De zombis y startups: cómo evitar que se "chupen" tu idea

¿Por qué George Romero no se hizo ridículamente millonario con Night of the Leaving Dead y las regalías de todas las adaptaciones? Por un error de registro muy estúpido.
De zombis y startups: cómo evitar que se "chupen" tu idea
Crédito: Depositphotos.com

El 16 de julio de este año falleció el cineasta George Romero. Si no te suena el nombre, Romero dirigió y coescribió en 1968 la película de culto Night of the Living Dead. Si todavía no sabes quién fue, sin temor a equivocarme te puedo decir que este director de cine creó al zombi como lo conocemos.

Antes de que Romero llegara a revolucionar el cine de horror, el típico zombi era una especie de robot humano que seguía órdenes como consecuencia de haber sido embrujado. Desde Night of the Living Dead, el concepto cambió drásticamente y la criatura se convirtió en un muerto caminante comedor de carne humana, al que solo puedes matar destruyendo su cerebro. ¿Te suena conocido?

El “Romero zombi” ha sido tan popular que marcó un antes y después en todo tipo de películas, series de televisión, obras de teatro, videojuegos, cómics y libros. Y aunque todo buen cinéfilo le atribuye a Romero la invención de tan popular personaje, se dice que –brace yourself aquí viene lo terrorífico del caso- Romero no recibió un centavo por su primer, y muy taquillera, película de zombis.

No solo eso, cuenta la leyenda que tampoco recibió pago alguno de las personas que continúan explotando a su zombi (o variaciones de este). Aunque series como The Walking Dead o películas como Resident Evil tengan una historia propia, se podrían considerar obras derivadas del “Romero zombi” si el concepto se hubiera registrado adecuadamente.

¿Y por qué Romero no se hizo ridículamente millonario con Night of the Leaving Dead y las regalías de todas las adaptaciones de su zombi?

En pocas palabras y para no matarlos del aburrimiento, por un error en el registro de la película. La distribuidora registró la obra de Romero bajo el nombre Night of the Flesh Eaters. Acto seguido, los realizadores se arrepintieron y cambiaron el nombre a Night of the Living Dead, y –pequeño gran detalle- ese cambio no fue registrado.

Cuenta la leyenda que por haber omitido registrar el cambio de nombre de la película, las leyes norteamericanas de ese entonces preveían que la obra era del dominio público. Y por ello, es que esa película se vendía (antes de que el millennial acabara con el DVD) en supermercados estadounidenses a precios ridículamente bajos y por muchas distribuidoras.

Ahora bien, la historia de George Romero acabó bien. Hizo muchas películas de zombis, forjó una carrera muy exitosa en el cine y vivió muy bien con el dinero que recibió de sus múltiples producciones (ahora sí, bien registradas).

Sin embargo, ¿cuántos emprendedores no han corrido con la misma suerte que Romero?

Cada vez son más los startuperos que saben de la importancia de blindarse jurídicamente. Pese a ello, sigue existiendo una reticencia por parte del emprendedor a acercarse a un abogado al empezar su negocio.

Algunas de las razones son:

  • Altos honorarios legales y trámites costosos;
  • Poco interés del abogado por asesorar al emprendedor que recién inicia;
  • No saber distinguir la delgada línea que divide la cultura del do it yourself de la negligencia emprendedora;
  • La percepción que tiene el emprendedor del abogado como un extinguidor de problemas en lugar de visualizarlo como un aliado que puede ayudar a prevenirlos; y
  • La priorización del emprendedor de otros gastos antes que el de blindar jurídicamente a su startup.

El ejemplo del zombie de Romero es ilustrativo de que los emprendedores ahora no solo tienen que cumplir con lo mínimo indispensable en la protección legal de sus proyectos. La competencia cada vez está mejor preparada y hay que cuidar íntegramente los aspectos legales de sus startups.

Ya no basta con solo tener un acta constitutiva y el registro de tu marca, así como no le bastó a Romero con el registro del primer nombre para Night of the Living Dead. Son cada vez más las personas que se animan a emprender un negocio y solo las mejor preparadas salen avante. Sigamos haciendo bootstraping pero apliquémoslo inteligentemente.

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