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Fordlandia, el paraíso que Ford construyó en el Amazonas

¿Por qué el inventor de la producción en línea creó un pueblo en medio de Brasil?
Fordlandia, el paraíso que Ford construyó en el Amazonas
Crédito: The Collections of Henry Ford (Ford Foundation)
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Henry Ford es el padre de un proceso de manufactura conocido como línea de ensamble. A él le debemos la invención del Fordismo o producción en serie, que revolucionó la industria del siglo XX. Hemos hablado antes sobre las lecciones que nos dejó Henry Ford, quien tiene más 160 patentes registradas a su nombre, acerca de innovación y, sobre todo, perseverancia. Solemos pensar que hombres tan exitosos como él no conocen el fracaso, pero Fordlandia es una prueba de que no se puede ganar siempre. Ni siquiera si eres Henry Ford, el creador del Ford T o el primer automóvil producido en masa.

La mentalidad visionaria de Henry Ford lo llevó a fundar Fordlandia, un lugar enclavado en el Amazonas. A orillas del río Tapajós, entre las localidades de Santarem y Belem, Henry Ford ordenó la construcción de esta ciudad. En medio de la región selvática, Henry Ford emprendió una obra de ingeniería no solamente material sino también humana y social. Obsesionado con crear su propio paraíso, Henry Ford se embarcó en una aventura en la que obtuvo más pérdidas que ganancia alguna.

Foto: The Collections of Henry Ford (Ford Foundation)

Todo comenzó con las imparables ventas de modelos de Ford T. Se requería de caucho para las llantas y Henry Ford, tan práctico como era, decidió comprar 25 mil kilómetros cuadrados en el norte de Brasil a inicios de la década de los veintes. ¿Con qué razón? Para poder tener sus propios sembradíos de caucho y así no depender de la producción exterior. Esas grandes plantaciones fueron el punto de partida de Fordlandia. En 1928 inician las tareas de construcción. Henry Ford se obsesionó con crear su propio paraíso, en el que transmitiría  “el estilo estadounidense de vida” a los trabajadores foráneos.

Con un costo de 20 millones de dólares, Fordlandia parecía una ciudad ideal. Henry Ford incentivó a sus trabajadores a mudarse desde Michigan con un sueldo doble y todo tipo de comodidades como un cine al aire libre, un club social, un hospital de primera diseñado por el aclamado Albert Kahn, conocido como el “Arquitecto de Detroit”, y ¡un campo de golf de nueve hoyos!  Las fotografías de la época revelan un lugar paradisiaco, en el que altos mandos de la Ford Motor Company replicaban el modelo soñado por Henry Ford: un suburbio estadounidense con su propia fábrica. A lo largo de calles bautizadas con nombres anglosajones como Palm Avenue, se levantaron las casas de los directivos con jardín propio, las cuales estaban rodeadas de piscinas comunitarias.

Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas. La jornada laboral, pensada desde Detroit con horario de oficina, no tomaba en cuenta un factor importantísimo: el insportable calor. Los llamados seringueiros (como se les conoce a los trabajadores que extraían caucho) estaban acostumbrados a trabajar desde antes que amaneciera, detenerse a mitad del día por las condiciones climáticas y proseguir cuando el sol se ocultaba. También, el sembrar caucho era una labor que se veía obstaculizada por las condiciones inhóspitas de la misma tierra. Con un territorio imposible de someter, las rutas de transporte se vieron impedidas.

Foto: The Collections of Henry Ford (Ford Foundation)

Henry Ford, conocido por ser un hombre sumamente necio que solía decir que “un cliente puede tener el coche del color que quiera siempre y cuando sea color negro”, no se rindió tan fácilmente. Decidido a triunfar, instauró una política puritana de ley seca, alimentación restringida a ciertos alimentos como hamburguesas e ¡incluso obligaba a los trabajadores a usar zapatos en lugar de las típicas chanclas para soportar las altas temperaturas! Los trabajadores autóctonos no aceptaron las imposiciones. Así que los trabajadores brasileños no tardaron en rebelarse y, por otro lado, los trabajadores estadounidenses no conseguían adaptarse a las condiciones tampoco.

Esos no fueron los únicos obstáculos que enfrentó Fordlandia. Una coyuntura económica también llevó a la ruina a esta ciudad utópica. Con la aparición del caucho sintético debido al incremento de la demanda durante la Segunda Guerra Mundial, el caucho natural pierde su relevancia en el mercado mundial. Sin embargo, cabe resaltar que el principal enemigo de Henry Ford era la mismísima selva. No se podía competir contra ella. Era una vencedora por su naturaleza así como el clima y la humedad, que propiciaban la malaria. Era fundamental tener en cuenta un entorno como el Amazonas y sus características. Esta falta de previsión hizo que el gran proyecto estuviera destinado al fracaso desde un inicio. En 1945, los terrenos de Fordlandia son devueltos a Brasil por un pago simbólico: 250 mil dólares.

Actualmente, la ciudad fantasma sigue en pie. Sus ruinas dan lugar a ocupas y turistas extremadamente curiosos. Una curiosidad es que Henry Ford jamás llegó a visitar Fordlandia debido a su miedo de contraer una enfermedad tropical.

¿Qué te parece esta utopía llevada a cabo por uno de los empresarios más innovadores de todos los tiempos? ¿Fue realmente un fracaso estrepitoso o una lección? ¿Acaso Henry Ford debió construir su ciudad ideal en otra zona? Da para pensar mucho acerca de nuestros límites como humanos y el dominio de la naturaleza. Recuerda que también puedes checar sus consejos para triunfar aquí.

Foto: The Collections of Henry Ford (Ford Foundation)

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