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3 hermanos mexicanos que quieren llevar salud a todo el planeta

Unima desarrolló un medio para hacer diagnósticos oportunos de enfermedades infecciosa, a bajo costo y con una simple operación. Con ello, sus creadores prevén atender a personas a nivel global.
3 hermanos mexicanos que quieren llevar salud a todo el planeta
Crédito: José Luis, Rodrigo y Alejandro Nuño y Laura Mendoza, fundadores de Unima / Isaac Nácar / Entrepreneur en Español
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Cuando tu médico te manda a hacer algún estudio, vas a un laboratorio a realizártelo, pagando el costo correspondiente. Días después, debes regresar para recoger los resultados. Ya que los tienes, visitas de nuevo al médico para que éste dictamine el tratamiento adecuado según tu padecimiento. Si te suena familiar, es porque perteneces al porcentaje de la población que puede acceder a este servicio. El último dato proporcionado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) calculó que en 2014, 21,765 millones (18.2% del total de los mexicanos) carece de este acceso.

La estampa se repite en el mundo. Poblaciones en condiciones de pobreza o rurales; que viven en conflicto armado o las atacadas por una epidemia carecen de acceso a la infraestructura para hacer diagnósticos, no pueden pagar el costo de los análisis o no cuentan con un centro de salud. Sin embargo, en México el panorama podría ser distinto.

Actualmente, existen en el país compañías enfocadas en la industria de healthtech y que ofrecen soluciones, a partir de la tecnología, que buscan beneficiar o mejorar el derecho humanos a la salud. Tal es el caso de Unima, empresa con sede en Guadalajara, Jal. Sus fundadores, los hermanos José Luis, Alejandro y Rodrigo Nuño junto con Laura Mendoza, desarrollaron una tecnología para diagnosticar enfermedades infecciosas de manera rápida y a bajo costo, que pueden aplicar médicos, enfermeras o trabajadores sociales directamente en un punto de atención y obtener una respuesta en menos de 15 minutos, sin necesidad de ningún equipo de laboratorio. ¿Lo mejor? Esta tecnología llega a comunidades donde no existen estos servicios a un precio de hasta US$1 por cada enfermedad diagnosticada.

José Luis, quien funge como CEO de Unima, es ingeniero de profesión y cuenta con un doctorado en Biotecnología y uno más en Desarrollo Económico. Según explica, en 2010 se acercaron al Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) para, juntos, encontrar una forma para realizar diagnósticos sin ocupar los grandes aparatos de análisis de un laboratorio. Después de tres años de investigación, y con el apoyo del el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), lo consiguieron por medio de una tecnología que consiste en un inmunodiagnóstico en microfluídica.

Una vez con la tecnología funcionando, los emprendedores acudieron al MIT y a agencias inter- nacionales como Grand Challenges Canada –entre otras–, para investigar qué otros biomarcadores podían detectar con ella para ayudar a la detección de enfermedades infecciosas. Para 2014, ya contaban con un prototipo y estudios para identificar enfermedades en el laboratorio.

Acelerar la innovación

Con la proteína en sus manos y el conocimiento de todas sus cualidades, los socios se dieron a la tarea de buscar otras instituciones que coadyuvaran con el desarrollo de su proyecto. Una de ellas fue la aceleradora de negocios MassChallenge, en Boston, EE.UU., por medio de la cual tuvieron contacto con investigadores de Harvard y encontraron nuevas tecnologías para echar a andar su idea.

¿Cuál es su invención? Los emprendedores crea- ron un dispositivo hecho totalmente de papel, que contiene una proteína animal, sobre el cual se co- loca una muestra de sangre del paciente. Después de 15 minutos, se le toma una fotografía desde una aplicación descargada en un smartphone, que en menos de 10 segundos, hace un comparativo para detectar si la imagen corresponde al diagnóstico de alguna enfermedad infecciosa causada por un virus o una bacteria, como Malaria, Fiebre Amarilla, Tuberculosis o VIH, entre otras. Una vez con el resultado, se puede canalizar a la persona para que reciba la atención indicada.

Para Héctor Valle, mentor de Endeavor y director general para el Norte de Latinoamérica en IMS Health –compañía que ofrece servicios y tecnología para la industria de la salud–, esta tecnología es muy valiosa no sólo porque per- mite que se hagan diagnósticos al menor costo posible, sino porque el acceso a una detección adecuada ahorra muchos problemas a futuro. “Por un lado, con menos recursos se puede llegar a más gente. Por otro, hacer un diagnóstico oportuno permite que la enfermedad se atienda rápida y efectivamente, lo cual evita complicaciones que deriven en un costo mayor para el sistema de salud, lo que pone en riesgo a todo el modelo de atención en un país”, explica.

