Dos etapas que vivirás como emprendedor antes de llegar al éxito

¿Siempre has soñado con tener éxito en cada cosa que hagas? Entonces no te vayas, estas líneas están escritas precisamente para ti.

Cada vez que comenzamos un proyecto o un nuevo camino, esperamos los mejores resultados, sin contar o evaluar los probables (vaya que son probables y de hecho necesarios) obstáculos que se nos van a presentar en el trayecto, dificultades que sin lugar a dudas forjarán carácter en cada uno de nosotros y nos blindará ante la vida misma. 

Ahora bien, ¿conocemos verdaderamente el significado de ser exitoso? ¿Realmente sabemos cuándo logramos el objetivo? Es casi imposible, normalmente atribuimos el éxito a la fama y al dinero, al reconocimiento mundial por una actividad o logro, de hecho, la palabra éxito es cada vez más usada en el deporte de alto rendimiento y en empresarios con compañías altamente productivas o, en su defecto, los encargados de puestos muy altos en empresas reconocidas como, por ejemplo, Apple o Microsoft, que pocas veces muestran el sacrificio, pero al que todos le aplauden cada producto nuevo. 

Pero el éxito, sin lugar a dudas debe ir más allá, es imposible que después de tanto luchar y esforzarte, la tan ansiada cima sólo sea una montaña de reconocimientos y bienes, cosas materiales y superficiales que nunca van a dar un verdadero sentimiento de plenitud, de estar completos, ante lo que puede significar el más grande logro de tu vida ¿De verdad después de tanto tiempo sólo estabas esperando dinero y que te pidan una foto? 

¡Mentira! Llevas toda tu vida luchando por conseguirlo, por llegar al punto de no retorno en tus metas e ideales y de pronto sólo consigues que al parecer, el éxito es ser millonario y famoso, a pesar de poder encontrarte totalmente solo y no conocer ni a la mitad de las personas que tanto hablan de ti, principalmente queriendo ser como tú. 

Esto sucede porque realmente no has conseguido el éxito, no estás en la cima de la montaña todavía y es necesario que sigas subiendo, o en su defecto, que comiences a abrir tus ojos para darte cuenta que lo que tanto has buscado estaba más cerca de lo que pensabas y diste más vueltas de las necesarias. 

Paciencia. Esa es una palabra clave en este tipo de procesos en los que el tiempo y el esfuerzo parecen eternos en comparación a las recompensas, esas que jamás ves llegar, pero es precisamente por esperarlas demasiado, por hacer las cosas en busca de un beneficio demasiado grande, siempre a cambio de un mínimo esfuerzo. Eso precisamente es lo que está mal en esto, querer obtener riquezas y tesoros sin tirarte al mar en busca de los mismos. 

Conseguir una meta no es fácil, de hecho, el esfuerzo que demanda alcanzar los sueños siempre está sujeto a muchas variables que se presentan en el camino y es lo que nos hace entender desde el comienzo que el éxito no es inmediato, que lleva su tiempo, un proceso largo que debe forjarse con base en el trabajo y la paciencia. 

Antes de conocer el éxito pasarás por dos etapas muy importantes e inevitables en nuestra vida, que son el crecimiento y la evolución interna, la primera, una etapa ineludible, la segunda, una necesidad para ser justo lo que queremos. 

1. Crecimiento 

Esta etapa de nuestra de vida es sin duda, la vida misma. Nacemos pequeños, demasiado pequeños e indefensos ante un mundo cada vez más complicado y evolutivo que en cualquier descuido nos come. 

Al igual que durante nuestra infancia, deseamos con mucho fervor crecer para ser adultos y por fin (según aquella inocente perspectiva) hacer lo que queramos en cualquier momento. Alcanzar el éxito conlleva un periodo de ansiedad y desespero muy difícil de controlar que sin duda nos lleva a tomar decisiones precipitadas en muchas ocasiones. 

La paciencia forma parte fundamental, ya que el éxito no es inmediato y al igual que nuestro crecimiento, conlleva un proceso natural que demanda esfuerzo, golpes y aciertos que conforman el aprendizaje necesario para alcanzar el objetivo y una vez allí, enfrentar las nuevas responsabilidades de manera adecuada. 

2. Evolución interna 

Cuando decidimos emprender en determinadas áreas o proyectos, buscamos objetivos a los que muchas veces, no le trazamos un plan adecuado, y no damos un seguimiento óptimo para resultados adecuados. 

Lo mismo pasa con nuestro ser, si no tomamos en cuenta nuestro cultivo espiritual y crecimiento interno, de nada nos servirá llegar a la cúspide en un día o en un siglo, porque lo realmente importante, no es llegar, sino permanecer, más que ser el mejor un momento, es quedar siempre entre los mejores, perdurar entre aquellos que con plenitud, paz y tranquilidad, lograron sus metas. 

A sabiendas de esto, el éxito comienza a dispersarse como aquella figura en la que nos rodea el dinero, los yates, los lujos, que no son malos, pero que de nada sirven ante lo vacío de la estancia en lugar, ante la ausencia de musas que nos permitan mejorar, aun cuando podamos ser ya los mejores. 

Es importante saber que intentar acelerar las cosas solo puede generar abruptas caídas de los avances que llevamos en proceso, incluso, de los que ya hemos conseguido, podemos destruir por completo nuestro trabajo de años. 

Si quieres ser emprendedor, tener éxito, llevar tus cuentas a límites superiores, sentirte completo/a y gritar al mundo que de tu ingenio surgió la idea de llenar el planeta con un proyecto estable y salvador, también debes saber que todo llega en su momento, que del apuro sólo queda el cansancio y que en la paciencia, yace el más grande de los tesoros para el ser humano, que saber esperar jamás hará quemar el tiempo y que únicamente reconociendo que no estás listo aún, estarás preparado entonces para recibir la recompensa por la que has luchado, sin más atajos, sin más salidas, ya estás allí, ahora te toca continuar y mejorar, para poder mantenerte.

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