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El creador de memorias para que nunca olvides a tus muertos

Héctor Díaz emprendió en una industria con clientes seguros: la muerte. Ahora busca inmortalizar la historia de las personas con material audiovisual. Esta es su historia.
El creador de memorias para que nunca olvides a tus muertos
Crédito: Cortesía
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Desde que tuvo memoria, Héctor Díaz siempre quiso incursionar en el mundo de la actuación. Pero un día su abuelo se puso muy grave y fue internado en el hospital; el miedo de que muriera y no quedara ningún recuerdo de él, lo motivó a emprender un arte poco convencional: plasmar en imágenes y video las historias de las personas para que no fueran olvidadas por sus familias.

Hoy, la empresa “Héctor Díaz, el arte de preservar recuerdos”, quiere ser el biógrafo de las personas y contar su vida en diferentes materiales visuales: documental, biografía, álbum interactivo, árbol genealógico y vídeo póstumo.

“Logramos que historias admirables no queden en el olvido y que inspiren a cualquier ser humano, sin importar sexo, edad, nacionalidad, estudios, religión, trabajo o posición económica”, asegura en entrevista el emprendedor de 30 años de edad.

Aunque, según el Banco de México, la esperanza de vida pasó de 34 años en 1930 a casi 77 años en 2014, la muerte es un final inevitable que podría hacer crecer este negocio. De hecho, la cifra de defunciones ha ido en ascenso, pues la última cifra registrada hasta 2015 es de 655,688, es decir, 63,670 mayor que el de 2010, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Héctor Díaz debe darse prisa para estar listo y aprovechar el negocio de la muerte en el país, ya que enfrenta una dura competencia por parte de empresas nacionales e internacionales que también prometen eternizar el recuerdo de los seres queridos.

De cocinero a contador de historias

Héctor Díaz es originario de Ciudad Juárez, Chihuahua. El gusto por contar historias lo llevó a pensar en dedicarse a ser escritor, pero creyó que la actuación era un camino mejor.

El joven estudió en Ciudad de México un curso para cine y televisión impartido por el actor Luis Felipe Tovar, el cual duró un año. Después viajó a Los Ángeles, California, para seguir con su preparación, pero se dio cuenta que tampoco era el camino adecuado, pues sentía que ese trabajo era muy solitario.

Así que decidió iniciar un negocio, pero estaba consciente que comunicárselo a su familia iba a ser complicado, pues le generaba un sentimiento de remordimiento. “De alguna forma sentía que había defraudado a mi familia porque ellos me dieron todo el apoyo”, recuerda el emprendedor.

Tratando de dejar las historias y la actuación decidió irse a vivir con su hermano, quien estudiaba en Guadalajara. Con un poco de su propio dinero, el joven actor tomó la decisión de emprender un negocio de comida mexicana en esa ciudad. “Cometí un error: me puse a trabajar en algo que no me apasionaba porque sólo lo hacia por dinero”, afirma Héctor.

Pero un llamada de Ciudad Juárez cambió el rumbó de sus planes. Su abuelo, enfermo de gravedad, parecía estar a punto de morir en el hospital: “Me dio mucho coraje porque yo admiro a mi abuelo y siempre le decía que su historia de vida era muy buena, que tenía que preservarla, pero él siempre me daba largas. Cuando creí que estaba a punto de morir pensé: esto no se puede quedar así”, platica el empresario.

La intención de Héctor no era hacer la historia de su abuelo para venderla en alguna librería, sino preservarla dentro de la familia. “Hablé con mis tíos y les propuse contratar a una empresa que hiciera ese trabajo. Para mi sorpresa, hace cinco años, no había nadie que se dedicara a eso”, recuerda.

Con los recursos que tenía, una cámara sencilla DSLR Nikon d5200 y una computadora portátil iMac, decidió hacer la historia de su abuelo en video. En ese momento, surgió la idea de convertir un arte en negocio: crear una empresa encargada de inmortalizar la historia de las personas en una memoria multimedia para que los pudieran recordar su familia y las futuras generaciones.

Aquel negocio de comida rápida sólo estuvo activo por tres años. “Me di cuenta que en México no había este tipo de empresas. Así que me armé de valor, cerré el negocio de la comida y me aventé a iniciar el negocio de las biografías”.

Recuerdos digitales

Para poder dedicarle toda la atención a su idea de contar historias tenía que deshacerse del restaurante, el cual no pudo traspasar y no le quedó de otra que mal vender todo el equipo y, sólo así, logró liquidar a los empleados.

En casa, con su cámara y computadora, comenzó a trabajar. “Cuando estás innovando no hay a quién copiarle, no como en el caso de otros emprendimientos que puedes apoyarte en lo que ya está hecho. Fue ahí donde me di cuenta que emprender era difícil, se necesita de disciplina y esfuerzo”, recuerda Héctor.

Su trabajo comenzó desde investigar y entender cuál era el significado de una “biografía”, cómo se redacta hasta su edición y los procesos más complejos que conlleva el inicio de un nuevo negocio. Conforme la empresa empezó a crecer, se hicieron áreas especializadas: redacción, corrección, diseño editorial, edición, community manager, ventas y demás.

Este trabajo, dice, se hace muy cercano a la familia, ya que además de entrevistar al protagonista, se involucran a las personas más cercanas, parientes, amistades y otros colaboradores.

El producto más ambicioso es el documental, que se conforma por investigación, guión, entrevistas, digitalización de videos y fotografías, voz, edición, corrección de audio y color, musicalización, y todo se entrega en una memoria USB. Éste se puede ver en cualquier dispositivo electrónico o televisor, es transferible y de alta fidelidad.

Cada elemento que trabaja la empresa (libros biográficos, álbumes interactivos y árbol genealógico) tiene un tiempo de entrega estimado que va desde los 45 días hasta los seis meses, dependiendo el producto. Los trabajos llevan un proceso de investigación, digitalización de documentos y entrevistas.

Costos de los productos multimedia:

  • Documental: 200,000 – 600,000 pesos
  • Biografía: 200,000 – 600,000 pesos
  • Álbum interactivo: 10,000 pesos
  • Árbol genealógico: 6,000 pesos

¿Diamantes o memoria multimedia?

Estos productos están dirigidos para un sector de clase media alta. Durante los cinco años que lleva operando este negocio ha trabajado con 50 familias, es decir, cerca de 10 proyectos por año. A simple vista, no tiene una competencia directa que haga este tipo de trabajos en México o Latinoamérica.

Dentro de los planes a futuro que tiene la empresa “Héctor Díaz, el arte de preservar recuerdos”, es seguir consolidándose, contar más historias y salir de México. Sin embargo, una de sus debilidades es no tener ninguna alianza con las grandes empresas funerarias en México, como Grupo Gayosso y J. García López, quienes también buscan innovar en la industria de la muerte.

La funeraria J. García López ofrece con la empresa suiza Algordanza rendir homenaje a los difuntos mediante un diamante hecho con las cenizas del propio fallecido.

La joya tiene un precio que oscila entre los 22 mil pesos y hasta 300 mil pesos, según el quilataje. Héctor tiene una competencia de lujo cuando se trata de preservar el recuerdo de los seres queridos.

Hoy, el emprendedor planea regresar a su natal Ciudad Juárez para rehacer la historia de su abuelo, quien aún vive, pero ahora con más recursos, más experiencia y con más amor.

Héctor está seguro del poder de las historias y cree que el inevitable final del ser humano no puede borrar toda una vida de recuerdos. La muerte puede ser vencida a través de la memoria multimedia. “Tu vida no es para siempre; tu historia sí.”

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