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¿Realmente funcionan los boicots contra Trump?

Parte 1: Esta semana se movió en redes sociales #AdiósStarbucks para apoyar el consumo local frente a los dichos del presidente de EE.UU., pero en el vecino del norte también han existido movimientos comerciales en su contra.
¿Realmente funcionan los boicots contra Trump?
Crédito: Depositphotos.com
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El triunfo de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales ha dejado a más de uno con la boca abierta y ha hecho temblar a la economía mundial. Una de las preguntas más importantes que debemos hacernos antes este panorama es la siguiente: ¿Cómo afecta el tema “Trump” a las empresas y a los consumidores? En esa relación simbiótica, los consumidores pueden tomar el poder cuando protestan por un acto que consideran reproblable a través del acto de boicotear. En las redes sociales, están llamando a boicotear el consumo de productos estadounidenses y favorecer lo que produce nuestro mercado interno. Pero, ¿qué pasa del otro lado del muro? Una gran proporción de los ciudadanos estadounidenses están en contra de las medidas que ha tomado Trump como presidente y sus acciones durante la campaña presidencial del año pasado.

Boicots que vale la pena recordar es el que enfrentó Ford Motors en Irlanda del Norte debido a la discriminación contra los católicos durante la década de los noventas. Danone también sufrió una campaña de boicot en su contra a principios de los 2000. ¿La razón? Despidos masivos y cierre de fábricas en comunidades locales. Las negociaciones en ambos casos fueron largas (el caso de Ford Motors duró 12 años) y tuvieron un impacto en lo que se conoce como “consumo responsable”, que favorece la conservación ambiental y, en casos como los que trataremos aquí, promueve la igualdad social.

En base a lo moralmente reproblable que representa la figura de Donald J. Trump, debido a su discurso que aboga por el racismo, la discriminación, la xenofobia y la misoginia, cientos de ciudadanos han llamado al boicot a empresas como Home Depot o Amazon.

Uno de los primeros casos: Home Depot

Uno de los primeros llamados a boicotear la compra de empresas que apoyan a Trump fue durante la época electoral. El caso de Home Depot tuvo mucha resonancia. El fundador de Home Depot, Bernie Marcus, mostró abiertamente su apoyo al candidato presidencial republicano y su postura con la comunidad latina. Home Depot emitió un comunicado en que señaló que las opiniones de Marcus fueron a título personal y que la empresa “respeta a todas las personas e ideologías, y no apoya a partido, candidato o campaña política alguna”.

#GrabYourWallet

Con el hashtag #GrabYourWallet, cientos de personas se oponen a comprar los productos de la familia Trump. El boicot comenzó contra la línea de moda de Ivanka Trump, hija del magnate, empresaria y diseñadora de ropa y accesorios. La lista, que se puede consultar en línea aquí, incluye compañías multimillonarias como Amazon y Forbes.

Hay casos dignos de ser analizados como el de la revista People, que incluso tiene una versión en español dirigirá a la población hispanoamericana en Estados Unidos, y los tenis New Balance, que han sido llamados “Los zapatos oficiales de la gente blanca”.

Hay empresas, principalmente locales, que removieron los productos de la familia Trump de su catálogo. Esta misma iniciativa detuvo el boicot a Home Depot, PayPay y The Washington Post debido a que los que hicieron declaraciones en favor de Trump se deslindaron.

¿Y qué sucede cuando se intercambian los papeles? Macy’s dejó de vender los productos endorsados por el sello Trump cuando el —en esa entonces— candidato hizo unos comentarios racistas sobre los mexicanos (“México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Asumo que hay algunos que son buenos”). Donald Trump, a través de su cuenta de Twitter, pidió boicotear a la mayor tienda departamental del mundo hace más de un año. ¿Funcionaría? Parece que Macy’s tuvo un crecimiento del 3% el año pasado. Los seguidores de Trump también estaban a favor de boicotear Pepsi, DreamWorks y Netflix.

¿Y las empresas para la población hispanohablante de Estados Unidos?

La cadena Univisión abrió el camino, que después siguió de NBC Universal, y rompió con Trump y su producto más famoso: la Organización Miss Universo. El empresario Carlos Slim, dueño del canal por internet Ora TV, y el Grupo de Televisa también cancelaron sus proyectos de comunicaciones relacionados con Donald Trump y su imperio.

¿La NBA?

En los deportes también hay inconformidad debido a la victoria de Trump. Al momento, las directivas de los equipos Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks y Memphis Grizzlies han decidido no hospedarse en ningún hotel de la cadena Trump. Los integrantes de estos equipos solían hospedarse en los hoteles. ¿Tendrá que ver también con la declaración de Trump respecto a que no le gusta para nada el básquetbol y que, en cuanto pueda, cambiará la cancha de este deporte por un campo de croquet en la Casa Blanca?

¿Se deben escuchar las demandas de los ciudadanos así como se escuchan atentamente las peticiones de los clientes?

Hay que preguntarse cuáles son las posibilidades de éxito de estas iniciativas. En un país dividido, las redes sociales o los correos masivos generan un efecto “bola de nieve” pero hay que tomar en cuenta el papel de los sindicatos que, por cuestiones legales, muchas veces no se pueden ver involucrados sin afectar a sus agremiados.

Como afirma la economista Julieta Osornio Colín, maestra en administración pública por la Universidad de Columbia y la London School of Economics and Political Science, en el caso del retiro de los productos Trump “depende, en primer lugar, del impacto reputacional generado por el consumidor y, en segundo, del tipo de relación que (las empresas) quieran llevar con el presidente electo: ¿habría algún tipo de represalia por parte del nuevo gobierno? Eso sería evidentemente un caso de conflicto de intereses y corrupción”.

Lo que hay que pensar detenidamente es cómo las empresas pueden ser socialmente responsables sin hacer a un lado sus afinidades políticas y la libertad de expresión que, a fin de cuentas, también son un derecho que tenemos como individuos.

¿Qué opinas? ¿Crees que estas acciones de consumo responsable tengan un impacto real en la realidad política dle mundo?