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Cuando un #epicfail se convierte en un #epicwin

Ante un error, la capacidad de reacción y la atención inmediata marcan la diferencia.
Cuando un #epicfail se convierte en un #epicwin
Crédito: Depositphotos.com

Errare humanum est. Los romanos definen la posibilidad de equivocarnos de manera clara y concisa con esta frase. Y es que todos hemos cometido errores, ya sea de comunicación, de cálculo, de operación, resbalones, “metidas de pata” y hasta #epicfails (fallos épicos). Estos últimos pueden clasificarse como desastres en toda la extensión de la palabra o convertirse milagrosamente en #epicwins (triunfos épicos).

Aquí dos ejemplos. Cuenta la leyenda que en 1885, en la capital de Oaxaca, la niña de 14 años Leobarda Castellanos descuidó la producción del queso en la cocina.Lo dejó más tiempo en la estufa y se cuajó. Espantada del regaño que recibiría por fallar a la receta,vertió agua caliente para salvarlo, pero salió peor: el queso comenzó?a alargarse. La muchacha hizo un lazo y comenzó a enredarlo como?si fuera una bola de estambre. Así fue como nació el “queso Oaxaca”, conocido en la zona como “quesillo” o “queso de hebra”.

Casi 100 años después, el 26 de septiembre de 1983, la humanidad se salvó de sufrir un ataque atómico. Las consecuencias hubieran sido catastróficas de no ser porque el destino puso a Stanislav Petrov como guardia de seguridad de los sistemas de alerta temprana que detectaban la cercanía de misiles en la Unión Soviética.

Esa mañana, Stanislav vio cómo se encendía una alarma en su radar, proveniente de un misil lanzado por Estados Unidos. Según el protocolo, él tenía que informar al área militar competente para repeler la agresión con más misiles; en cambio, se quedó sentado, esperando a que llegara la primera bomba. Al instante, 29 alarmas más sonaron en el monitor. El guardia pensó en el daño que podrían causar, pero algo en su interior le decía que era un error. Pasaron algunos minutos y... nada. No había caído una sola bomba.

Petrov no terminaba de entender que algo o alguien hubiera entrado en su sistema de radares, y eso era aún más penoso que tratar de explicar a sus superiores por qué no había movido un dedo ante el peligro.

Lo ocultó e incluso minimizó el riesgo en la bitácora, anotando una “falsa alarma”. Unos años después, confesó lo ocurrido. Ese error es considerado hoy un verdadero acto heroico. Aunque se llevó una fuerte reprimenda por parte del gobierno ruso, el guardia está seguro que ese día salvó a la humanidad de una verdadera catástrofe.

Tanto Leobarda como Stanislav podían haber seguido instrucciones. Y a pesar del error cometido, las consecuencias fueron positivas en cada caso, gracias a dos puntos básicos que forjan la diferencia entre un #epicfail y un #epicwin: la atención inmediata del problema y la capacidad de reacción de los responsables. Ninguno de los dos se detuvo a pensar de más, sino que actuaron conforme al conocimiento y la experiencia que hasta ese momento tenían. Leobarda en Oaxaca echó agua caliente y Stanislav en Rusia permaneció quieto. Se trató de dos alternativas que son válidas y que definieron de manera diferente la historia del queso y de la humanidad, respectivamente.