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Por qué a Trump no le conviene hacer lo que dice

"Estados Unidos es nuestro mercado natural, con o sin Trump, con o sin tratados".
Por qué a Trump no le conviene hacer lo que dice
Crédito: Depositphotos.com
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En el siglo XIX, existía la teoría entre periodistas e intelectuales de Estados Unidos, que esa nación debía cumplir con su “Destino manifiesto”: la expansión territorial como un medio para desarrollarse. La Alemania nacionalsocialista tuvo la misma idea, sintetizada en la palabra alemana lebensraum, que se traduce como “espacio vital”: el pueblo alemán tendría que invadir naciones circunvecinas para su desarrollo.

La noción trumpiana de que el comercio y los negocios son juegos de suma cero, y que México es el enemigo de Estados Unidos, es una versión del Siglo XXI del “Destino manifiesto” y el Lebensraum nazi. Ambas teorías terminaron por ser equivocadas, y la teoría nativista-nacionalista del señor Trump resultará estar equivocada también.

La lógica de Donald Trump es la del bully del patio del colegio. El bully le pega al alumno chiquito y aplicado que de alguna manera le hace sombra. Ese alumno es México. Nuestro pecado es haber hecho la tarea y la consolidación de un proceso lento, pero inexorable, de desarrollo como un país manufacturero.

Las fallas de Estados Unidos con el rescate de la crisis de 2008, las políticas monetarias laxas que duraron casi una década, el alto costo de la salud, el racismo y la segregación social de otro tipo, la adicción a las drogas, y un sistema educativo que no capacita realmente a los ciudadanos de ese país para acceder a los trabajos mejor remunerados, son algunas de las explicaciones de por qué Estados Unidos tiene tensiones sociales y desigualdad a pesar del desempeño relativamente vigoroso de su moneda y su economía.

Aunque el poder ejecutivo estadounidensetiene amplias atribuciones en temas comerciales, Trump no puede cancelar el TLCAN fácilmente porque Estados Unidos es una nación más abierta a países con los que no tiene tratados comerciales que México.

China, por ejemplo, no necesitó un tratado para conquistar el mercado americano. De esta manera, los productos mexicanos entrarían a Estados Unidos con un arancel muy parecido al que entran hoy los productos chinos: de 1.9 a 2.5% en promedio.

Si cancelar el tratado no funciona, la postura antimexicana de Trump lo llevará a imponer salvaguardas comerciales, como cuotas antidumping a productos mexicanos selectos. Estas cosas normalmente no prosperan por mucho tiempo, pero mientras los paneles arbitrales (adentro o afuera del TLCAN) lo resuelven, el daño de ellos a nosotros estará consumado.

También, Trump puede optar por cerrarnos la llave del gas, la gasolina o el abasto de maíz, imponiendo impuestos o restricciones de otro tipo a la exportación de estos productos. Si compras o vendes en Estados Unidos, habla con tus clientes y proveedores, y diles que la visión de Trump está errada. Imponer sanciones a México es serruchar cadenas de proveeduría que están perfectamente integradas, donde los insumos pueden cruzar la frontera varias veces antes de convertirse en un producto final.

La última noticia que tuvimos de cómo piensa Trump castigar a las empresas que estén fabricando productos o contratando procesos afuera de Estados Unidos es imponiendo un impuesto sobre la renta de 35%, selectivo para ese tipo de negocios. Ese impuesto podría ser sancionado por la OMC, porque al final es un impuesto distorsionante del comercio, ya que está enfocado solamente a empresas que participan en procesos comerciales internacionales.

México compra en Estados Unidos insumos con un valor de 40 centavos de dólar por cada dólar que exportamos a ese país o al mundo.

Que el señor Trump esté de aquel lado hace que tengamos que buscar fuentes de proveeduría para esos insumos. Mucho más que el acceso de nuestros productos a ese mercado, me preocupa que Trump nos cierre el acceso a insumos clave que se controlan en su país. Dicho todo lo anterior, así como ellos tenían su “Destino manifiesto” en el Siglo XIX de expansión territorial, y lo cumplieron, México igualmente tiene un “Destino manifiesto”: Estados Unidos es nuestro mercado natural. Y la oficina pública más poderosa del planeta no puede detener eso.

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