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Los ingenieros de la UNAM que le dan una segunda vida al unicel

Un grupo de ingenieros creó la primera máquina con tecnología 100% mexicana capaz de reciclar el unicel sin contaminar. Con su empresa Rennueva, procesan cuatro toneladas de este material al mes.
Los ingenieros de la UNAM que le dan una segunda vida al unicel
Crédito: Héctor Ortiz y Melissa Marquina de Rennueva // Fernando Díaz Vidaurri para Entrepreneur en Español
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Un viernes del año 2010, Héctor Ortíz y Jorge Hinojosa se encontraban comiendo en una cafetería de Ciudad Universitaria, cuando se percataron de que varias personas pasaban por los basureros recolectando vidrio, aluminio, envases de PET y cartón. Sin embargo, dejaban todos los empaques y recipientes de unicel.

Los dos ingenieros formaban parte de la Sociedad de Energía y Medio Ambiente (SOEMA) de la Facultad de Ingeniería de la UNAM y se habían propuesto crear algo que realmente tuviera impacto positivo al ambiente. Sin saberlo, tenían su materia prima frente a sus ojos.

El poliestireno expandido (EPS), conocido como unicel, es un plástico derivado del petróleo y es satanizado por que tarda años en descomponerse. La gente no lo recolectaba porque simplemente no se lo compraban y no lo hacían porque no existía un método eficiente que permitiera su reciclaje de forma rentable.

A partir de ese momento, los jóvenes comenzaron a investigar sobre el material y se dieron cuenta de que es uno de los seis poliestirenos más usados a nivel global. Tan sólo en 2016 a nivel global se consumieron cerca de 6.7 millones de toneladas de EPS, según la firma Ceresana. Y en México la cifra no es menor: la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) estima 125,000 toneladas anuales, de las cuales el 25% son para la fabricación de productos desechables para la industria alimenticia, mientras que el 75% restante se dividen en el sector de la construcción y embalaje.

Tras cuatro años de investigación, desarrollo y de perseguir recursos, los dos jóvenes junto con Melissa Marquina y Enrique Estrella crearon Rennueva. Se trata de una startup de alto impacto que desarrolló la primera máquina con tecnología 100% mexicana capaz de reciclar el unicel sin utilizar solventes. Hoy esta empresa procesa cuatro toneladas de EPS al mes (equivalentes a 1, 332,000 vasos) y cuenta con una capacidad de producción de hasta 24 toneladas diarias.

La batalla por el financiamiento

Pero convertirse en la primera stratup poseedora de un centro de acopio y una planta recicladora de unicel en Ciudad de México no ha sido tarea sencilla. Los cuatro ingenieros de profesión han enfrentado el reto de conseguir los recursos para echar a andar la idea de negocio y derribar los mitos en torno al unicel.

Héctor dice que se cree que este tipo de material no se degrada, pero contrario a lo que se piensa, “al igual que la mayoría de los plásticos, el unicel se fotodegrada en un lapso de entre 60 y 90 días si se deja al sol. El problema es el mal manejo del material y que se deja en rellenos sanitarios”, insiste.

De hecho, recuerda que las campañas de reciclaje iniciaron en la década de 1980 cuando el material se disolvía con d-limoneno y se transformaba en recubrimiento. Pero, posteriormente se empezó a utilizar tíner como solvente. “El problema es que esa sustancia es muy agresiva, pues llega a permanecer hasta 120 días en el ambiente, lo que además de contaminante hace poco eficiente el proceso”, comenta.

Por eso, se propuso crear un proceso mecánico. El resultado, tras un año de investigaciones fue su proyecto de tesis con la que se tituló en 2014 como ingeniero mecánico en el que desarrolló la REPS01 (reciclaje de EPS prototipo 01).

Ésta máquina utiliza un proceso a base de calor conocido como termodensificado para extraer la materia prima de los productos de unicel (integrados por 95% de aire y 5%de poliestireno), que finalmente dan por resultado pequeñas perlas de plástico o pellets, con las que se pueden fabricar otros artículos de plástico como plumas, material de papelería o decoración.

