Cómo la UVM fomenta la supervivencia del emprendedor social

Por medio del Premio de Desarrollo Social, la institución reconoce y apoya 15 iniciativas al año, relacionadas con desarrollo comunitario, medio ambiente, salud y preservación de cultura.

Un grupo de profesores se capacita en la Central de Abasto de Ciudad de México para enseñar a sus alumnos de una forma más divertida y eficiente. En Ciudad Juárez, algunos jóvenes se acercan a cursos de liderazgo para recrear las bases de la comunidad en un entorno que ha sido duramente golpeado por el crimen. Mientras tanto, en Querétaro, artesanos trabajan en equipo para ofrecer sus productos por medio de una plataforma que impulsa el mercado colaborativo.

Parecen historias distantes, pero no es así: todos son casos exitosos documentados por el Premio de Desarrollo Social que otorga anualmente la Universidad del Valle de México (UVM), uno de los reconocimientos más longevos en lo que se refiere a emprendimiento social en el país.

“Vemos el emprendimiento como la trascendencia de generar acciones que tengan y agreguen valor a la sociedad. Por eso, el concepto de emprender es uno de los valores que más queremos enseñar e inculcar en nuestra comunidad estudiantil”, explica Luis Durán, presidente y director general de la UVM, en entrevista con Entrepreneur.

Cada año, el galardón apoya 15 iniciativas sobre desarrollo comunitario, medio ambiente, salud y preservación de la cultura.

El Santo Grial emprendedor

En la zona de Santa Fe, al poniente de Ciudad de México, se ubica la sede central de la UVM, una universidad que en total suma 37 campus, ubicados en 22 ciudades del país.

Ahí, Durán anunció la convocatoria 2018 del Premio de Desarrollo Social, la cual, además, es abierta no sólo a los alumnos de esta institución de educación superior, sino a cualquier persona menor de 30 años que tenga un proyecto con el que quiera revolucionar positivamente su comunidad, y que pueda comprobar al menos un año de impacto a la fecha de presentación.

Durante 11 años, el premio ha visto desfilar a 165 ganadores. Lo que sorprende a estas alturas no es eso, sino que en un país que ve nacer y morir a la inmensa mayoría de sus proyectos de emprendimiento (el 75% de las startups fracasa en su segundo año), el 83% de los premiados por la UVM se mantiene en pie.

¿Encontró la UVM la receta secreta de la permanencia emprendedora? Es posible. Tal vez el Santo Grial de la sobrevivencia de los pequeños proyectos sea la combinación del estímulo económico –para invertirlo en la iniciativa– junto con la asesoría y capacitación –en áreas como liderazgo, diseño de proyectos y mercadotecnia social– que ofrece a los ganadores.

La red se vuelve aún más grande, pues el Premio UVM se otorga en sociedad con la International Youth Foundation, la organización líder a nivel mundial en cuanto a capacitación juvenil.

Para Durán, el éxito del Premio UVM y de sus ganadores radica también en el interés creciente de los jóvenes por contribuir a mejorar su entorno.

“Cada vez hay más emprendedores por causas sociales, les importa su contexto y cómo hacer las cosas de una manera productiva por la sociedad y el bien común”.

Jugar y aprender en la Central de Abastos

Dina Buchbinder recuerda sus años de escuela con un poco de amargura. “Yo me aburría todo el tiempo, menos cuando jugaba; y cuando jugaba me sacaban de la clase”, evoca. A pesar de ello, Dina presume una historia académica impecable, con su licenciatura en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), su maestría en la Escuela de Gobierno de Harvard y otros diplomas que adornan su pared.

Sin embargo, su espina quedó ahí y sus ganas de cambiar el aburrimiento por el juego seguían intactas. “Empecé en 2007 el proyecto con un amigo, con mu-?chas ganas de formar otro tipo de ciudadanos y, con esa convicción, empezamos a trabajar en el sector educativo muy de la mano de maestros y papás”, cuenta.

Así nació Educación Para Compartir, uno de los proyectos que se ha?adjudicado el Premio al Desarrollo Social de la UVM.

El propósito es formar docentes para que obtengan otras herramientas partiendo de actividades lúdicas, de forma que sus alumnos se sientan escuchados y valorados. Y claro, que no se aburran mientras aprenden.

La iniciativa empezó, en su programa piloto, en escuelas de la Central de Abasto y de la zona de Polanco, en Ciudad de México; hoy alcanza a seis países, a través de un programa que incluye deportes, ciencia, arte y proyectos cívicos.

Por una Ciudad Juárez sin violencia

Entre 2008 y 2009, Ciudad Juárez fue considerado el territorio más mortífero del mundo: primer lugar entre las ciudades más violentas del orbe. Ante ese gris y rojo panorama se empezaron a cocinar múltiples iniciativas sociales de jóvenes que creían todavía en la posibilidad de avanzar en algo más que no fueran balas y muerte. El proyecto Re, y su brazo social SerVers, fue uno de ellos.

“Es un programa formativo que dura hasta tres años en donde jóvenes de 18 a 23 años viven una metodología de desarrollo y actividades para la vida a través de aprendizaje vivencial y con un componente multiplicador: los chicos, al tiempo que están recibiendo formación en liderazgo en impacto social y en las competencias que tienen que ver con la transformación del entorno, viven también formación en el aspecto humano”, dice Karla Reyes, directora de SerVers.

Si Ciudad Juárez duerme hoy con mayor tranquilidad que hace ocho años es gracias a aquellos que, antes que huir, trabajan por la realidad que quieren ver. 

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