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Historia del niño que siempre quiso una avalancha

La siguiente es una historia real que cuenta cómo los sueños no realizados de un niño pueden convertirse en la lección de vida para alcanzar tus sueños de adulto.
Historia del niño que siempre quiso una avalancha
Crédito: Depositphotos.com

De niño, cada 5 de enero, le pedí a los Reyes Magos una avalancha, pero nunca me la trajeron. Supe la razón cuando tenía casi 11 años —sí, aún creía en ellos a esa edad—. Esa mañana del 6 de enero, mis hermanos y yo nos despertamos con la sorpresa de que nuestros zapatos estaban vacíos. Los monarcas de Oriente nos habían olvidado.

Estuvimos tristes toda la mañana hasta que, alrededor de mediodía, mi papá entró en la casa cargado de juguetes de plástico: camioncitos de refrescos, uno que otro superhéroe, además de una muñeca y un juego de té para mi hermana. “Los Reyes Magos me pidieron que los disculpen, pero tuvieron mucho trabajo anoche y nos les dio tiempo de llegar”, nos dijo mi papá con cara de agobio.

Ese día, con un nudo en la garganta, supe que los Reyes Magos no existían. También me di cuenta que mi papá hacía grandes sacrificios cada año para no dejarnos sin juguetes, y que nunca le alcanzó para traerme mi avalancha.

La frustración de cada año, al no ver llegar mi avalancha, se transformó en comprensión y agradecimiento con mi padre. Fue gracias a él, que aprendí a luchar por lo que quería y a trabajar duro.

Muchos años después, recién egresado de la carrera de Periodismo, soñé con otro tipo de avalancha. Mientras leía revistas completas en un Sanborns —no tenía dinero para comprarlas—, me topé con una edición de Entrepreneur. La leí casi entera y admiré a la mujer que ahí aparecía como “directora editorial”.

Cuando devolví la revista al estante, suspiré y me pregunté qué tendría que hacer para dirigir esta revista algún día.

Hoy, a muy poco de cumplir 42 años, tengo la oportunidad y fortuna de conducir esta segunda avalancha que esta vez sí llego: Entrepreneur. Gracias, papá.

Con esta breve historia, inicio este microblog mensual, desde la mirada de un periodista de negocios, pero también desde la óptica de un “emprendedor de clóset”, como yo mismo me defino: alguien que trabaja para una empresa, pero que todos los días sueña con emprender por su cuenta.