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Los amigos de Harvard que soñaron con "La La Land"

El director Damien Chazelle y el compositor Justin Hurwitz tuvieron que hacer una obra clásica como "Whiplash" antes de cumplir su proyecto universitario.
Los amigos de Harvard que soñaron con "La La Land"
Crédito: Corazón Films

Con información de Jessica Oliva de Cine PREMIERE

La La Land se ha convertido en un fenómeno entre las audiencias y los críticos desde que se estrenó en Venecia.  La historia de dos soñadores – el pianista Sebastian y la actriz  Mía – ha resonado entre las personas que buscan cumplir sus sueños a pesar de las dificultades.

Se espera que La La Land arrase con los próximos premios Oscar, pero hubo un momento en que nadie creía en los personajes interpretados por Emma Stone y Ryan Gosling. Y es que la verdadera historia de resiliencia y tenacidad de esta película se dio detrás de la cámara con su director Damien Chazelle y el compositor Justin Hurwitz, quienes se mantuvieron fieles para llevar a cabo su visión pese al rechazo del main stream.

Todo comenzó cuando Chazelle y Hurwitz se conocieron mientras estudiaban en Harvard y se hicieron amigos. Fue entoces que se les ocurrió hacer lo imposible: un musical de jazz con escenarios contemporáneos. Ambos se autonsideraban nerds de este género, tocaban juntos en una banda de indie pop y compartían sueños. Incluso fue Chazelle quien presentó a Hurwitz a los musicales franceses de Jacques Demy. De ahí salieron los compases que tanto nos gustaron en La La Land.

Esa primer encuentro marcó el inicio del aurduo camino que habrían de emprender para lograr hacer un musical; un camino que se destacaría por la colaboración entre ambos personajes. No es para menos. El trabajo en conjunto de Chazelle y Hurwitz ha dado por resultado tres de las cintas musicalmente más ambiciosas de los últimos años. La primera, Guy and Madeline on a Park Bench, fue una especie de ensayo para lo que posteriormente sería La La Land. Después de mostrarla en el Festival de Tribeca en 2009, los dos soñadores se mudaron a Los Ángeles para hacer que su musical de jazz se volviera una realidad.

Sin embargo, su genial idea no parecía llamar la atención de los estudios.

“En un principio no había mucha emoción en las salas de juntas cuando presentábamos La La Land”, le confesó el director a la revista en línea Deadline. “Estábamos ahí, con un musical que incorpora el jazz, y una historia de amor en la que los protagonistas podrían tener un final no convencional. Todo en él parecía una sentencia de muerte. El género mismo, cuando no está basado en un material preexistente, suele ser algo aterrador. Pero, también, el hecho de que no hayamos tenido una cinta así en mucho tiempo me parecía parte esencial de su atractivo”.

Para 2011, Focus Features había tomado el proyecto pero pronto cayó en el limbo. Irónicamente, La La Land refleja la lucha por la originalidad en Hollywood pues no es adaptación de un exitoso musical de Broadway, no es una secuela, ni precuela, ni parte de ninguna franquicia. Asimismo, resucita un género casi extinto y su director era en ese entonces apenas un veinteañero desconocido.

Hacer un clásico para … hacer un clásico

El director y el compositor entinces realizaron una estratagema que probó muy exitosa: diversificarse para hacer otros proyectos que pudieran justificar La La Land. Primero hicieron el cortometraje y después el largometraje de Whiplash: Música y obsesión, la cual ganó en Sundance 2014 y fue nominada posteriormente a cinco Oscares.

Chazelle aprovechó el furor generado por la película para volver a sacar a colación su idea para un musical. ¿Qué hacía? Mientras hablaba del éxito de Whiplash, mencionaba en cuanto podía su concepto para La La Land.

Esta vez, los estudios sí escucharon.

Desde los albores del proyecto en 2009, Damien Chazelle tenía una visión firme y no negociable que –si bien incluía ya desde entonces un baile-vuelo romántico en el observatorio Grith de Los Ángeles- fue una idea retada constantemente. Los estudios le hacían diversas peticiones de cambios: que el personaje de Gosling, en lugar de jazzista fuera rockero, que cambiara el jazz por canciones pop, que modificara el final, etcétera. El único estudio que fue fiel a la visión de los realizadores fue Lionsgate, quien respetó que se filmara en 35 mm para que la cinta se sintiera más real.

Al final se requirieron dos años de trabajo constante, tres meses de ensayo, 40 días de rodaje a dos cámaras, cerca de 1,600 extras, 93 sets y 48 locaciones exteriores para llevar a La La Land a la pantalla de plata.

El resultado fue muy exitoso. La cinta se alzó con siete premios en los Globos de Oro, gracias a la química entre sus proitagonistas – ya probada en Loco y estúpido amor y Fuerza antigángster-, pero en gran medida a la tenacidad de los realizadores.

El tono de La La Land nos recuerda que soñar a veces requiere hacer grandes sacrificios. Pero bien vale la pena.

Con información de Jessica Oliva de Cine PREMIERE