El patriarca y la heredera que nunca temieron al cambio

A los 17 años, Frank Devlyn se integró al negocio familiar y lo convirtió en un imperio llamado Grupo Devlyn. Hoy le toca a su hija, Melanie, sortear las turbulencias y llevar a la empresa al siguiente nivel.

A su oficina en la colonia Polanco de Ciudad de México entran ejecutivos trajeados y elegantes. Todos lo saludan con un beso en la mejilla e, incluso, con un abrazo. Parece una escena sacada de El Padrino, de Francis Ford Coppola. Frank, de 77 años y cabellos rubios, mide casi dos metros de alto, viste traje y usa lentes de pasta gruesa. Es el patriarca de la familia Devlyn. Quienes lo saludan cálidos son los directivos de la empresa –que son también sus sobrinos– junto con su hija Melanie, quien heredó el imperio de ópticas y lentes que vio sus inicios en el negocio de sus abuelos, formado por apenas cinco ópticas.

A la edad en que muchos niños prefieren jugar en la calle, Frank ya armaba armazones para lentes. A los 17 años cerró una alianza con Sears Roebuck para llevar sus lentes a Guadalajara, Tampico y Monterrey. Fue ahí, a finales de los años 50, cuando inició el despegue de Grupo Devlyn, hoy la cadena de lentes y ópticas más grande de Latinoamérica con más de 1,200 sucursales en México, Estados Unidos, Guatemala y El Salvador, da servicio a 200,000 clientes al mes y emplea a más de 5,000 colaboradores, 12 de los cuales son miembros de la familia.

Su padre murió cuando Frank apenas pasaba de los 20 años y tuvo que hacerse cargo de la empresa. Mientras el imperio de don Corleone se basó en las trampas y el miedo, el de Devlyn tuvo sus cimientos en el amor, la adaptación y la superación de muchas crisis.

“Soy una persona que se ha enfrentado a todos los cambios que ha tenido México: primero, cuando no se podía comprar absolutamente nada y, luego, a la apertura que trajo la globalización. He sabido cómo cambiar con los tiempos”, dice el empresario.

Gracias a esta habilidad y a la innovación constante, Frank ha logrado mantener fresca a una empresa con 81 años de historia para que permanezca en el gusto de un mercado en constante transformación. Y es que aunque es líder en su ramo, hoy startups con propuestas de negocio innovadoras y precios asequibles están forzando a este gigante a cambiar su estrategia y a fortalecerse, ahora bajo el mando de la tercera generación familiar, a cargo de Melanie Devlyn, hija del patriarca.

Aún hay muchas turbulencias por venir para este emprendedor de 77 años y su familia, pero la dupla no tiene duda de que con el cambio constante se fortalecerán y saldrán vencedores.

La óptica en la sala de la casa

Frank aprendió desde muy chico que el éxito no nace sólo de un sueño, sino del trabajo duro. Su padres, Frank Sr. y Melva, arrancaron dando consultas y exhibiendo sus mercancías en la sala de su casa en Ciudad Juárez, Chihuahua. Incluso, cruzaba la frontera en El Paso para traer cajas de dulces que luego vendía entre los niños de su vecindario, de puerta en puerta.

Frank siempre fue un tipo con suerte. Un día, mientras visitaba Ciudad de México en busca de oportunidades de negocio, fue contactado por representantes de American Optical, la mayor fábrica de armazones del país en aquel momento. Le ofrecieron comprar la factoría, pero no tenía dinero suficiente, por lo que pidió un préstamo y negoció con la firma para hacerse de la mayor óptica del país, ubicada en el Centro Histórico. 

Desde entonces, él y sus hermanos Jesse y Patrick llevaron a su empresa a tener un crecimiento incomparable, gracias a su habilidad para moverse al ritmo que les marcaba la vida.

