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Los emprendedores que quieren paneles solares para todos

Yusuf Jacobs y David Perlo dirigen Vitaluz, un servicio que permite hacer recargas por horas, días o semanas para llevar energía eléctrica cientos de hogares en el país.
Los emprendedores que quieren paneles solares para todos
Crédito: Yusuf Jacobs y David Perlo dirigen Vitaluz / Nancy López
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Hace dos años, Yusef Jacobs estudiaba Ingeniería Física en la Universidad Iberoamericana. También tenía un empleo que consistía en desarrollar hornos no contaminantes y visitaba comunidades rurales donde detectó una necesidad: familias sin electricidad que iluminan sus hogares con velas, lámparas de queroseno y de pilas, generadores de diésel y alternativas dañinas para la salud y el medio ambiente.

Este hecho lo inquietó. Así que se dio a la tarea de investigar cuántas personas en México no contaban con servicio de energía eléctrica: tres millones en 2014, según el Inegi. Sin embargo, lo que más le impactó fue saber el gasto promedio de una casa por usar generadores de diésel: entre $800 y $1,000 por cinco focos, televisión o radio.

“Es más de lo que se paga en una zona residencial, con refrigerador, aparatos eléctricos, etc. Se me hizo algo irónico, triste e injusto”, dice Yusef.

Él estaba seguro de que podía diseñar un sistema sencillo de energía solar que por lo menos tuviera tres focos y fuera mucho más barato. Hizo el primer prototipo en una caja de galletas y se lo presentó al dueño de la empresa en donde trabajaba; a quien le encantó la idea e invirtió en el proyecto. Tras un periodo de pruebas y errores, en marzo de 2016 Yusef dio vida a Vitaluz.

Bienvenidos socios y aliados

Esta startup resuelve un problema real de manera innovadora. Por eso, está marcando pauta y ha ganado premios desde que era un proyecto. Dos en 2014: Certamen de Emprendedores de la Ciudad de México y el Concurso de Emprendimiento de la Universidad Iberoamericana. En 2016, conquistó: el Premio Innovación Sustentable Walmart; el programa de aceleración New Ventures StartUps; el tercer lugar del Premio al Estudiante Emprendedor, de Entrepreneurs’ Organization, por el cual recibió $35,000; y el Premio Grávita a la Arquitectura Disruptiva en México by Gifted Citizen.

Durante este último, Yusef conoció a David Perlo, quien era parte del jurado y ahora es su socio. “No dudé en ser parte de Vitaluz al ver la dedicación de Yusef cuando lo acompañé a una comunidad y al darme cuenta de cómo el sistema sí les cambia la vida a las personas. Les brilla su cara de felicidad cuando ya tienen electricidad”, comparte David.

Una vez graduado en mayo de 2016 –con la aceleración en New Ventures concluida y su nuevo socio– la prioridad de Yusef era conseguir financiamiento o hacer alianzas. Para lograrlo, los emprendedores estaban dispuestos a tocar el mayor número de puertas en el menor tiempo posible.

El primer nombre en la lista era Guillermo Jaime Calderón, fundador y presidente de MIA, una compañía que construye y financia 5,000 casas al año en zonas rurales. “Cuando lo conocí en New Ventures pensé: quiero que sea mi socio”, recuerda Yusef. Todo salió bien y aceptó la sociedad, donde se da una sinergia perfecta en la que MIA edifica los hogares y Vitaluz les pone electricidad.

En busca del modelo perfecto

¿Quién habría imaginado que, en una zona marginada y lejos de la urbanización, sería posible comprar recargas de energía solar en una tienda de abarrotes? Con Vitaluz es posible. En los hogares la empresa instala gratis un equipo portátil con panel solar y focos LED.

Después, en la miscelánea de la comunidad se venden recargas de electricidad por hora, día, semana o mes. Esto a través de una app que no necesita Internet para operar. Una vez adquirido el tiempo, el sistema arroja un número que debe ingresarse para liberar la electricidad.

Para que un equipo de Vitaluz sea instalado en una población, se deben reunir: al menos a 20 familias; a un sol, es decir, al dueño del comercio donde se venderán las recargas; a un técnico en mantenimiento; y a cinco embajadores que animan a la gente a contratar el ser- vicio, explica Yusef.

