#PeroQueríasSerEmprendedor

Los malos hábitos de no emprender

Hasta que comencé a andar por el camino del emprendimiento, me di cuenta de que tenía muchos malos hábitos que no me ayudaban en nada y solo me daban una solución temporal.
Los malos hábitos de no emprender
Crédito: Depositphotos.com
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Cuando trabajaba en un escritorio con horario fijo y horas extra no pagadas, cuando quería comprar algo nuevo que realmente no necesitaba escuchaba la voz de mi mamá diciendo “para eso trabajas” y tenía razón. El otro día después de pagar cuentas me fui a dormir recordando un par de ocasiones en las que de verdad gasté mucho dinero por tener un día de paz y tranquilidad alejada de mi trabajo de escritorio. Me acordé de todas las vacaciones y viajes reservados, que más que por pasear (me encanta viajar, no lo niego), eran para “no estar” porque ya viajaba mucho por trabajo.

Hasta que comencé a andar por el camino del emprendimiento, empecé a notar muchos malos hábitos que no me ayudaban en nada y solo me daban una solución temporal, pero ni estaba ahorrando para el retiro, ni estaba buscando un nuevo puesto para hacer carrera, ni estaba comprando cosas que aumentaran su valor con el tiempo. Al contrario.  

Las cosas han cambiado. Y parte del proceso de aprender es aceptar que, así como soy responsable de cómo invierto mi tiempo, soy (y debo ser) responsable de cómo invierto mi dinero. Porque desde que empecé a trabajar en un negocio propio, todo el dinero que gasto es más como una inversión.

Lo admito, no he dejado de ir a conciertos y tampoco he dejado de viajar. Sigo tomando café y bebiendo cervezas artesanales. Pero prácticamente ya todas estas acciones tienen una motivación detrás de mis aspiraciones emprendedoras. Dejé de comer en la calle y también de salir a cenas en las que todos comen o beben más que yo pero la cuenta se divide equitativamente  (lo siento). He empezado a comer más en casa, a preparar mis propias jarras de café y a beber menos alcohol. Todo para gastar menos dinero en alimentos y poder seguir comprando boletos para conciertos. Pero ya no compro tantos boletos como antes y mis maratones en festivales cada vez tienen que planearse mejor.

También sigo viajando. Pero mis planes son más locales o me dedico a cazar ofertas. Planeo viajes en donde puedo ir a un congreso (y conseguir hospedaje barato), a eventos de networking, visitar a mis socios (porque hay unos fuera de la CDMX) o a mis clientes. Planeo ir a lugares desde los que pueda seguir trabajando con mi computadora y no me falte el internet. Ya no viajo para huir del trabajo, viajo para pasear, para ejercitar la creatividad. Y cuando me compro cosas, es porque les veo el beneficio para mi nuevo estilo de vida, desde una cámara digital, hasta un vestido o unos zapatos.

He aprendido a administrar mis tiempos y mis horarios. Me la pienso dos veces cuando algún amigo conocido por ser impuntual me invita a algún lugar, he empezado a llevar conmigo una libreta para anotar ideas, cuentas, diagramar soluciones mientras espero. He rechazado actividades de fin de semana para ponerme al corriente con mis tareas o para “pimpear” mis modelos de negocio y presentaciones “con más calma”. Soy dependiente de mi celular pero dejé de tenerle miedo a las urgencias de trabajo y a las llamadas de mi jefe o de mis clientes. Cuando salgo con amigos puedo ignorar mi teléfono, porque yo y sólo yo, sé lo que es una verdadera urgencia relacionada con mi negocio y la verdad, últimamente la mayoría de las urgencias me emocionan (aunque me estresan igual).


Lo más difícil de adaptarse a estos nuevos hábitos de gasto y ritmo de trabajo es no excluir a las personas importantes en tu vida. Aprender a decir que no y -de preferencia- aprender a explicar por qué no. Porque -a todos nos ha pasado, no hay pena en admitirlo- cuando un asalariado “no tiene dinero” quiere decir que no alcanza a llegar a la siguiente quincena o que tal vez ya no quiere abusar de sus ahorros. Pero cuando un emprendedor te dice que “no tiene dinero” el algún momento de su vida quiere decir que sus cuentas están prácticamente en ceros, que lo que le queda pretende invertirlo en renovar el hosting de su sitio (aunque haya que pagarlo dentro de tres meses), que tiene poca liquidez y hay un curso de finanzas para no financieros que preferiría pagar antes que rentar una casa en Cuernavaca para celebrar que tienes carro nuevo.

Cuando un emprendedor te diga que no tiene dinero, la probabilidad de que sea una verdad literal es muy alta. Si te dice que vayas a tu casa a beber algo, tómale la palabra, tómale las llamadas, contesta sus mensajes. Tampoco se trata de que nos tengan lástima o nos odien porque no podemos hacer nada divertido. Los empredendores queremos mantener las amistades, pero ya no estamos dispuestos a pagar el mismo precio que antes.

Repitan conmigo: “Pero querías ser emprendedor”. Siempre lo he dicho y no soy la única que lo piensa, emprender no es para todos. Pero en el proceso me he quitado un par de malos hábitos y estoy segura que seguiré cultivando muchos más a medida que mi negocio crezca. A esos que recién empiezan no desesperen, poco a poco he logrado que mis amigos -los no emprendedores- entiendan que el no tener tiempo o dinero solo significa que ya no quiero invertir en soluciones temporales que me daba el sueldo fijo y prefiero trabajar en hacer realidad mi plan de vida a largo plazo haciendo más cosas que me gustan desde hoy.

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

Poliglota

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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