Comunicación Organizacional

Cómo anular a las 3 peores "bacterias" de la comunicación organizacional

Existen "vacunas" que puedes aplicar en tu negocio para evitar que los chismes, malos entendidos y los dobles mensajes se apoderen del ambiente de trabajo.
Cómo anular a las 3 peores "bacterias" de la comunicación organizacional
Crédito: Depositphotos.com

Todos sabemos que uno de los problemas más insistentes y posiblemente más complejos de resolver es el de la mala o defectuosa comunicación en nuestra empresa. Así, aparecen ejemplos de todo tipo: “No me avisaron”; “El jefe nunca se entera de nada”; “Dicen una cosa pero después hacen lo contrario”, o bien, “Me dijeron que nos mudábamos a un lugar más grande y al final no pasó nada”, solo por citar algunos.

En mi experiencia, encuentro que los más potentes enemigos de una buena comunicación son tres: Rumores, Dobles mensajes y Malos entendidos. Y si tuviese que agrupar estas especies de “bacterias”, no sería arriesgado decir que juntas conforman “La peste comunicacional”.

Acerca de la primera “bacteria”, los rumores, podrían ser definidos como percepciones que se difunden como realidades observables pero al mismo tiempo imposible de ser comprobadas. Para continuar con la metáfora, analizando su estructura molecular digo que su capacidad para infectar rápidamente se debe a que cuenta con un componente racional de verosimilitud (es creíble) y posee un aspecto emocional capaz de impactar en las fibras íntimas del oyente, a tal punto que genera la necesidad de transmitirlo a un tercero.  Como muestras: “Parece que si no subimos el nivel de ventas, van a despedir a alguien”; “Escuché que se viene un jefe nuevo con un carácter de perro” o “Hay un descalabro financiero y no se sabe si van a poder pagar los aguinaldos”.

Luego, se encuentran los dobles mensajes. Su ADN indica que están conformados por dos cadenas opuestas una de la otra, pero, ¡atención!, una es lo que se dice y otra lo que se escucha. Quien emite este particular mensaje, determina en el oyente un malestar directo porque lo que éste escucha es totalmente diferente a lo que el otro dijo y por lo tanto, no sabe a qué prestarle atención: si a las palabras o a la intención de su interlocutor. Un clásico ejemplo de esto sería el del supervisor diciéndole a su colaborador: “Haga el trabajo como usted quiera, que al final lo evaluaremos por los resultados”. Si el empleado sabe que este jefe es más autoritario que demócrata, entenderá tal mensaje como lo contrario: “Si usted lo hace a su manera, deberá atenerse a las consecuencias”.

Tercera, pero no por ello la más benigna de las bacterias, los malos entendidos. Aquí, uno nunca puede estar ciento por ciento seguro de que, efectivamente, no hubo malas intenciones de ninguna de las dos partes y que ambas tropezaron por así decirlo. Alguien habla y el otro comprende algo distinto. Por ejemplo, un compañero de trabajo te dice: “Necesito que le digas al nuevo (refiriéndose a Juan) que deje de llegar tarde los lunes”. Tú le llamas la atención a Francisco, equivocándote de persona, porque desconoces que Juan ingresó un mes después que Francisco .Otro ejemplo es cuando el jefe envía un correo diciendo: “La reunión de hoy será solo con el personal del área Ventas”. Al momento de asistir a la misma, aquel se disgusta porque hay muy pocas personas. Pregunta la causa de ello, y le responden que los analistas no concurrieron porque entendieron que pertenecen al área de administración y no de ventas. 

Ante el avance de estas enfermedades, propongo tres antibióticos efectivos y con la capacidad cierta de anular estas bacterias: 

1. Analógicos: No descuidemos estos métodos por antiguos porque siguen demostrando en la actualidad su plena validez. Con este nombre hago mención a las carteleras, tablones de anuncios y todo tipo de publicaciones internas.

2. Luego, sugiero prescribir “medicinas” Digitales. Es claro y comprobable cotidianamente el poder de engagement que tienen las redes sociales. Aprovechémoslo y utilicémoslas a nuestro favor, comunicando con claridad lo que la empresa pretende que sus colaboradores conozcan. Facebook, Twitter y los grupos de Whatsapp van a la delantera.

3. Finalmente, lo que denomino “remedios” Conversacionales, cuya capacidad curativa radica en los encuentros cara a cara entre personas. Así, los desayunos de trabajo y reuniones (formales o no) aportan un escenario privilegiado para que una comunicación transparente, honesta y asertiva encuentre el marco propicio para desarrollarse. Somos humanos y necesitamos el matiz cálido del diálogo que las anteriores herramientas carecen. Encontrémonos con el personal y digamos de manera franca aquello que la Compañía indique y los empleados necesiten saber. 

En resumen, si queremos convertirnos en verdaderos Agentes de Salud para una Comunicación Organizacional saludable, necesitaremos involucrarnos constantemente y generar estos mecanismos, indispensables para prevenir la aparición de estas epidemias.