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Cherry Cakes: igual que una rebanada de mango con queso

¡Emprender puede resultar dulce y divertido!, solo basta con visitar la pastelería Cherry Cakes para corroborar que la complicidad, experiencia y un toque de fina repostería pueden formar una gran empresa.
Cherry Cakes: igual que una rebanada de mango con queso
Crédito: Cortesía Cherry Cakes
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Mariana Meza Toriz y Ernesto Palacio Lezama son un claro ejemplo de que -aún en pareja- se puede emprender con éxito. Ellos son fundadores de Cherry Cakes, una pastelería muy in que, por cierto, este 12 de septiembre llega a su quinto aniversario.

Fortaleza a prueba

La idea de crear esta repostería fue de Mariana, quien es Licenciada en Gastronomía por el Colegio Superior de Gastronomía. Ella, a sus 30 años, ha demostrado su talante. Ejemplo de ello, fue el agresivo cáncer que libró a sus escasos 16 años. “A esa edad el doctor me dice que tengo cáncer. Fue muy fuerte, pero vencí”, narra.

Esa pasión por la vida y la gastronomía, la trae desde niña. “Con decirte que a los Reyes Magos les pedí mi hornito. A esa edad quería hacer todas las recetas”.

A Mariana la vida la marcó de distintas formas. “Sobre todo, cuando una prima reprobó un examen en la secundaria y su papá le dijo ´no te voy a ayudar´ y yo le dije ´no te preocupes vamos a hacer arroz de leche con fresa y lo vendemos´. A  todo mundo le encantó. Ahí me di cuenta que nací para esto”.

Al concluir sus estudios, Mariana abrió de día su negocio de hamburguesas y gourmet. Mientras que por la noche horneaba pasteles. Fue mamá quien frenó su agobiante rutina. “Ella me dijo: ´toma una decisión porque no puedes estar trabajando de noche y de día´”. Entonces, se decidió por la pastelería. Ahí notó que no era fácil pagar una renta. “Fue cuando le dije a mi mamá: ´préstame un cachito de tu casa´”, recuerda.

La media naranja

En ese instante de su vida, el destino le auguraba una grata sorpresa. “Conocí a Mariana al regresar de Playa del Carmen, Quintana Roo, donde hice prácticas profesionales. Fue amor a primera. Yo trabajaba en el ambiente de bares y restaurantes. Nos hicimos novios y como cada uno tenía su negocio, no teníamos tiempo para vernos. Entonces ella me dijo ´vamos a unirnos y a hacer sociedad´”, explica Ernesto.

Para el joven de 29 años y quien está por concluir la carrera de Dirección en Ventas en la UVM, los negocios son su fuerte. “Toda mi vida he visto a mi familia hacer negocios. Siempre vi a mí ser comerciante. Entonces a mí me llamó la atención lo mismo. Por eso me dije: ´bueno, si Mariana es con quien quiero formar una familia, qué mejor que formar un negocio con ella, que vayamos hacia el mismo lugar´”.

¡Qué dilema!

“¡Y la verdad no teníamos idea de lo que era una sociedad! Y, por lo tanto, no la hemos tenido fácil. Pero hemos sabido pasar esos bachecitos”, resalta Ernesto.

Al tomar esa decisión, Ernesto y Mariana se capacitaron en la Fundación ProEmpleo. “No teníamos recursos para algo más. Ahí, conocimos al coach empresarial Alfredo Culebro y quien también es uno de los socios de Bisquets Obregón. Eso nos cambió el chip”, rememora Ernesto.

Posteriormente, incubaron la empresa en el ITESM. “Fue un gran esfuerzo pagar esa incubadora pero valió la pena porque nos orientaron sobre la manera de obtener más recursos”, cuenta Ernesto. “Aunque también anduvimos sobre el Inadem y la Secretaría de Economía. Hasta que un amigo nos mandó a la delegación Gustavo A. Madero donde conseguimos un préstamo de 100 pesos para nuestro horno”, completa Mariana.

Prestigio ganado

Sin embargo, urgía tener mayor presencia. Por eso, Mariana y una amiga rentaron un stand en la expo del Palacio de los Deportes. Posteriormente, en el World Trade Center.

“De esa manera nos posicionamos y remodelamos el taller porque ya teníamos más ingresos. De ahí, nuestro crecimiento fue exponencial y así vino el primer punto de venta en La colonia Lindavista”, dice Ernesto.

Gracias a su esfuerzo, ocho meses después, la pareja requería más espacio porque la maquinaria que usaban ya no cabía en el garaje de los papás de Mariana. Y al tener un dinero extra y gracias a que no tenían tantos gastos, hicieron la inversión en un taller más grande.

Loable acción

Pero nada detenía el carácter emprendedor de esta pareja. “Y para compartir nuestra experiencia con otros emprendedores abrimos un salón de cursos para verano sobre repostería y gastronomía. “Le llamamos Cake Business. Ahí juntamos nuestras capacidades. Yo amo el mundo de los negocios; invertir, medir los riesgos, hacer estrategias de mercado y Mariana es creativa y tiene el don de hacer que su comida guste a la gente. Eso queremos compartir con los demás”, comenta Ernesto.

Planes

Y a punto de soplar cinco velitas, ambos califican a Cherry Cakes como su plan de vida y la oportunidad de poder impulsar la economía mexicana. “Por eso -interviene Ernesto- estamos a punto de franquiciar a Cherry… con una consultora que impulsa a empresas como Fisher y La Mansión. Queremos expandirnos. Pero no queremos adelantarnos. Ya tenemos lugares donde podríamos tener nuevas aperturas por el sur de la ciudad de México. Después, otros estados y quizá Los Ángeles, EU, donde hay comunidad latina”.

Como si fuera para ti

¿Cuál es la fórmula de su éxito?, se le cuestiona a Mariana. Y no duda en responder: “Que hacemos las cosas como si fueran para nosotros. Así como es de especial un evento, así de especial debe ser el pastel”.

Y sin preámbulos remarca: “Esto es como la magia, llega un momento en que dices ´ya no quiero´, y quieres tirar la toalla, pero al final, los recursos salen. ¡Nosotros empezamos solo con una mesa de madera! Entonces, cuando quieres no hay límites. Vayan por lo que quieren”.

Y Ernesto añade: “nunca dejen de soñar. El éxito es la realización progresiva de un sueño. Hagan lo que sea, pero sean los mejores”.