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Emprender con la vieja escuela

¿Cómo hacer que los nuevos negocios sean interesantes para aquellos emprendedores que ya nos llevan ventaja en el empedrado camino de crear un negocio y que saben un par de cosas más que los que apenas comenzamos? No es fácil.
Emprender con la vieja escuela
Crédito: Depositphotos.com

Quien diga que su negocio no se ha dado de topes contra la vieja escuela está mintiendo. Están en todos lados. Vamos, hay quienes se tienen que conseguir un vendedor o un contador de otra generación para que su negocio se mantenga. Y el problema no es que tenemos que admitir que necesitamos de otras generaciones u otro tipo de profesionistas experimentados para hacer que nuestro emprendimiento funcione.

El problema es que la brecha generacional a veces hace las dinámicas de trabajo más largas y frustrantes de lo que deberían ser. Y la mayor parte del tiempo ninguno está dispuesto a ceder.

Por un lado estamos los emprendedores que nos las queremos dar de innovadores, haciendo uso de tanto recurso nos viene a las manos para resolver un problema de la manera más dinámica y creativa posible. Resolver problemas con un par de clicks, sin preocuparse por los pasos en medio.

Y del otro, están los emprendedores que ya nos llevan un par de años de ventaja y que en el empedrado camino del emprendimiento saben una que otra cosa más que nosotros ¿cómo hacer que esta hambre de la novedad y la practicidad funcione con la experiencia de los que ya llevan un largo camino recorrido?

Todo es cuestión de saber comunicarse, de minimizar el riesgo. La semana pasada platicaba con colegas emprendedores sobre hábitos de consumo del mexicano y nuevos métodos de cobro como Clip. Todo tenía sentido: los mexicanos cada vez más llevamos menos efectivo en la cartera, sistemas de pago como Clip o incluso PayPal ayudan a pymes a realizar cobros con tarjeta de crédito o débito. Uno como cliente no se preocupa por llevar mucho dinero en la cartera y el que presta un servicio y acepta cobro con tarjeta pues vende más y todos felices ¿no? Pues no.

Resulta que, como muchos otros emprendedores, hasta estas plataformas se han topado con problemas al momento de “venderle” su solución a los negocios de la vieja escuela. Y luego, se han topado con problemas de la vieja escuela con los que les cuesta trabajo lidiar. ¿De qué demonios hablo? Pues de problemas en atención al cliente, con que los mitos del pago con tarjeta y el pago de impuestos todavía viven y los miedos del pago con tarjetas y el fraude también.

Todos estos problemas no son nuevos, siempre hemos tenido miedo de que nos hagan un cargo desconocido a la tarjeta y luego no podamos reclamar, seguimos teniendo miedo de que el fisco nos haga auditoría porque de pronto, va a pensar que como ya aceptamos pagos con tarjeta, algo turbio debemos estar haciendo o de menos ya casi somos millonarios.

Y son estas pequeñas paranoias de la vida del emprendimiento de esos que ya tienen años de experiencia lo que hace que los clientes o proveedores de la vieja escuela tengan problemas adoptando las soluciones innovadoras con las que salimos al mercado todos los días los emprendedores. No podemos ganarnos a todos. Pero tampoco podemos depender de los mercados jóvenes que no tienen miedo a probar nuevas cosas ¿por qué? Porque seguimos trabajando dentro de un sistema financiero de la vieja escuela en el que los clientes jóvenes todavía se tienen que pelear con la línea de su banco para restablecer una contraseña, con un bot para reclamar cargos mal realizados en su último viaje de Uber y confiar en que además de la startup, el banco acepte el reclamo y le regrese su dinero.

“¡Pero querías ser emprendedor!”, me dijo mi socio cuando un par de potenciales proveedores cancelaron los acuerdos porque no querían recibir pagos por transferencias bancarias y es que no contábamos con esos miedos ajenos a nosotros y nuestro servicio, pero que impactaba directamente nuestro negocio.

No podemos ignorarlos, no por nada nos llevan todos esos años de ventaja, la paranoia no les llegó gratis. Lo que sí podemos hacer es ser muy pacientes e iniciar el diálogo, aprender de los errores del pasado; explicar a clientes y proveedores de otras costumbres y generaciones que la solución que ofrecemos a su problema puede que no la entiendan del todo, pero tiene el potencial de añadirles mucho valor y -posiblemente lo más importante- no tiene que ser un compromiso de por vida.

En mi negocio -y seguro no soy la única- me he topado con gente que sabe que tiene que hacer cambios en su empresa pero tiene miedo de arriesgar porque no entiende (y nadie le explica) el potencial de innovar y adoptar herramientas o prácticas distintas y que prefiere quedarse manejando la empresa como está porque así ha funcionado por años y así funcionará hasta que un día deje de hacerlo y tenga que hacer otra cosa.

Otros, influenciados por los más jóvenes del personal o la familia, asumen los riesgos y la curva de aprendizaje es muy pesada, pero al final vale la pena. Lo bonito de los emprendimientos contemporáneos es que están en constante renovación, que escuchan a los clientes y se adaptan a sus demandas, que escuchan las necesidades de sus proveedores también y que siempre están dispuestos a cambiar y evolucionar.

Y ustedes, ¿con qué paranoias o limitantes de 'la vieja escuela' se han topado en su camino al emprender?