Actualmente, Vitaluz da servicio a 272 familias en más de 15 comunidades en la Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo. Ha creado 60 empleos como soles, embajadores y técnicos electricistas. En promedio aho- rra a una familia $400 al mes y reduce alrededor de 400 kilogramos de bióxido de carbono (CO2) durante el mis- mo periodo. Además, tiene 100 hogares en lista de espera.

Son tres tipos de sistemas o equipos los que instala: el básico sustituye velas y lámparas de queroseno con tres focos 3W que iluminan cinco horas y permite la carga de celulares. “Por tres cirios se gastan $10 al día, y con nosotros sólo $4; un ahorro del 60%”, asegura Yusef.

El siguiente es de cinco focos 3W, da cuatro horas y media o cinco y posibilita el uso de electrodomésticos y carga de celulares. Cuesta $247 mensuales en lugar de tener que gastar en un generador de diésel o gasolina que vale entre $3,000 y $4,000, más la compra de combustible cada mes en lo que se eroga $800 o $1,000.

Mientras que el tercer sistema aún no sale al mercado. Lo que sí se tiene ya definido es que cumplirá con todas las necesidades energéticas de un hogar: 10 focos 3W, de cuatro horas y media a cinco, y cualquier electrodoméstico incluido el refrigerador.

La venta de recargas permite financiar tanto el mantenimiento permanente como la reposición gratuita de baterías después de cinco años de vida útil. Por otro lado, el equipo se fabrica gracias a patrocinadores públicos y privados. De esta manera, Vitaluz no ha adquirido deuda con bancos hasta ahora.

Antes y después de la aceleración

New Ventures StartUps ha sido el reconocimiento que mayor impacto ha tenido en esta empresa. Esto no sólo por el dinero recibido ($100,000), sino por la aceleración que les brindó y los contactos, reconoce Yusef. De hecho, la entrada a New Ventures (una de las principales aceleradoras de empresas sustentables), generó una segunda etapa en la vida de esta startup. “Nos ayudaron a formalizar muchísimas cosas”, afirma el emprendedor.

Nancy Tinojo, analista del área de estrategia de negocios de New Ventures, dice que ha visto crecer a Vitaluz “llegaron con un prototipo, varios concursos ganados y una gran idea”. Sin embargo, casi no tenían ventas, por eso, les ayudaron a cambiar el modelo de negocio.

En un principio, Yusef pensaba fabricar y vender los sistemas de energía de contado. La propuesta no era viable porque el público meta no tiene la capacidad económica. Otra opción eran los microcréditos, pero el dilema era quién iba a otorgarlos y qué sucedería si no se pagaban, además implicaba que una persona debía ir a cobrar personalmente. Tampoco sabía cómo llegar a la comunidad y exponer el proyecto a los líderes. Ahora todo el proceso es muy claro; está definido cada paso.

“Todo emprendedor debe ser abierto y aceptar retroalimentación; Yusef ha llegado a donde está por estas cualidades. Asimismo, tiene mucha motivación interna y es muy activo”, asegura Tinojo.

Otra problemática que piensa atender Vitaluz es la de más de ocho millones de casas en México con electricidad informal. “Por el famoso ‘diablito’ la gente se cuelga del poste más cercano e invierte mucho dinero en toda la instalación. Ese es un problema que nosotros también queremos resolver con el equipo que ya tenemos”, explican los emprendedores.

Por lo tanto, las oportunidades de negocio para la startup son enormes. “Al democratizar la energía en todo el país no sólo apoyará a las familias que no tienen electricidad, sino también mejorará la calidad de los hogares que cuentan con este servicio, bajo óptimas condiciones”, señala Karime German, directora de operaciones de InvestoMex y quien también ayudó a la aceleración de Vitaluz en New Ventures StartUps.

El reto es seguir creciendo y hacerlo con paso firme y bien determinado, lección que aprendieron cuando instalaron su primer prototipo. “Fuimos hasta la Sierra Madre de Oaxaca, cuando en Xochimilco (en la Ciudad de México) hay casas sin electricidad. Después de un viaje de cinco horas en camión, unas tres horas en terracería y luego dos horas en burro llegamos a Llano Grande, y sólo traíamos un sistema. Fue un error, pero una gran experiencia”, concluye Yusef.