“El mundo de los negocios es así. Hay que saber cómo cambiar y adaptarse a las circunstancias. Estamos listos para enfrentar lo que venga”, asegura el patriarca. Por eso, su lema personal es ”innovar y cambiar con los tiempos”.

Ahora, más que nunca, la empresa tiene el reto de mantenerse fresca.Modelos de negocio de emprendedores como Ben & Frank y Grupo ICH, que ofrecen lentes a precios más accesibles y tienen la capacidad de dar golpes de timón cuando sea necesario, podrían quitarle parte del mercado.

"¿Ya tienes tu green card?"

El padrino de Coppola es un hombre que no ofrece favores ni mucho menos tratos. Sin embargo, cuando conoces a Frank Devlyn no puedes escapar de dos cosas: escuchar una curiosa anécdota con su voz profunda y recibir lo que él llama una green card, un pañuelito para limpiar lentes con el logo de la compañía.

El patriarca bonachón, quien fue reconocido en 2016 con el premio de Emprendedor del Año de EY México, y representó al país en el EY World Entrepreneur Of The Year 2017 en Mónaco, Italia, promueve todo el tiempo el nombre de la empresa con una gran alegría. No es para menos: cada año, Ópticas Devlyn abre entre 40 y 60 tiendas, cuenta con almacenes de distribución de productos ópticos –como el de Vallejo, en CDMX, de 8,000m2–, seis centros quirúrgicos y una cadena de laboratorios de tallado de superficies y biselado de lentes. Además, en 2014, se fusionó con Ópticas del AH, propiedad de Linzor Capital Partners, que ahora posee el 23% de las acciones.

Sus anteojos pueden ser adquiridos en tiendas como Bodega Aurrera, Chedraui, City Club, Coppel, Soriana, Sam’s Club y Walmart. La compañía todavía puede crecer, pues de acuerdo con Essilor, uno de los mayores fabricantes de micas en México, se venden 20 millones de lentes al año. Y, según la Encuesta Nacional de Hogares 2014 del Inegi, 16.9 millones de mexicanos vive con alguna clase de impedimento visual, lo que hace a este mercado uno con gran potencial.

Frank no se queda tranquilo con lo que ya ha logrado. Fanático del cambio, el patriarca asegura que Devlyn está apostando por plataformas de ecommerce más robustas para acercar al público los productos correctos, aumentar la cultura de la higiene visual y expandir su presencia de marca en los nuevos mercados a los que entra.

“Tenemos toda una división en ecommerce con mi sobrino Andrew al frente, y sabemos que es de vital importancia porque queremos seguir a la vanguardia en cualquier otro cambio tecnológico que venga”.

No es un esfuerzo estéril; según la Asociación Mexicana de Internet (Amipci), el comercio electrónico facturó 257,000 millones de pesos de 2014 a 2015. El grupo también reconoce que las ofertas de mercado se están diversificando, por lo que ha desarrollado diversas propuestas para responder a los modelos de emprendedores.

Por ejemplo, con las ópticas de gama alta Vetro, un “conserje” ayuda al cliente a con- seguir armazones de firmas como Cartier, Salvatore Ferragamo, Gucci, Armani y Fendi. Con INMODA ofrece marcas de diseño a precios más accesibles, y con Optimar conecta al usuario con productos de costo marginal. Pero más allá de todas las innovaciones y adaptaciones, Frank asevera, sin titubear, que la clave del éxito de su compañía ha sido, y es, cuidar la experiencia del cliente. “Mi madre falleció a los 92 años. Todavía tenía su propia óptica, la primera que fundó mi padre, y ella siempre daba atención personalizada. Ese trato es lo mejor que puedes dar para tener clientes de por vida. Llevamos ese principio en todas nuestras operaciones”.

La heredera del patriarca

Entre los reconocimientos que tiene Frank en su oficina por su labor empresarial y por su trabajo en el Club Rotario, se asoma el rostro de una mujer joven, pelirroja y sonriente que lo acompaña. Ella es su hija Melanie, la heredera del hombre fuerte de Devlyn.