El principal obstáculo siempre fue el económico, dicen los emprendedores. Para lograr el primer prototipo, que podía procesar 3 kilos de unicel por hora, Héctor invirtió 120,000 pesos. Usó 40,000 pesos que le donó un ingeniero y todos sus ahorros y los fondos de su tarjeta de crédito. “No tenía idea de lo que era un negocio ni de cómo hacer un presupuesto”, recuerda.

Sólo contaba con el apoyo de la empresa DART de México, una de las mayores fabricantes de vasos desechables del país, quien los había apoyado con la investigación y contaba con un programa de acopio y transformación del material. Al ver el impacto que podría tener su invento, Héctor y sus amigos decidieron crear un negocio rentable.

Para conseguir el dinero para echar a andar la idea, los jóvenes decidieron participar en el Premio Santander a la Innovación Empresarial, que ganaron el 26 de junio de 2014, mismo día en que Héctor se tituló. Gracias a este certamen, recibieron dinero y también asesoría de negocios y un curso en el Babson College, una de las escuelas de emprendimiento mejor rankeadas a nivel mundial.

Se sentían los reyes del mundo, pero se dieron cuenta de que en realidad no sabían nada de los negocios. “Necesitábamos dinero para escalar el negocio, pero teníamos la visión de taller. Pasamos año y medio buscando financiamiento en convocatorias del Inadem, fondos sectoriales y del Conacyt sin obtener resultados. Nos pedían ser investigadores o tener al menos dos años de constituida la empresa. Entonces empezamos a apuntarnos en cuanto concurso veíamos a fin de conseguir dinero para apalancarnos”, recuerda Melissa, quien hoy encabeza la gerencia de ventas de la empresa.

Tenían cerca de un millón de pesos, no obstante, la empresa necesitaba tres millones para abrir un centro de acopio y montar una planta procesadora. La opción era que cada uno sacara un préstamo individual y juntar los recursos. Incluso solicitaron un apoyo del programa Crédito Joven al cumplir dos años de operaciones.

“Nos dijeron que sí en Nafin, sin embargo, cuando llegamos a Santander nos dijeron que no podían otorgárnoslo pues no teníamos garantías de aforo dos a uno. Era increíble pues habíamos ganado el premio Santander a la Innovación, pero en la práctica nos dimos cuenta de que los instrumentos financieros en el país no están correctamente diseñados para los emprendimientos de alto impacto de base tecnológica”, dice Héctor.

Finalmente, llegaron al Cleantech Challenge, donde reconocieron que de seguir así no lograrían nada. Entonces decidieron ceder una parte de la empresa a cambio de capital. “¿Queríamos tener el 100% de nada o un 66% de algo que jale? La respuesta fue obvia”, dice el fundador de Rennueva.

Entonces comenzaron a buscar inversionistas. Los encontraron en la Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería y haciendo networking. Todos sus socios además de aportar dinero, les dan coaching y mentoría para hacer crecer el negocio. Sus dos últimos inversionistas además se sumaron como socios operativos.

Gracias a este cambio de mentalidad los cuatro emprendedores lograron abrir el año pasado un centro de acopio de unicel en la colonia Santa María Insurgentes, de Ciudad de México y ahí instalaron su REPS2. Se trata de su segundo prototipo de máquina, cuya capacidad de procesamiento es de hasta 24 toneladas al día.

En el camino los emprendedores han aprendido de todo, desde cómo hacer un registro de patente (ya cuentan con cuatro), hacer proyecciones financieras, negociar y hasta aprender a tirar mezcla. Al respecto, Melissa se siente orgullosa de haberse metido incluso a tomar la pala y el cincel.

“Ser ingeniera es todo un reto. Es una carrera en la que la mayoría son hombres, pero fue ahí fue aquí cuando me di cuenta que no importa el género ni la edad para emprender. Simplemente lo ves y lo consigues”.

La visión sigue siendo grande, primero es Ciudad de México, dicen, luego el país completo.

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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