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Emprendedores que apuestan por el Fintech para hacer inclusión financiera

Hoy, las startups dedicadas a brindar servicios financieros valiéndose de la tecnología tienen una oportunidad real para competir frente a bancos y otras instituciones tradicionales.
Emprendedores que apuestan por el Fintech para hacer inclusión financiera
Crédito: Octavio Novelo (Zave App), Javier Martínez (Piggo) y Joel Cano (mexBT) / Entrepreneur en Español / Alfredo Pelcastre
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¿Qué se obtiene si se combinan las ventajas de los medios modernos de pagos, las tecnologías actuales y la alcancía tradicional en la que muchos adultos ahorraron su “domingo" cuando eran niños? La respuesta de Octavio Novelo a esta pregunta es Zave App, una startup que, a través de una aplicación móvil, ofrece un “cochinito” de la era digital, que promueve y facilita el ahorro de sus usuarios.

Lanzada en 2015, Zave App permite crear metas de ahorro que se alcanza, haciendo un cargo a una tarjeta de débito o crédito del usuario. El ahorro se promueve de distintas maneras: la aplicación puede detectar automáticamente cualquier transacción hecha con el plástico y, por medio de una alerta en el celular, propone redondear la compra para reservar la diferencia. Bajo otra modalidad la app activa diariamente una alerta para preguntar al usuario cuánto gastó ese día y  entonces propone también un redondeo. Finalmente, están disponibles también diversos avisos semanales o mensuales que indican cuánto corresponde ahorrar en función del monto y plazos definidos. Además, todos los cargos hechos a la tarjeta deben ser previamente autorizados por el titular.

En cualquier momento el cliente puede modificar sus metas de ahorro y disponer de su dinero (sin costo en caso de usar el monto para comprar en el sitio Web de alguna empresa afiliada con la startup, como Expedia o Experimenta; o bien, pagando una comisión si prefiere un depósito a su cuenta bancaria). Para hacer un retiro, hay que seleccionar la opción de “romper cochinito” y confirmar escribiendo la palabra “tocino”. “Es muy lúdico; queremos que nuestro producto parezca más un juego que un producto financiero”, dice Octavio, cuyo proyecto cerró hace un año una ronda de inversión por US$330,000, con lo que mejorará su producto e incrementará su base de usuarios.

Mesa puesta y menú amplio

La startup, que en junio pasado contaba con 10,000 usuarios registrados y reportaba un promedio de ahorro por cada uno de $1,200, lanzó en julio una versión premium que permite transferir los saldos al prepago de créditos automotrices e hipotecarios, fondos de inversión o a una cuenta de ahorro voluntario en el sistema Afore.

Hoy, forma parte del joven sector fintech en México: empresas de reciente creación enfocadas en innovar –valiéndose de Internet y los dispositivos móviles– para ofrecer de forma más sencilla, eficiente y barata los servicios financieros que oferta la industria financiera tradicional.

Los emprendedores en este sector “tienen una enorme oportunidad para redefinir los servicios financieros”, ya sea enfocados a las clases más altas ya bancarizadas o en el mercado que hoy no es atendido por los actores tradicionales de la industria –donde está la mayor oportunidad–, opina Andrés Fontao, inversionista y emprendedor fintech establecido en Nueva York, EE.UU.

El también cofundador y managing partner de Finnovista, organización de impacto que potencia los ecosistemas fintech en Europa, América Latina y África a través de eventos como Finnosummit, un congreso del sector que se llevará a cabo el próximo 20 de septiembre en la Ciudad de México, calcula que en el país existen unas 150 startups fintech, un número reducido comparado con las 2,000 que hay en Reino Unido o Estados Unidos. Sin embargo, considera que “el potencial de ver nuevos emprendimientos en este segmento es enorme”.

Actualmente, hay varios factores propicios para el desarrollo de negocios fintech en México, pero quizá el principal es que nada detendrá la adopción tecnológica de cada vez mayores segmentos de la sociedad. De hecho, según una encuesta publicada por PwC, dos de cada tres entrevistados (CEO, directores de innovación y tecnología, y directivos involucrados en la transformación digital de sus empresas) opinan que dentro de cinco años el 60% de sus clientes accederá –al menos una vez al mes– a servicios financieros por medio de aplicaciones móviles. El abanico de productos y servicios financieros susceptibles de disrupción gracias a la tecnología incluye desde la forma en que una persona ahorra, invierte, obtiene préstamos y hace transferencias internacionales, hasta el uso de tecnologías de encriptación, divisas virtuales y métodos de pago accesibles para negocios físicos y en línea. 

Más fácil, rápido y barato

Tampoco las remesas, o si se prefiere las transferencias internacionales, están exentas de la aparición de modelos novedosos. Un caso es Saldo.mx, que lanzó en 2015 una aplicación móvil disponible para migrantes mexicanos en Estados Unidos (un grupo tradicionalmente excluido del sistema financiero) que permite –mediante una tarjeta de prepago o una cuenta bancaria– pagar servicios como luz, teléfono e incluso impuestos de sus familiares en México. Este tipo de gastos para el hogar representan el 70% del destino de una remesa tradicional, asegura Marco Montes, cofundador de la startup. Con esta solución, el emprendedor puso un pie en el territorio de gigantes como Western Union, dominantes en un mercado que en 2015 ascendió a US$24,800 millones (la mayoría recibidos desde Estados Unidos). 

