Liderazgo

Jefes, líderes y mentores: la diferencia del empoderamiento

"Después de 12 años de haber tenido jefes, me convertí en líder. Aquí mis aprendizajes."
Jefes, líderes y mentores: la diferencia del empoderamiento
Crédito: Depositphotos.com

Todos en nuestra vida laboral hemos tenido que reportarle a alguien. Y no sólo eso, algunos otros, hemos tenido la oportunidad de (lo que yo considero un privilegio) tener gente a nuestro cargo. Ambos lados nos dejan mucho aprendizaje si se decide tomarlo con filosofía y apertura.

En mis más de 12 años de trabajo he tenido jefes de todo tipo, desde el tipo jovial que te escucha con paciencia (mismo al que le tienes admiración y confianza), hasta aquel que te avienta las propuestas en la cara y hace que termines odiando el trabajo que en su momento te emocionó tanto.

Considero que uno de los criterios fundamentales que debería tener Recursos Humanos al momento de poner a alguien a cargo de un equipo, lejos de su experiencia profesional, es su nivel de inteligencia emocional, ya que de ésta dependerá mucho el crecimiento de los resultados del área.

Por supuesto, bajo el ojo subjetivo y ególatra de nuestro juicio todos nos consideramos buenos colegas, colaboradores y por supuesto líderes. Pero a decir verdad, se necesitan varias características que se van forjando con los años para convertirse en un buen jefe, después en un líder y finalmente en un mentor.

Una vez que nos ponen a cargo de un equipo somos jefes: liderazgo impuesto por la empresa con respecto a la trayectoria que hemos obtenido con el tiempo. En los primeros años de este cargo se aprende mucho. He aquí algunos de los retos.

1. El primer reto es generar un ambiente de comunicación y confianza. Conocer los talentos y la personalidad de cada uno de los integrantes de nuestro equipo para sobre ello identificar maneras de entablar asertivas conversaciones y metas según las diferencias que encontremos en cada una de las personas que están a nuestro cargo. No todos somos iguales por ello la importante de esta diferenciación.

2. Muy a pesar de la afinidad que podemos encontrar en algunos de los integrantes del equipo, no es sano que el jefe muestre marcada inclinación por alguien. Tener un consentido es una bomba de tiempo de celos y envidias para con el resto del equipo.

3. Premisa básica: jamás se exhibe a un subordinado ante el equipo. Si incurrió en alguna falta, en privado se le deberá llamar la atención. Mientras que las victorias y el reconocimiento deberán ser públicas. Esto dará empoderamiento y confianza no solo al jefe sino también al resto de los participantes.

Por otro lado, para pasar de jefe a líder, las condiciones se vuelven más retadoras pero también más gratificantes.

4. A diferencia de un jefe, el líder no solo se involucra con los objetivos del área sino que se compromete. Es decir, tiene la capacidad humilde de sentarse con los miembros, entender las problemáticas que enfrentan y tratar de orientarlos para llegar a mejores resultados.

Esto se hace evidente cuando el mismo jefe no sabe qué están haciendo sus empleados.

El líder, en cambio, sabe en qué están trabajando, las dificultades de ello y les otorga la confianza de tomar decisiones gracias al coaching que han recibido de su parte.

5. Uno debe convertirse en el líder que le gustaría tener. Una manera de aprender esto es preguntarnos si estamos trabajando o tratando a nuestros subordinados como nos gustaría ser tratados.

Esa es la medida más estable y sincera de si en verdad lo estamos haciendo de la manera adecuada.

6. Si hemos logrado pasar la barrera de jefes a líderes es notorio, algunos de los indicadores son: la gente se acerca a pedirnos consejo aunque ya no trabajen en nuestra área.

Además, si alguien tiene oportunidad de elegirnos para trabajar nuevamente y lo hace, el objetivo está logrado.

Para trascender a una mentoría se necesita aún más experiencia y sabiduría, es esa la verdadera maestría de la jefatura al liderazgo y la trascendencia con la gente.

7. Los mentores son aquellas personas que nos inspiran, que además nos parecen ejemplos a seguir. Son a quienes recurrimos como modelos de vida.

8. Los mentores también han transitado un largo camino, regularmente tienen respuestas serenas, respetuosas y empáticas que buscan el bienestar no sólo del equipo, sino también de la compañía y de la sociedad en general.

9. Un mentor a diferencia del resto, se forja con los años, con la experiencia, con la afinidad, con el conocimiento de las personas. Entendiendo que estás siempre  son más importantes que las causas ("duro con el problema, suave con las personas”).

Este artículo está dedicado a mi mentor de vida, a quien en admiro y respeto por la confianza y fortaleza que ha inspirado en mí y a quien acudo para que vuelva a poner en mis manos la brújula de vida que en ocasiones extravío.