Vida emprendedora

Cómo ser emprendedor y no morir en el intento

"Me llamo Roberto y soy emprendedor. Llevo 24 horas sin perder la cordura". ¿Te suena familiar?
Cómo ser emprendedor y no morir en el intento
Crédito: Depositphotos.com

Si has pensado en poner un negocio, una empresa o simplemente independizarte del viejo trabajo que te encadena al escritorio Godín, seguro te interesará conocer un poco más del ecosistema del emprendedor. Y por supuesto, uno de los primeros pasos es pensar cómo comenzar. Esto lo puedes hacer tanto en la soledad de una cafetería o en un largo paseo por tus calles vecinas o bien mientras ves una mala película en el cine. Tal vez la idea te llega al despertar de la pesadilla de ir a la oficina que odias, al trabajo que detestas y con el jefe que no toleras.

El emprendedor mexicano, en estos tiempos de millenials, tiene muchas más posibilidades para comenzar su proyecto si tomamos en cuenta la gran cantidad de información disponible, los apoyos gubernamentales, las entidades que apoyan a las ideas nuevas, los fondos de inversión, las comunidades de redes sociales para emprendedores, las revistas dedicadas a este tema (como Entrepreneur) y muchas otras cosas más que hacen que la tarea, si bien es igual de difícil, sea menos solitaria.

Por ello, el ecosistema emprendedor muchas veces funciona como un grupo de autoayuda como otros muchos que te hacen sentir acompañado en el difícil camino que tienes enfrente. Así como existe un programa de 12 pasos para evitar caer en la tentación de esa copa de vino o un programa para no recaer en depresión o bien un programa para poder superar el duelo de la muerte de un ser querido, también existen momentos por los que atraviesa cualquier emprendedor que te harán sentir el calorcito de no estar solo en esta batalla. Por eso, aquí te dejamos 6 pasos por los que todo emprendedor transita:

1. Confianza: decidiste dar el salto hacia una nueva vida y comienza finalmente tu proyecto. El primer día existen ciertas dudas pero el sol brilla en tu rostro y nadie puede detenerte hoy. Te quieres comer el mundo y decides aprender lo más posible de otros para no cometer los mismos errores. Consultas toda la base de artículos de Entrepreneur, revisas las convocatorias de INADEM y empiezas a entender más o menos qué es eso de las incubadoras, aceleradoras, fondos de inversión, crédito PyME, etc. Haces tu modelo Canvas, defines tu misión, tu visión y los valores que deseas imprimir en tu proyecto y finalmente tu Plan de negocios comienza a tener forma. Consultas datos con proveedores, decides entre las mejores opciones, defines canales de venta, planificas qué fuerza de trabajo necesitas, determinas precios y sobre todo, haces tus proyecciones. Prevés un primer año difícil pero tu producto se venderá solo por lo que proyectas que el segundo año, tendrás un crecimiento exponencial y mantendrás la tendencia por los próximos 5 años.

“Esta es la mejor decisión que he tomado”.

2. Duda. No existen momentos que carezcan de incertidumbre cuando comienzas un proyecto por lo que la duda será perenne e inherente a tu nueva vida. Dudas de si todo lo que hiciste en el paso 1, fue correcto y buscas opciones para reforzar tus proyecciones. Justificas que la vida muchas veces funciona gracias a prueba y error en vez de contar con planes estrictos. Y por supuesto, ajustas todo aquello que piensas que puede salir mal o que ya notas que no está saliendo de acuerdo a lo planeado. Piensas que ya has invertido suficiente tiempo para no dar marcha atrás pero sabes que podrías, si realmente se pone fea la cosa, regresar al trabajo que odias y con el jefe que no aguantas. Confías en tu proyecto sin embargo cuentas, muy en el fondo, con una red salvavidas que te puede regresar a tierra segura. Quieres descubrir América pero sabes que en el Puerto de Palos te espera una comida caliente y un buen vino si lo deseas.

3. Frustración. El barco hace aguas y poco a poco el proyecto comienza a perder velocidad. Las deudas se incrementan y los ahorros disminuyen drásticamente. Pedir créditos o ayuda a la familia se convierte en una actividad rutinaria y estás seguro que pudiste haber hecho algo mejor desde un inicio. Tal vez no te habrías embarcado en la aventura si hubieras sabido todo lo que sabes ahora. Y te frustra que a pesar de dar la vida por tu proyecto, no logras llegar a ese lugar en que soñaste cuando todavía estabas pletórico de confianza. Tu escapatoria para este momento se ha quedado atrás. Tienes demasiado invertido en tu proyecto y lo único que te queda es caminar a obscuras y esperar que no haya témpanos de hielo que te terminen de hundir porque las proyecciones no cuadran con la realidad.

En Excel, todos somos ricos

4. Desesperación. Se acabó el agua y la comida que guardaste en tu mochila cuando decidiste ir al desierto para vivir una aventura. Solamente hay arena y sol frente a ti y sabes que para donde mires, habrá nuevos dolores y pesares. Sabes que no puedes hacer nada sino continuar andando en espera del milagroso oasis. Entiendes tu situación y miras atrás en el tiempo cuando la vida era feliz y tenías un sueldo mensual seguro. Ahora no hay salida. Y estás seguro que tampoco puedes volver atrás al vacío.

5. Aceptación. Te miras y sabes que has hecho todo lo que has podido. No quedan fuerzas en ti porque lo has dado todo. Sabes que no te puedes recriminar nada y que la vida es mucho más fuerte que tú. Aceptas lo que venga a ti y dejas de preocuparte por esquivar las piedras en el camino. Entiendes que no todo depende enteramente de tu voluntad y aceptas el destino y la providencia. Aprecias tus errores y agradeces el aprendizaje que te dieron. Quemaste tus naves para buscar la gloria y no queda otro camino que el seguir adelante.

6. Superación. En la sorpresa de una mañana, miras un pájaro que vuela junto a tu barco. Observas reflejos de luz que rompen la obscuridad de la noche a la lejanía y te das cuenta que todo puede terminar pronto. Después de todo lo que has pasado, un poco más de dolor ni siquiera importa porque finalmente habrás llegado a donde querías. Comienzas a ver los frutos de tu aventura y llega a tu boca el dulce sabor de la victoria de la lucha que tuviste contra tus propios demonios, contra el mundo y contra todo aquél que te dijo que poner un negocio es tremendamente difícil. Después de mucho esfuerzo, caen las gotas de lluvia que reavivan cualquier sed. Los clientes llegan y tu empresa realmente toma, ahora sí, su camino.

Este es tu momento y por fin, has llegado.