Pero no sólo los individuos se están beneficiando de las soluciones fintech. También las empresas. Por ejemplo, a través de mexBT, un mercado de compra-venta de Bitcoin, se ha vuelto posible para empresarios hacer transferencias seguras de forma más rápida y económica. La tecnología, las operaciones internacionales y alianzas de la startup permiten comprar Bitcoin a cambio de pesos (en lugar de cambiar estos primero a otra divisa) y después cambiar la moneda virtual a divisas como yuan chino, dólar singapurense, rupia india, rupia indonesia, real brasileño, euros y dólar estadounidense.

Así, por medio de este servicio los usuarios pueden enviar dinero a otros países “a un precio muy competitivo, comparado con lo que costa- ría una transferencia internacional y mucho más rápido”, explica Joel Cano, cofundador y director de Operaciones de la empresa. Ello per- mite que, digamos, un comerciante mexicano pague muestras de mercancía provenientes de China mediante una transferencia SPEI desde su cuenta bancaria en México a su cuenta en mexBT. Después –en cuestión de horas, en lugar de semanas– el sistema de la plataforma deposita el equivalente a la cuenta de su proveedor chino en la moneda local.

Este proceso ejemplifica claramente cómo las soluciones fintech son potencialmente disruptoras: “estás superando la eficiencia, reduciendo los costos (10 veces menos de lo que usualmente costaría mandar una transferencia tradicional, ya que se eliminan comisiones de intermedia- rios), minimizando la fricción y reduciendo la tardanza del punto A al punto B”, señala Arie Levy, experto en blockchain, la tecnología que habilita el funcionamiento de divisas digitales como Bitcoint.

Inversiones móviles

Como es natural, innovaciones como las descritas –que están ocurriendo o tendrán lugar pronto en prácticamente todo ramo del sector financiero– han puesto en alerta a la industria tradicional. Según el reporte de PwC, titulado Blurred Lines: How FinTech is shaping financial services, el 83% de los encuestados considera que compañías fintech independientes podrían arrebatarles parte de su negocio: más de una cuarta parte del negocio de banca y medios de pago y un quinto del negocio de seguros, gestión de activos y patrimonio están en riesgo para 2020.

No sorprende, por lo tanto, que los grupos financieros tradicionales hayan iniciado esfuerzos tanto para impulsar a emprendedores fintech (lo que abre la puerta a identificar startups que podrían integrarse a sus estructuras por medio de alianzas o adquisiciones) como para favorecer el desarrollo de emprendimientos incubados internamente, mediante personas conocidas como intrapreneurs.

Una muestra del último modelo es Piggo, una startup que ofrece acceso a certificados bursátiles y de deuda por medio de fondos de inversión, a través de un sitio Web y una aplicación móvil, lanzados hace más de un año y en noviembre de 2015, respectivamente. El proyecto fue desarrollado dentro de GBM Grupo Bursátil Mexicano, una firma financiera que administra inversiones y opera desde hace más de 35 años. GBM tiene casi 700 empleados y vale cerca de US$1,500 millones.

Piggo surgió de la evolución natural del área digital de GBM como la propuesta de la empre- sa para atender a los millennials o el segmento que hoy tiene entre 20 y 35 años (80% de sus usuarios están en ese rango de edad). La startup disfruta de lo mejor de dos mundos: por un lado, tiene la autonomía para tomar decisiones de manera flexible y crear su propia cultura empresarial; mientras por otro, goza del apoyo operativo, legal, financiero y en términos de mentoría que le proporciona el resto del grupo.

No deja de resultar cómico imaginar la sor- presa que causó a un grupo de ejecutivos de GBM vestidos de traje y corbata, el compartir el ascensor con un hipster en patines que formaba parte del equipo de la startup. Pero “ellos han entendido que GBM debía evolucionar y tener este frente más fresco para poder desarrollar- nos como empresa”, comenta Javier Martínez, director general de Piggo.

Y al parecer, la apuesta por este modelo está funcionando. Piggo ha atraído a más de 12,000 clientes mediante una propuesta que combina marketing en redes sociales, publicaciones en blogs, así como ebooks de educación financiera; una barrera de entrada baja (es posible invertir con sólo $1,000, sin cobro de comisiones); y un algoritmo que sugiere de manera automática cómo y cuánto invertir en función del monto y plazo establecidos.

En un país donde sólo existen dos millones de cuentas de inversión y menos del 1% invierte en la Bolsa, la edad promedio de sus usuarios es de 26 años y cerca del 75% de ellos está invirtiendo por primera vez a través de su plataforma.

De acuerdo con varias fuentes consultadas, las startups fintech deberán superar varios desafíos, especialmente en términos de seguridad y regulación, para efectivamente revolucionar el sector financiero. Si las inversiones que están recibiendo son algún indicador del potencial de su éxito, entonces el panorama de un sector que se ha resistido al cambio por décadas podría verse radicalmente distinto dentro de cinco años. Según Accenture, la inversión global en proyectos de este tipo se triplicó en sólo un año para alcanzar US$12,210 millones en 2014. PwC, calcula que dentro de los próximos tres a cinco años, la inversión acumulada en este tipo de compañías a nivel mundial bien podría exceder los US$150,000 millones.

El potencial es enorme, considera Joel Cano, de mexBT: “cuando volteas a ver temas de inclusión financiera y de capacidad de las empresas para resolver aspectos financieros, hay millones de problemas y en eso hay millones de oportunidades”, concluye.