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salaUno: ver y vivir, para transformar la vida

Su esencia altruista lo impulsó a cristalizar un deseo en pro de los más pobres.
salaUno: ver y vivir, para transformar la vida
Crédito: Cortesía salaUno

El destino llevó a un ingeniero industrial a crear una clínica especializada en salud visual. El reto era brindar un servicio de calidad y bajo costo en cirugías de cataratas y atención oftalmológica a mexicanos de bajos ingresos. 

La misión

Su inquietud filantrópica nació desde su infancia. "Fui a un colegio de misioneros. En mis vacaciones fui de misión a los rincones más pobres de México en Oaxaca y Chiapas. Ahí noté grandes carencias", narra Javier Okhuysen, fundador de salaUno.

Durante esa época, tal virtud lo hizo acreedor al Premio Eugenio de Mazenod a la máxima contribución social e integrante de diversas ONG’s (Fondo para Niños de Mexico, Ashoka, Hidden Art/Viable). 

Aficionado a correr, viajar; al futbol (es fanático del Arsenal de Inglaterra); y a leer biografías, Javier evoca aquel 2005. "En ese entonces trabajaba en un banco de inversión en Madrid, España. Ahí conocí a Carlos Orillana quien también es ingeniero.

"De repente, hallamos el libro La Fortuna en la base de la pirámide de C.K. Prahalad. Nos llamó la atención el capítulo acerca del Hospital de Ojos Aravind de la India, una organización cuya meta es erradicar la ceguera evitable. Nos emocionamos tanto que quisimos empezar algo similar en México".

La obra de Prahalad argumenta que las empresas multinacionales pueden ganar dinero vendiendo a los más pobres, mediante un modelo novedoso.

"Fue así como pensamos en abrir una empresa no solo para hacer dinero, sino para estar al servicio del público y cambiar la vida de los demás. Hacer el bien y que nos vaya bien, ese es el punto. Por otro lado, nuestra vida siempre estuvo enfocada a las finanzas. ¡Era el momento de hacer algo distinto!".

Pese a ello, Javier y Carlos continuaron con sus carreras profesionales y académicas, madurando la idea. "Fue así que llegamos a Aravind en Madurai, India. Ahí trabajamos y nos capacitamos porque nosotros no somos médicos", reconoce Okhuysen.

Finalmente en marzo del 2011 hacen maletas, viajan a México y arman su equipo de trabajo.

Capital y talento humano

Pero, ¿cómo obtener fondos? Para ello, los emprendedores abrieron una ronda de financiamiento con una filial del Banco Mundial y un fondo llamado Dove Capital. 

Ya establecidos como fundador y co-fundador, Javier y Carlos se apoyaron en oftalmólogos jóvenes y apasionados del deber social. 

En agosto del 2011 salaUno, ver, vivir y tranformar (un mantra traído de la India) abre sus puertas al público con una clínica piloto en la Colonia Roma Norte. Al principio contaron solo con un equipo de 30 personas. 

"Amor por los demás"

Desde sus inicios, su enfoque fue dirigido a la clase media baja y baja con problemas de cataratas. "Nos manejamos así por una misión y porque la base piramidal socio-ecónomica en México indica que el 70 por ciento de la población pertenece a este sector”, explica Javier. 

En ese sentido, datos del Hospital de la Ceguera arrojan que las enfermedades visuales son la segunda mayor causa de discapacidad en México. El 50% de esos casos corresponden a la catarata. 

"Al principio atendimos sólo el problema de cataratas por estar relacionado a la vejez y la diabetes. Hoy, ofrecemos consultas generales de oftalmología, venta de lentes de armazón o de contacto, cirugías de corrección con láser; y tratamientos para diabetes, retina y córnea, mácula y glaucoma", detalla.

Actualmente, el equipo multidisciplinario de salaUno alberga a 180 personas entre doctores, enfermeras, optometristas; y personal  administrativo con experiencia en ingeniería, recursos humanos, mercadotecnia, contabilidad y diseño.

Reconocimientos

El esfuerzo de Javier y Carlos rindió sus primeros frutos en 2014 cuando salaUno obtuvo el Premio de Emprendedores por la Secretaría de Economía. En 2015, el Premio del Foro Económico Mundial como Emprendedores del Año de Latinoamérica; y el Premio Nacional del Emprendedor por el INADEM.

De plácemes

En agosto salaUno apagará cinco velitas y su fundador comparte un recuento de su aventura. "En el camino hemos tenido cambios en el modelo de negocio, a fin de hacerlo sustentable. También perdimos gente valiosa. Pero esos tropiezos, nos inyectan gasolina para no desistir", asegura Javier.

Asimismo, reconoce que aunque el camino no es fácil, en México existen diversas formas de hacer valer un negocio. "Tenemos un sistema emprendedor sólido; aceleradoras y fondos; y un programa de emprendedores que facilita este ecosistema. Lo que hace falta es que la gente talentosa vea a los emprendimientos como una oportunidad laboral".

No te rindas

Y aconseja: "nunca dejen de prepararse. Yo lo hago gracias a algunas redes a las que pertenezco. Asisto a congresos y cursos sobre temas de liderazgo y organización.

"Como dice la química: las cosas conspiran para que sucedan por ti. Si van a emprender algo, háganlo en algo que los apasione. Si no, al poco tiempo estarán desmotivados", finaliza.      

Actualmente salaUno colabora en el programa Del Amor Nace la Vista de Fundación Cinépolis. La puedes encontrar en Mérida 204, Roma Norte en la Ciudad de México.