Para 2015, con la tecnología completamente desarrollada, los fundadores de Unima fueron perfeccionándola en laboratorio para confirmar los niveles de exactitud, la sensibilidad de las personas a la prueba, etc. Ese mismo año entraron a Y Combinator, aceleradora de negocios de tecnología, ubicada en Silicon Valley, EE.UU.

Los logros y oportunidades siguieron en 2016. Unima fue reconocida como empresa de alto impacto de Endeavor, lo que les abrió puertas en mercados a los que no habían llegado, gracias a su red de contactos. Y es que aunque la tecnología de Unima está enfocada en territorio nacional, también es escalable y aplicable en cualquier país en donde haya problemas de salud severos, como aquellos en las regiones de América Latina, el sureste asiático o el Medio Oriente, entre otros.

De ahí que en agosto pasado hayan hecho una prueba en comunidades rurales de Ghana, África, a través de la ONG Hart África, el interés de un inversionista de ese mismo continente que los buscó para llevar su tecnología a Sudáfrica para la detección temprana de enfermedades como Tuberculosis y VIH. Y los planes siguen: a principios de 2017 se hará una prueba en Kenia, además de que arrancarán testeos en hospitales de México.

El modelo del negocio

Aunque la compañía iniciará su proceso de comercialización a finales de 2017, al día de hoy los socios tienen perfectamente identificado el público meta al que llegarán y la diferencia de costos que manejarán de acuerdo a sus preferencias y usabilidad.

En este sentido, el primer mercado objetivo es el de salud global, que comprende entidades internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Cruz Roja, que trabajan con poblaciones susceptibles en países en desarrollo, o en lugares que sufren desastres naturales o 

guerras. El segundo mercado es el de la salud pública, donde el objetivo es que los gobiernos apliquen las pruebas de diagnóstico en hospitales o clínicas de sus sistemas de salud para la detección temprana de enfermedades. En ambos casos, el costo previsto por diagnóstico será de US$1. La idea es que todas estas instituciones compren millones de pruebas a un precio bajo para incrementar el número de poblaciones con acceso a este diagnóstico.

El tercer mercado es el de la salud privada, teniendo como clientes a los hospitales, clínicas/consultorios o negocios privados (como las farmacias). En este caso, el costo será de alrededor de US$3 por diagnóstico, pues el sistema de logística para la distribución cambia y se trata de poblaciones que tienen un nivel económico más alto.

El cuarto mercado es el de la salud animal, que considera a granjas, a la industria agropecuaria y la producción de cerdos, aves, ganado, etc. En este canal, los diagnósticos ayudarán al encargado a monitorear la salud de sus animales, así como a controlar la salud del consumidor final. Por los volúmenes que maneja, el equipo de uso, el efecto del uso del producto final, etc., este mercado también tiene su propia estructura de costo, que se tiene previsto entre US$1.5 y US$1.75 por diagnóstico.

La empresa ya tiene visualizado en cada mercado meta un usuario clave, grande y de alto im- pacto internacional. Los que ya están haciendo pruebas, utilizarán a Unima como parte de su proceso operativo y emplearán su cadena de distribución para abastecer a sus tiendas, hospitales, etc. Conforme avancen los meses, la empresa irá puliendo el modelo de uso y de distribución para replicar el modelo con otros usuarios.

Aunque el equipo de Unima desarrolló la proteína empleada para la detección de los biomarcadores, el papel, el proceso de análisis, los algoritmos de inteligencia artificial que se usan en el smartphone, el software, etc., José Luis reconoce que las redes a las que pertenecen y los mentores, tanto de México como de fuera, han sido de gran ayuda para exponer su trabajo a la luz de inversionistas que los detectan como una oportunidad de inversión de impacto.

Gracias a todo el aprendizaje, hoy Unima es un negocio con márgenes de ganancia que van de 75% a 90% en algunos casos. Su modelo les per- mite tener una prueba a bajo costo y al mismo tiempo tener una ganancia que posibilite que el negocio sea escalable y rentable. Porque, como dice el emprendedor: “no se trata de ofrecer un servicio de bajo costo y después no tener dinero para seguir desarrollándolo”.

A casi un año de hacer su lanzamiento comercial, los socios de Unima visualizan que en un corto plazo podrían estar presentes en al menos 50 países. Su interés, además de seguir perfeccionando su tecnología y haciendo investigación, es compartir su experiencia con otros emprendedores mexicanos. “El objetivo es que crezcan en sus propios proyectos de healthtech de manera que México se pueda convertir en una potencia internacional en lo que se refiere a tecnologías aplicadas a la salud”, sentencian los emprendedores.

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