Hoy le toca a ella llevar el negocio familiar a sortear las próximas crisis y cambios, siempre cuidando que se cumplan las normas de la empresa y la familia, para lo cual no pierde ni un detalle de su padre. Lo mira con admiración, pues no sólo es su progenitor, sino su maestro. Melanie es presidenta del Consejo de Administración de Grupo Devlyn desde hace seis años, cuando recibió las riendas de la empresa de manos de su padre.

“Las reglas nos han ayudado a poner las cosas en contexto al ser primos y colaboradores. Hacen que todos se sientan igual de comprometidos de trabajar por el negocio”, dice Melanie.

“Las empresas familiares suelen fracasar al momento de planear el proceso de sucesión porque no saben separar los papeles de cada miembro”, explica Yudiel Guerrero, consultor en la profesionalización de pymes y profesor en el Instituto Entrepreneur. Y es cierto: sólo el 16% de las empresas familiares tiene un plan de sucesión bien estructurado, según cifras de la Encuesta a Empresas Familiares México 2014 de la consultora PwC.

“Un negocio crece y se institucionaliza. El no tener claros los niveles de decisión entre el Consejo Familiar y el Consejo Administrativo es el error más común y letal para estas empresas”, señala el experto. Para Melanie, quien comparte el timón de las ópticas con sus primos Michael (director general) y Patrick (director de operaciones), el mayor descuido en el que pueden caer los directivos y emprendedores de negocios de este tipo es la falta de disciplina. “Ésta es la clave del éxito de cualquier empresa familiar. Tiene que haber un momento de claridad y seriedad en el que empiezas a tratar con mucho respeto a la compañía. Y la mejor manera de hacerlo es con normas que se conozcan, trabajes o no en el negocio”.

En su búsqueda por institucionalizarse, hoy el clan Devlyn cuenta con un Consejo Familiar que organiza asambleas una vez al año para discutir los temas que aquejan a los más de 40 miembros de la familia. A la par, la empresa cuenta con un Gobierno Corporativo sólido que vela por la consecución de los acuerdos a los que se comprometen todos los colaboradores del grupo, sean parientes o no.

Melanie refleja en sus ojos el mismo orgullo y sabiduría de su padre. Sabe que así como Frank reconoció cuándo era preciso ceder el mando, a ella también le llegará su momento. “A veces vale más la pena tener esas pláticas incómodas y hablar. No es un castigo hacerte a un lado cuando tienes cierta edad porque tienes que ver por el negocio. Yo ya sé que a los 65 años me tendré que retirar”.

El cambio generacional nunca es un proceso sencillo, pues según Fernando Sandoval, director del Centro de Familias Emprendedoras del ITESM, el 70% de las em- presas familiares desaparece cuando pasa de la primera a la segunda generación, mientras que a la tercera sólo llega el 10 por ciento. “El problema más usual que enfrentan estas empresas con la sucesión es asegurar un liderazgo competente para que puedan mantenerse la familia y la compañía. Muchos fundadores tratan de replicar su liderazgo en las nuevas generaciones y por eso fracasan”, refiere el experto.

Por eso, la heredera de Grupo Devlyn sabe que el camino que le falta andar a la empresa debe estar muy conectado con lo que inició en la sala de casa de sus abuelos, siempre siguiendo el ejemplo de su padre, pero sin detener el cambio constante. Ahora, en una escena impensable en cualquiera de las películas de la trilogía de El Padrino, será Melanie quien reciba las muestras de respeto y los besos y abrazos de los ejecutivos trajeados y elegantes. La nueva matriarca de Devlyn sabe muy bien de dónde viene y para dónde va.

“Mis abuelos tuvieron el sueño de crear una cadena de ópticas. Mi papá se enganchó a la ilusión de su padre desde el primer momento que la escuchó. Ahora nosotros trabajamos para asegurar que la siguiente generación haga lo mismo”.

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