Marketing

El amor a la empresa en los tiempos del Tinder

Todo cambia con el tiempo. Y las empresas a las que somos fieles se van adaptando a lo que la gente busca. Entonces, ¿cómo hacer que tu marca sobresalga de todas las demás dentro del marketplace llamado mundo?
El amor a la empresa en los tiempos del Tinder
Crédito: Depositphotos.com

-¿Tindereas?

-No, yo soy más a la antigua.

-¿Entonces, cómo ligas?

-Ah, en el antro

Una de las infografías más comunes que se ve en las conferencias de negocios y en general en el ecosistema emprendedor es aquel que dice que Uber, siendo la empresa de taxis más grande del mundo, no cuenta con un solo vehículo; Alibaba, siendo el retailer más grande del mundo, no cuenta con inventario. Y así sucesivamente con Airbnb con relación a habitaciones y Facebook en creación de contenidos. A esta lista, creo podríamos sumar indudablemente a Tinder como el matchmaker con mayor número de parejas o encuentros sin tener a ninguna persona realmente en un catálogo.

Todas estas empresas que han irrumpido los nuevos mercados tienen algo en común, además de enormes ventas: revolucionan el mundo de una u otra forma. La irrupción de Tinder es al cambiar muchas de nuestras formas sociales de interactuar sin importar si las personas se encuentran a 50 metros de distancia o si viven en Sídney, Singapur o Ushuaia. La irrupción es ahora todavía más evidente al convertirse en estos días en un referente constante para películas o series, y por supuesto para las conversaciones diarias de todo grupo de amigos.

Hay historias muy llamativas de cómo Tinder ha cambiado la vida de muchos para mejor y también, sin lugar a dudas, hay historias que terminan con la famosa frase: “…y decidí cerrar Tinder porque vi que no era para mí”. Hace unos años, el online dating levantaba cejas a toda persona, repleta de dudas y escepticismo, pero en cambio, esta app (y otras que la acompañan) ha logrado situarse cómodamente para contar historias de una sola noche, de largo romance, de aventuras en la noche social, de dates fracasadas, de citas con mucha química, de citas para ser solo amigos y citas que dan muchas otras posibilidades. 

Pero este cambio en la sociedad no viene exclusivamente por la llegada de una app. Ya desde hace alrededor de 10 años conocí a una pareja que se conoció por internet. No sé cómo comenzó dicha relación, pero lo que sí sé es que tardaron más de dos años en conocerse en persona. Hablaban diariamente por dos años gracias a MSN, a HI5, a Skype y hasta imagino, todavía existía algún remanente de ICQ. Él era uruguayo y ella de Tailandia. En ese mismo año, conocí a otra pareja que innovaba en el romance virtual. Ella era australiana y él mexicano. En este segundo caso, ella, sin haber conocido en persona a su novio, decidió venir a México a encontrarlo y, en el mismo, mudarse para vivir con él.

No sé qué ha sucedido con estas felices parejas pero lo que recuerdo es que en cada conversación que nacía entre amigos, alguien los interrogaba con la incredulidad de quien conoce por primera vez un vegetariano, a un alérgico al queso o a alguien que no le guste el cine. Al parecer, la extrañeza de no entender al otro, en vez de ocasionar un proceso de empatía, genera un sentimiento de incomprensión y desconfianza acompañado con preguntas del tipo “¿Cómo haces para no comer carne?”, “¿De dónde sacas tus proteínas?, Yo intenté dejar la carne una semana pero comía pollo, y no pude seguir…”, “Podría dejar la carne pero nunca el queso”, “¿No lo extrañas?”, “¿No te gusta el cine o ver películas?, ¿entonces qué ves en Netflix?...”

Ahora en el 2016, casi no hay conversación de esas que se disfrutan con un mezcal en la mano en donde no surja el tema de las parejas, del Tinder y de las citas. La situación con todos aquellos que tenemos más de 30, y no estamos casados, es que conocer personas se hace cada vez más difícil ya que solo va quedando el trabajo como lugar social. Por lo mismo, cada vez tomamos más clases o cursos o nuevos hobbies, bajamos apps o bien seguimos saliendo a bares para conocer gente. Esto, sobre todo si eres soltero o soltera.

