My Queue

There are no Videos in your queue.

Click on the Add to next to any video to save to your queue.

There are no Articles in your queue.

Click on the Add to next to any article to save to your queue.

There are no Podcasts in your queue.

Click on the Add to next to any podcast episode to save to your queue.

You're not following any authors.

Click the Follow button on any author page to keep up with the latest content from your favorite authors.

Emprendedor de clóset

Por qué debemos ser arrogantes, pero no vanidosos

Lograr un equilibrio entre la seguridad de saber quiénes somos y cuánto vale lo que hacemos, sin caer en la vanidad, pero manteniendo la humildad del que siempre quiere aprender, no es fácil. Es un gran reto no sólo para emprendedores, sino para todos nosotros.
Por qué debemos ser arrogantes, pero no vanidosos
Crédito: Depositphotos.com
Magazine Contributor
3 min read

This story appears in the October 2017 issue of Startups. Subscribe »

Arrogante y vanidoso. Esa impresión me dio la primera vez que vi a Vincent Speranza, director de Endeavor México. Alto, delgado, de barba cerrada y cejas pobladas, este francés parecía de esos actores de cine que nunca tienen tiempo para autógrafos.

Por supuesto que esa primera impresión fue un error. Claro que no tiene tiempo para autógrafos porque está trabajando en impulsar al nuevo "héroe local", ese emprendedor de alto impacto que transforme a la economía y a la sociedad mexicanas, cuyo proyecto tenga un efecto multiplicador de bienestar.

Por eso, dice Vincent, "en México, necesitamos emprendedores arrogantes, pero no vanidosos".

Para que un emprendedor tenga éxito, explica, necesita tener la suficiente arrogancia para saber que su idea de negocios es buena, que su proyecto ha pasado las pruebas necesarias y que ha estado dispuesto a pagar el precio de los rechazos y los fracasos.

Pero este emprendedor, aclara, jamás debe de actuar por vanidad, sólo por buscar el reconocimiento fácil, los reflectores de los medios o sentirse cool porque emprender está de moda.

Vincent es así: arrogante, pero no vanidoso. Sabe que, como dice, Nic Lamb, uno de los mejores surfistas del mundo, "la mejor forma de encontrar la satisfacción plena es darlo todo”. 

La charla con Vincent (la entrevista completa de Ilse Maubert la encuentran en nuestra edición de Entrepreneur octubre) me recordó que solemos encasillar a la gente sin conocerla.

Así me pasó cuando conocí a Sandy, Paty, Estelita y Lulú, las Tejearañas, como se llama su emprendimiento, a través del cual comercializan todo tipo de prendas de ropa y souvenirs tejidos por ellas mismas.

Las cuatro tienen más de 60 años, los cabellos blancos y las caritas llenas de arrugas. Se conocieron en una empresa en la que fueron contratadas para tejer, pero el dueño las estafó y nunca les dio un peso por su trabajo. Esta adversidad las impulsó a formar su propia empresa y salir adelante.

Lo que nunca olvidaré de las Tejearañas es su fuerza para levantarse de un fracaso más, su actitud decidida a no dejarse vencer y a aprender lo necesario para llevar su pequeña empresa al éxito, sin importar la edad física que tengan.

En estas mujeres de la tercera edad encontré lo que hoy es escaso en muchos talentos millennials: esa arrogancia-confianza de saber que sus ideas valen la pena y que harán lo necesario para alcanzar su sueño, pero también esa falta de vanidad para no pensar que ya lo han vivido todo y que ya lo saben todo. Y, claro, la humildad de saber que estamos aquí para servir.

Si quieres leer las anteriores historias de Emprendedor de Clóset, da clic aquí.  

Por qué un emprendedor tiene un poco de actor y aventurero