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De abogada a editora independiente: el cambio como parte del camino

Mónica Testoni nos cuenta cómo fue su camino como editora y finalmente, emprendedora de su propia editorial.
De abogada a editora independiente: el cambio como parte del camino
Crédito: Martina Ruiz Delory
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Se suele enseñar en las escuelas para emprendedores, que se es emprendedor en aquello que se estudia, uno se especializa o con aquello que se convive cotidianamente. Y si lo reflexionamos, es más fácil emprender desde la zona de confort que animarse a un cambio.

Pero, ¿qué sucede cuando esa profesión que se eligió no llega a resolver el tema de la iniciativa emprendedora? ¿Es válido cambiar el camino, sabiendo que deberá afrontarse el comenzar de cero y mucha mayor incertidumbre?

Estuve conversando con Mónica Testoni, oriunda de la provincia de Córdoba, que vino a vivir a Capital Federal para iniciar el estudio de la carrera de Derecho, y se define como muy inquieta, flexible y paciente.

Mónica se animó a hacer un giro en su profesión, aún luego de haberse recibido de una carrera tan tradicional como el derecho.

1. ¿Cómo fue el camino recorrido en tus comienzos, dejando de ser la 'tradicional abogada' para incursionar en el ámbito del periodismo?

Siempre había querido ser periodista, pero por esa idiosincrasia argentina de "m' hijo el doctor" fue que estudie abogacía, también eran otros tiempos.

Antes de terminar la carrera de Derecho en la UCA, me casé y me recibí a los pocos meses. No quise ejercer de abogada, no me gusta trabajar con temas conflictivos, además en esa época, en el año 1994, el abogado era más formal en su look, y yo no tenía espíritu para ese ambiente. Eso cambió hoy. Bueno cambiaron tantas cosas. Si tengo un tema con la injusticia y creo que puedo batallarla desde otro lugar. 

Siempre había querido ser periodista, mi ex marido me incentivo a que estudie, creía que iba a ser periodismo político o social. A los 24 años estaba embarazada de Tomás (21) y comencé de nuevo la facultad, en simultáneo hacia pasantías en Editorial Atlántida y colaboraba como free lance en una revista en la sección cocina, esa experiencia me abrió al cabeza escribir para los cinco sentidos.

En simultáneo comencé a escribir de arte y arquitectura, así me metieron en el mundo del lifestyle. Hice un master en cultura (cine, arte, arquitectura, diseño, ciencia, música, teatro) porque no tenía una formación estética ni de historia del arte. Me fui enamorando de palabras como confort, espacio, calma, belleza, cocina y lo que implican en la calidad de vida de las personas el arte del buen vivir. Encontré que difundir eso, mejoraba la calidad de vida de mis lectores, además de la industria que mueve, las fuentes de trabajo que generan y como hacen evolucionar a la humanidad. 

2. ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos? ¿Cómo es eso de combinar la vida familiar con los viajes para revistas?

En 1995 nació Tomás, lo llevaba a la facultad el primer mes y luego lo dejaba porque tenía que trabajar en GENTE, hasta que se me hizo pesado y comencé a trabajar para BA MAG como freelance, una revista de tirada mensual. Ahí entré en el mundo del emprendimiento y me di cuenta que

“Ser freelance es ser emprendedor pues tienes que buscar las notas, ofrecerlas, venderlas y cobrarlas.”

Creo que el periodista freelance es un entrepreneur de si mismo, sin sueldo, aguinaldo ni prepaga y con un grado de incertidumbre muy alto. Con esta modalidad trabajé 12 años, al mismo tiempo colaboraba con otras revistas acá y afuera, ofrecía notas en revistas inglesas, francesas, chilenas. Siempre revistas y como eran mensuales, podía criar a mis hijos, en el 1997 nació Pedro, mi segundo hijo.

Tenía 27 años, dos hijos, dos profesiones, eso me ayudó a desarrollar habilidades blandas y de multitasking aunque en ese momento me sentía la persona poco eficiente, hoy pienso ¿cómo hacia?

Trabajaba desde casa, iba a reuniones editoriales, proveía notas, viajaba hacerlas, siempre tuve que generar y ofrecer.”

Con el tiempo tuve que vencer el prejuicio de vender porque, si no tenía que trabajar en relación de dependencia, cumplir horarios y con una familia, ensamblada como la que tenía en ese momento, era imposible.

Siempre tomé el techo de cristal como un dato de la realidad, por lo que no perdía tiempo negociando dinero mensual. Buscaba de hacer valer más mis ingresos, tomaba canjes en parte de mis honorarios a 40% del valor, hice todo tipo de ecuaciones financieras para hacer rendir el dinero, juntaba varios meses sin cobrar y luego buscaba la manera de que me pagaran, un gran inconveniente en el mundo editorial.

Fui escalando posiciones con mayor responsabilidad hasta llegar a editora. En 2002 por la crisis de argentina la editorial fue a Chile, me contrataron para que inicie en Santiago otra revista de cero y viajaba una semana por mes.