Cambio de chip

“Una de las peculiaridades de Tinder es que tiene un proceso similar al que tuvo (o tiene) el cambio desde en la reproducción de música desde  los medios físicos al mundo digital.” 

Vi el año pasado a una persona cambiando un CD en su discman, a mitad de la calle, y solamente faltó que muchos mirones le sacásemos una foto para el recuerdo. Y aunque sigan las ventas en DVDs, Blu-rays y CDs, cada vez es más común que el medio físico en donde reproducimos nuestra música deje de ser relevante para pasar a plataformas como Spotify, Apple Music o simplemente prefiramos guardar nuestras queridas colecciones de MP3 en la nube en vez de tenerlas físicamente. 

Todo cambia con el tiempo. Y las empresas a las que somos fieles se van adaptando a lo que la gente busca. También, sin lugar a dudas, generan tendencias y esperan revolucionar el mercado como lo hizo el iPhone en sus días, el iPod un poco antes, Uber, Netflix, Amazon, Starbucks y McDonald’s en tiempos pasados. Y precisamente en esta relación del cliente con las empresas es donde Tinder se parece al mercado actual del mundo. 

La fidelización con la empresa ya desde hace tiempo es frágil y en estos momentos lo es mucho más. Ahora, un swipe left depende enteramente de si la empresa que seguimos no reacciona a un documental, o si apoya a un candidato a la presidencia o si sube sus precios de manera engañosa. La cantidad de empresas disponibles con oferta similar es tan amplia en el nuevo siglo que podemos fácilmente hacer Swipe right o un cambio de empresa como quien cambia de calcetines.

Esto no quiere decir que en otras épocas todo era mejor que ahora. Las razones de antaño para cambiar de marca seguramente eran tan irracionales como lo son ahora puesto que no cambiamos de marca únicamente por razones de precio o calidad sino que existen muchos más atributos que influyen en nuestras decisiones. En otras palabras, también es nuestra voluntad y no solo el raciocinio, la que prefiere un Windows phone sobre un Android

Tinder, por todo ello, es una muy buena representación de la fragilidad que existe en la relación cliente-empresa en el mundo de los millenials. El cliente en este siglo vive dentro de un mundo lleno de posibilidades de productos y servicios, de empresas que así como nacen día con día, mueren un día sí y al otro también. 

La paciencia en las relaciones se ha ido agotando quizás porque sabemos que si una horma de zapato no es la indicada, habrá otras muchas oportunidades. Ahora, en nuestra cultura occidentalizada para encontrar nuevos zapatos (metáfora para nuevas marcas) basta con un swipe right. Y esta no es una apología en contra de la teoría del descarte como la nombró el Papa Francisco sino más bien esta es una consecuencia de nuestra frivolidad como sociedad, de la amplitud de oportunidades que tenemos frente a nosotros cada día, de la poca solidez afectiva y de compromiso que se vive ahora y de la deficiencia de paciencia y esfuerzo que padecemos. 

Usar Tinder es entonces casi un caso análogo como ir a un centro comercial en donde nos gusta tener cientos de opciones disponibles antes de decidirnos por una prenda de ropa en particular. Y en este sentido en donde se genera un círculo vicioso al tener 30 0 40 marcas de cereal en un supermercado además de contar, en el mismo inmueble, un banco, un café, productos gourmet, langosta viva y otras mil cosas que pueden también pasar como frivolidades del mundo en que vivimos. ¿Es en verdad necesario contar con 15 diferentes marcas de arroz o podríamos sobrevivir con solo 3? 

Por todo ello, de igual manera que como haces en Tinder, haz todo lo posible para que tu marca sobresalga de todas las demás dentro del marketplace llamado mundo; que las fotos que uses (tus atributos de valor) sean tan llamativas como para lograr que la persona lea tu perfil y si todo sale bien, tengas match con un nuevo cliente en pocos días. Y no sé, quizás hasta logres una feliz relación de largo plazo. Boda incluida.