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Yo corrí con los ultramaratonistas rarámuris

Los hermanos Ramírez destacan por sus triunfos en las carreras de larga distancia y se han convertido en los corredores rarámuris que enorgullecen a México.
This story originally appeared on Alto Nivel
Yo corrí con los ultramaratonistas rarámuris
Crédito: Javier Rodríguez

Nota del Editor: Este texto pertenece al blog Kilómetro 42.

Bajo la oscuridad, y con una pequeña lámpara que apenas alumbra sus pasos sobre el Cerro Ehécatl, en Ecatepec, Lorena, Juana y Mario Ramírez trotan a paso veloz.

No corren por los caminos de su natal Chihuahua, pero el suelo y el viento reconocen sus pasos certeros en cualquier sitio. Su presencia es sinónimo de disciplina, velocidad e historia de un pueblo indígena que muestra con orgullo su origen.

Trotan en ascenso sobre una pendiente a una velocidad de 8 kilómetros por hora sin que su respiración se altere. Guardan silencio, ellas vestidas con su tradicional sipucha y sandalias, él con unos tenis viejos, un short y una playera ajustada.

Mientras otros corredores tropiezan con las piedras o resbalan en el lodo, los corredores rarámuris se mueven sin titubeos, con pasos perfectos.

Para un corredor normal, este terreno es complejo, pero ellos no reconocen dificultad en su recorrido. Este terreno es amigable si se le compara con la sierra de Guachochi, Chihuahua, el corazón rarámuri, en donde corren a través de estrechas veredas rodeadas de barrancos.

A unos cien metros de la parte más alta del Ehécatl, Mario se detiene. Desde ahí se ven las luces del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, también se observa el municipio de Texcoco, y el impresionante cúmulo de luces que muestra el crecimiento de Ecatepec, el municipio más poblado de México.

Él quiere subir más, pero el grupo de corredores prefiere apresurar el regreso. Desde ahí, a 2,500 metros sobre el nivel del mar, Mario recuerda a Guachochi. La altura es la misma: 2,500 metros, pero la vista es distinta: En su pueblo solo se observa la luz natural de la noche.

Para ellos correr es como respirar, es lo que hacen todos los días. Sin embargo, un evento reciente les cambió la vida, y desde entonces han estado bajo los reflectores como una fuente de inspiración y orgullo. Hoy, el mundo conoce su historia y los corredores se inspiran en ellos.

¡Victoria!

El pasado 29 de abril, el grupo de corredores Frogs Trail, encabezado por Orlando Jiménez, organizó como cada año el trail de Cerro Rojo, en Tlatlauquitepec, Puebla. Esta dura carrera de 50 kilómetros reúne a atletas de distintos países, que compiten por un premio de 6,000 pesos y la satisfacción de superar los obstáculos naturales que la prueba representa.

La sorpresa llamó la atención de medios locales e internacionales: la ganadora fue Lorena Ramírez, una rarámuri de 22 años, que compitió sin hidratación ni ropa deportiva, solo usando unas sandalias, falda tradicional y una playera. Su tiempo fue de siete horas y tres minutos.

Con esta indumentaria, Lorena logró cruzar ríos, subir sinuosas pendientes, y atravesar los poblados de Huaxtla, Tepehican, El Canal, Jiliapa Cerrito, entre otros, hasta llegar a la meta.

La foto de la corredora, en el primer lugar, con una indumentaria típica y junto a dos mujeres vestidas con ropa deportiva pronto se hizo viral. La noticia llegó a otros continentes, y Lorena fue invitada a correr el ultramaratón del volcán Teide, en Tenerife, la punta más alta de España.

Desde entonces ha realizado varias competencias, en las que también han destacado sus hermanos Mario y Juana, no con la misma fuerza que logró el triunfo de Lorena, pero suficiente para ser reconocidos por distintas autoridades, entre ellos el presidente Enrique Peña Nieto.

Hoy corren a mi lado por las veredas de Ecatepec, en Estado de México, y el recuerdo de sus aventuras acompaña a los hermanos rarámuris en el diálogo con otros corredores.

Con rumbo a Japón

Hace unos días, los hermanos Ramírez llegaron al Estado de México para conocer la Zona Metropolitana. Orlando los recibió, los guió por algunos sitios turísticos, y los invitó a realizar algo a lo que los rarámuris no se podían negar: correr por la noche.

Mientras comienza el descenso del Ehécatl, Mario cuenta lo que significa correr: “Es algo con lo que nacemos, que necesitamos para todo, para ir por la comida, al pueblo, y además nos gustan las carreras”.

Como ejemplo, él pone a su hermano de cinco años que, asegura, ya recorre solo los 14 kilómetros de ida y vuelta al pueblo más cercano a su casa. “Aún no los corre, pero lo hace caminando”, dice.

Su familia se dedica al cultivo, al ganado y a la pizca de manzana, pero todos son corredores, inspirados principalmente por su papá.

La travesía por el Ehécatl termina. Fueron nueve kilómetros para rodear al cerro y recorrer un tramo adicional en casi dos horas de trayecto debido a lo complejo del lugar, así como las ocasiones que el grupo de corredores de Orlando Jiménez se detenía para descansar o admirar los paisajes.

Mientras se toma un vaso de agua de jamaica posterior a la carrera, Mario presume que Lorena irá en octubre a correr un ultramaratón en Japón.

Pero antes de eso, algunas carreras locales y un tiempo más en la pizca de manzana, pues solo dura unos meses y los 200 pesos diarios que ganan por ello alimentan sus recursos para correr de nuevo, nutren los sueños de otros corredores que en la noche más oscura se han atrevido a desafiar los caminos con los nuevos héroes de la velocidad.

Texto escrito originalmente para Alto Nivel, con quien Entrepreneur en Español tiene un acuerdo de intercambio de contenido.

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