas tiene que mirar el orador, escribió Cicerón, qué decir, en qué ocasión cada cosa y de qué modo. La convicción es el tranquilizante más efectivo, el control más eficaz.

Agregamos: Lo quiero decir, lo puedo decir, lo voy a decir, con la certeza de que mi convicción sea el yugo de mis nervios.