Emprender no siempre es miel sobre hojuelas

Dejar de dormir o no tener el suficiente tiempo libre son algunas de las complicaciones que tienen los emprendedores a diario.
Emprender no siempre es miel sobre hojuelas
Crédito: Depositphotos.com

El otro día me quedé dormida y llegué a penas a tiempo para una reunión virtual que duró más de una hora. Sin desayunar. Sin haber revisado todos los materiales que quería revisar antes de la reunión. Tengo que confesar que no estaba al cien. A veces me pasa. Cada vez menos porque cada vez me organizo mejor.

No he dormido bien desde diciembre del 2016. Miento. No he dormido bien desde que renuncié a mi trabajo estable en el 2015. Admito que a veces no duermo porque mi cerebro no deja de maquinar ideas innovadoras para mi plan de negocios. No duermo porque el truco ese de "dejar en papel todos los pendientes antes de ir a dormir" no funciona. Los pendientes y las ideas no dejan de fluir.

¿Que se supone que haga? ¿Seguir escribiendo la lista o haciendo diagramas hasta que llegue el siguiente día? ¿Alguien más sueña con cómo resolver un problema o dilema emprendedor?

Estoy segura de que no soy la única que se ha despertado con una epifanía sobre cómo resolver un problema de precios, darle la vuelta a un obstáculo o visualizando los nuevos colores para el empaque de un nuevo producto. No duermo porque mi cerebro no descansa.

Cuando la gente se entera que -técnicamente- soy mi propio jefe siempre me felicita. "Eso está mejor, más relajado", me dicen, y yo me engaño asegurando que soy dueña de mi tiempo.

La realidad es que vivo agotada. Agotada de pensar, de calcular, de contarme a mí misma el pitch o el nuevo plan de trabajo hasta que suene convincente. Lo que pasa es que no se nota porque nunca me voy a cansar de decirle a la gente que estoy haciendo algo que quiero hacer, que tengo mi propio proyecto. Y esa emoción se contagia.

Pero no se dejen engañar, los emprendedores vivimos cansados. Porque ser dueña de mi tiempo también me hace responsable de todos y cada uno de los minutos de mi día. Lo que leo, lo que como, lo que escucho, cuánto tiempo le dedico a analizar -o no- un tema. En qué invierto mi tiempo libre. ¿Para qué dormir cuando podría tomar una clase más de economía? ¿Para qué cenar si puedo ir a otro evento de networking a comer papas y beber cerveza?

Me he metido a cuatro cursos en línea sobre desarrollo de negocios y diseño de organizaciones porque estoy convencida de que pueden ayudarme a entender y poner mejor orden en mi plan de negocios. También estoy convencida de que eso me da una ventaja competitiva para encontrar nuevos ángulos que beneficien a mis clientes. Pero mientras estudio, tengo que mantenerme al día de lo que pasa en el mundo, tengo que hacer cuentas sobre cómo y cuándo cobrar mis horas de trabajo tomando en cuenta lo que sucede en los mercados mundiales, esperando que mis proveedores no me cobren porque algún cliente no pagó a tiempo.

Y cuando llega la hora de dormir o de descansar (leyendo todavía más, viendo tele, saliendo con amigos) mi cerebro sigue procesando información, haciendo conexiones. Porque si quiero que algo despegue en el 2017, necesito dejar bien puestos los cimientos de cada uno de los proyectos o al menos tener claros los objetivos para el plan a mediano y largo plazo. Y ¿quién puede descansar cuándo su futuro depende enteramente de la ruta trazada durante el día? ¿cómo quieren que me duerma y "sueñe con los angelitos"? El otro día soñé que salía a pedir trabajo (esa fue una pesadilla).

¡Pero querías ser emprendedor! Murmuré al despertar. Por favor que alguien me diga que no estoy sola en esta ilusión óptica que es emprender en donde todos vivimos agotados porque nuestro cerebro nunca deja de trabajar. Ustedes ¿han tenido epifanías emprendedoras en sus sueños?, ¿cómo hacen para desconectar su cerebro antes de dormir? Por favor que alguien me ayude.

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