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El laberinto de la soledad… del emprendedor

"Es más fácil morir de soledad que de fracaso". Tal vez el emprendedor sea por lo mismo una especie de Pachuco dentro del mundo de los millenials.
El laberinto de la soledad… del emprendedor
Crédito: Depositphotos.com
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La búsqueda de la identidad es quizás el desafío que consume más fuerzas cuando uno decide emprender. No importa si trabajas para una empresa, si eres freelance, si estás apenas saliendo de la universidad o si ya tienes mucha experiencia como emprendedor, siempre te encontrarás buscando satisfacer un sentido de pertenencia para poder alejarte de la soledad, en la que todos nos encontramos en el día con día de nuestras rutinas de pagar a proveedores, hacer presentaciones, tener pitches a inversionistas, etc.

Octavio Paz habló en el Laberinto de la Soledad de los Pachucos como una muestra de cómo el mexicano busca pertenecer a una idiosincrasia distante, diferenciándose de una raza y alejándose de una sociedad, escondiéndose de ella pero al mismo tiempo siendo el representante de esta dentro de otro contexto. Y tal vez el emprendedor sea por lo mismo una especie de Pachuco dentro del mundo de los millenials.

El emprendedor se aleja del trabajo tradicional de horario fijo para poder tener un poco más de libertad, sabedor de antemano, contradictoriamente, que la anhelada libertad tiene un costo mayor al emprender un negocio. La soledad del emprendedor surge entonces al aislarse de la sociedad tradicional de fases donde la número uno es estudiar una carrera, la dos es el conseguir un trabajo y la tres es casarse, tener hijos y morir felizmente.

En contraste, el emprendedor se obliga a separarse del mundo de rutinas, del tráfico y de jefes para poder pertenecer a otra sociedad; una llena de incertidumbre, de domingos de trabajo, de clientes, de facturas y de soledad. Ahora bien, al mismo tiempo, esta nueva sociedad de emprendedores es una en donde cada integrante se siente diferente y único a los demás, independiente y totalmente libre. O por lo menos, así sueña con serlo. Emprender es por ello un proceso en que simultáneamente se deja un mundo de grupos laborales y gremios para integrarse en un mundo de individuos que comparten miedos y conflictos. Este es un proceso en donde el emprendedor se alegra de lo que dejó atrás y teme por lo que viene; sintiendo, curiosamente, un orgullo por la fragilidad en la que vivirá durante los próximos años. Aquí la sociedad de fases queda completamente atrás para el emprendedor.

Y el mundo de los emprendedores y empresarios también está lleno de máscaras, siguiendo las ideas de Octavio Paz. Son todas estas máscaras las que esconden todo lo que tiene que atravesar el emprendedor para lograr la siguiente venta. El emprendedor usa diferentes máscaras en día a día como por ejemplo, la máscara que se pone frente a sus proveedores si el cliente no paga sus facturas a tiempo o una máscara, al no darse uno un sueldo, para tener buena cara frente a la familia. Y si el negocio no va bien, el emprendedor requiere tener una máscara disponible con la que genere confianza en los empleados aun en tiempos tormentosos.

Cabe decir que estas máscaras no son solamente son usadas para maquillar o disfrazar una situación. Hay también máscaras de las que huye el emprendedor como la máscara del ser-nadie (un don nadie) y del ser-ninguno porque son ellas las que le hicieron dar el salto hacia terrenos menos explorados. Y también es gracias a ellas que el emprendedor celebra los pequeños éxitos como lo son el registrarse en el SAT o el constituirse después de batallar con un notario por 3 meses. Y es gracias a esas máscaras con las que uno puede sobrevivir la aceptación del tan cotidiano fracaso, tan común como la muerte y las catrinas a comienzos de noviembre.

“Al buen entendedor, pocas palabras", diría Paz

Son todas estas máscaras del emprendedor las que lo hacen tratar de ser diferente de aquellos que prefieren la certeza de un sueldo, pero también de aquellos que han emprendido un negocio. El diferenciarte, con otra máscara, es lo que hace que tu empresa sea única en un mercado congestionado de productos similares e ideas comunes en donde el mejor precio y la mejor calidad han dejado de ser las únicas categorías o atributos de valor en los mercados del siglo XXI.

Y es esta soledad del ser-único también la consecuencia de un fatalismo económico que obliga a miles de personas a buscar mejores oportunidades y empleos más dignos emprendiendo. Por esta razón no son solo máscaras sino también fantasmas al más puro estilo de Comala los que acechan al emprendedor recordándole sus pecados. Son los fantasmas con los que habla Juan Preciado que hacen que el emprendedor recuerde su vida anterior, en su rutina, los que hacen que éste siga diariamente buscando nuevas ventas y mejorando su modelo de negocio, tratando de llegar a la famosa aceleración y dejar la incubación de una vez por todas. El emprendedor se pone la máscara para reclamar a Pedro Páramo un legado que le facilite la tarea de comenzar una empresa, lo cual podrá ayudarle para tener finalmente una identidad de emprendedor.

Además de estos fantasmas, la identidad del emprendedor se genera gracias a la cultura y el momento histórico en que vive. La identidad del emprendedor es el yo y mi circunstancia, siguiendo las palabras de Ortega y Gasset en su libro Meditaciones del Quijote, en la que “si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Y la circunstancia de cada emprendedor es tan única como lo es su proyecto, sus ambiciones y sus conflictos. La identidad del emprendedor se genera de diferentes fuentes que por un lado desembocan en un ecosistema emprendedor que poco a poco se consolida en México y en Latinoamérica y que al mismo tiempo tropieza y cae.

Dentro de este ecosistema, el emprendedor disfruta de rodearse de otros emprendedores y se enorgullece de su identidad pero sueña con dejar de serlo para llegar a ser empresario y finalmente poder tener un salario fijo, una oficina o una rutina fija, clientes constantes y todo aquello que dejó cuando decidió convertirse en emprendedor. Es quizás en este momento en que se da la vuelta al laberinto de la soledad de la que nos habló Octavio Paz.