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Los 3 jóvenes mexicanos que quieren ayudar a 10 millones de refugiados

El proyecto itamita propone usar los residuos biológicos de los retretes en los campamentos para generar biogás.
Los 3 jóvenes mexicanos que quieren ayudar a 10 millones de refugiados
Crédito: Cortesía

A punto del llanto mientras veía en internet fotos de campamentos de refugiados en diferentes partes del mundo, Rebeca Toledo le dijo a su compañera, Anhara Gamez: "Amiga, tenemos que hacer algo".

Ambas son alumnas del Instituto Tecnológico Autónomo de México, de las carreras de Dirección Financiera y Actuaría, respectivamente, y en ese entonces se encontraban dando los primeros pasos de su investigación para participar en el Hult Prize, un concurso estudiantil que en la edición de este año buscó propuestas de soluciones sostenibles para restaurar la dignidad de 10 millones de migrantes en el mundo para 2022.

Ellas, junto con Xavier Rosas, alumno de Contaduría Pública y que ya estudió previamente las carreras de Derecho y Economía también en el ITAM, encontraron que, con un solo proyecto, podrían ayudar a que a los migrantes del planeta tuvieran un trato más digno, que sus condiciones sanitarias fueran mejores y que, además, podría generar recursos con una opción ecológica. Todo, a través de desechos fisiológicos.

El concurso

Ahmad Ashkar, quien se dedicó al emprendimiento social tras abandonar la industria bancaria durante la recesión económica de 2008, fundó este concurso que ahora también es presidido y apoyado por Hult Business School y el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

Hult Prize consiste en una convocatoria anual en la que los estudiantes más brillantes de las universidades del mundo crean soluciones a problemáticas mundiales creando empresas sociales. Los mejores proyectos participan en las semifinales regionales que se llevan a cabo simultáneamente en Dubai, Shanghai, Londres, Boston y San Francisco.

Justamente fue en San Francisco donde este equipo del ITAM consiguió el pase a la final del certamen al enfrentarse con 66 equipos representativos de otras instituciones educativas mexicanas y extranjeras, como la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey, New York University, London School of Economics y otras prestigiadas casas de estudios como Harvard, Yale y Berkeley.

El proyecto de los itamitas

El proyecto presentado por estos alumnos del ITAM, y que resultó ser uno de los 6 mejores entre 50,000 aplicaciones provenientes de todo el mundo, se llama U-gas y busca mejorar las condiciones sanitarias de refugiados, además de disminuir la probabilidad de propagación de enfermedades.

Los mexicanos proponen instalar retretes y urinarios ecológicos y secos en los campamentos de refugiados (todos dotados de gel antibacterial), limpiarlos todos los días y recolectar los residuos biológicos cada semana.

Así, estos residuos se utilizarán para fabricar gas con un generador de biogás que produce un litro por 500 mililitros de orina en 30 segundos. El producto se vendería al mayoreo a empresas de gas del lugar en donde se encuentre el campamento y se tratará de un combustible para uso doméstico, ecológico y el más barato del mercado.

“El objetivo primordial es restaurarle la dignidad a los inmigrantes y a los refugiados en algo tan importante como son las necesidades fisiológicas, mientras que el valor agregado del proyecto es proveerlos de calidad sanitaria”, señala Xavier.

Con esto, agrega Rebeca, también se evitan enfermedades como diarrea o cólera en los campos de refugiados provocadas por la sobrepoblación y las malas condiciones de higiene por el contacto con desechos humanos, y que son cada vez son más comunes o, a veces, fatales.

Ahora, ellos participarán en un programa de verano en una aceleradora del Hult Prize con el fin de que en septiembre compitan, junto con cinco equipos más, en la final mundial en Nueva York por un premio de un millón de dólares, que serán invertidos en capital semilla para la empresa. El proyecto será presentado ante personalidades que evaluarán la rentabilidad y proyección de su empresa, como Bill Clinton o Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz y emprendedor social que ha desarrollado conceptos de micrecrédito y microfinanzas.

Continuar, pase lo que pase

Ninguno de los tres se había involucrado antes en el tema de la migración, y fueron las ganas de participar lo que hizo que se inscribieran en la competencia.

“Estábamos en una cafetería enfrente del ITAM, yo tenía una reunión con mi compañero Javier porque quería invitarme a un proyecto, pero no se pudo, y como ya había pedido su bebida, empezamos a hablar del Hult Prize”, recuerda Anhara, quien después invitó a Rebeca al equipo y, entre los tres, moldearon la idea final de U-gas.

La intención era crear algo simple que se pudiera aplicar fácilmente en los campamentos de refugiados. “Nunca pensamos llegar tan lejos, porque nuestra idea inicial siempre fue ayudar a las personas”, apunta Rebeca.

Además de los temas financieros, que forman parte de las currículas de sus carreras, tuvieron que sumergirse en temas técnicos, como la forma de construir uno de los baños que proponen o negociar para conseguir buenos precios.

Los tres destacan que uno de los mayores aprendizajes que les ha dejado participar en Hult Prize ha sido trabajar en equipo. “Este concurso nos ha cambiado la vida y nuestras perspectivas profesionales”, asegura Xavier.

Para la final, confían en que harán un buen papel y dejarán muy en alto el nombre de México y el de su universidad. “Y seguir con el proyecto pase lo que pase, no abandonarlo, para poder ayudar no a 10 millones, sino a los 50 millones de personas que lo necesitan”, recalca Rebeca.