Cuando la actividad se reactivó aquí, seguí en mi puesto y al mismo tiempo, comencé a vender notas de otras periodistas y fotógrafos, proveía de contenidos a otras revistas, asesoraba a marcas, comenzó el tema tímidamente de las páginas web y fue ahí cuando las marcas de decoración, arquitectos, psicólogos, indumentaria comenzaron a llamarme para que los ayude en el concepto, 'vendía conceptos' para marcas, colaborando en la construcción de identidad corporativa, e incluso a colegas del ambiente, en la construcción de su branding personal.

3. ¿Cuándo aparece la necesidad de Testoni Contenidos y comenzar a emprender en el rubro editorial?

En 2005 abrí una productora en Palermo con un local de decoración. Tenía dos empleadas, hacia alianzas estratégicas con colegas, ofrecíamos varios servicios a las editoriales, proveíamos de contenido editorial, esto a ellos les servía porque no pagaban costos de empleados fijos, tenían colaboradores externos de alto nivel, muy buenos fotógrafos y buenos periodistas emprendedores que traían material de calidad. Son personas más competitivas, el tema era luchar con las entregas y los egos.

En general son personalidades fuertes que buscan su camino y hay que saber llevarlos y entenderlos.  

Pude combinar mis actividades porque tenía apoyo de marido y mi familia, mi madre se quedaba encantada con ellos cuando viajaba.

En 2007 sufrí en la productora de Palermo y local de decoración, tres robos y un secuestro express en ocho meses y me afectó. Acá tuve un quiebre. La violencia urbana impactó en mi sistema de defensa interna y cambió mis prioridades.  Además, en ese momento, sentía que moría gente y yo escribía sobre frivolidades. 

No estaba para salir a la calle. Escribir es mi oficio, me metí en el policial y escribí un relato policial “Secuestro Express”. Y estos hechos duros, me iniciaron en otro camino el del libro, editor y editoriales.

Renuncié a la revista, dejé Testoni Contenidos por dos años —hacia algunas notas sueltas—, cerré el local y escribí una novela. En ese proceso, me aburrí de estar horas y horas sola escribiendo y necesité volver a las entrevistas.

4. ¿Cómo aparece "Casas de Artistas"?

Y le propuse a la fotógrafa Florencia González Alzaga hacer "Casas de artistas" porque es un libro que no había en el mercado, conozco a muchos artistas y otra vez, extrañaba hacer entrevistas y sobre todo a artistas plásticos. Los issento pares en algún punto, la autogestión el esfuerzo por hacer y vender. Contar lo que hacen otros me parece muy enriquecedor. Además, me encanta el arte y es su momento de ebullición en el mundo. 

El proceso de llegara editar independiente fue porque los 'no' de las editoriales grandes —y chicas— se me quedaron tatuados. Además, a pesar de que alguna se interesara, no era un negocio para nosotras. Ahí me di cuenta que hay que tener tolerancia a la frustración si no tirás la toalla.

El trabajo duro comenzó ahí. Invertía lo que ganaba, pagué un costo por el aprendizaje alto, me entregaron mal los libros, tuve que hacer otra tirada y ahí, busqué otra la imprenta, Casano me financió, me ayudó.

Busqué mecenas del arte para que pre financien imprenta. Conseguí el Banco Galicia pre comprara cantidad para sus clientes Eminet, también busqué marcas que tuviesen relación con el arte, bodegas y marcas de moda.

Encontré a Finca Las Moras y MISHKA que apoyan este tipo de emprendimientos culturales, apuestan difundir el arte argentino, además, de los primeros inversores, amigos y familia.

En el Estado nunca encontré apoyo a nivel financiero, aunque fui reconocida. Me invitaban a festivales, encuentros, a dar charlas en el encuentro Federal de la Palabra que no supe aprovechar porque me había separado y mis actividades se habían multiplicado con hijos adolescentes, tuve que hacerme cargo de otros temas que eran más importantes.

En paralelo retomé TESTONI contenidos, con el mismo tema, asesoramiento en branding personal y marcas, notas para revistas, y a veces, hasta asesoro a personas que se inician el mundo del arte a conocer las estéticas y artistas. (Sobre todo cuando tienen miedo de invertir en artistas que no conocen, les cobro un honorario y salen al ruedo con más información).

La producción de un nuevo libro, que iba a ser en Chile porque me lo propuso hacer allí, una fotógrafa chilena, Leticia Quappe, terminó siendo en Uruguay para dar una mirada intimista del arte Rioplatense, seguimos con Casas de artistas Uruguay. Y tenemos en carpeta hacer el tomo II de Argentina, nos quedaron muchos buenos artistas afuera y si conseguimos un main sponsor hacerlo en Chile.  

Mi hijo, Tomás Albano, el que llevaba a la facultad de periodismo recién nacido hoy estudia ingeniería, y también el hijo de Leticia, Nicolás Ravinobich (20), nos ayudaron en la gestión del crowdfunding y como era un tema que desconocíamos, busqué asesoramiento en FUNDAME que nos guío en el proceso.

Fue un trabajo en equipo del que más allá del dinero que siempre buscamos, me conmovió el compromiso de nuestros hijos por querer ayudar a sus madres emprendedoras. La campaña está vigente ahora, la pueden ver en el sitio de idea.me.