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La emprendedora que quiere salvar a las abejas de México

Arlette Gómez, fundadora y directora de A de abeja, desde niña sentía un interés único por la naturaleza y en especial por las abejas. Hoy quiere salvarlas, fomentar el consumo local de miel y ayudar a los apicultores locales.
La emprendedora que quiere salvar a las abejas de México
Crédito: Imágenes cortesía A de Ayuda
Entrepreneur Staff
8 min read

Arlette Gómez tiene muy gravado en su mente los paisajes que marcaron su infancia, cuando visitaba el rancho de su bisabuela, en Naranjos, Veracruz, y recogía aguacates, limas y bebía agua de un pequeño manantial. Durante esos años, en ella surgió su gran amor por la naturaleza. 

En su casa, la miel era un alimento básico que nunca faltaba, pero después de la muerte de su bisabuela dejó de visitar el rancho, por lo que tuvo que comenzar a buscar miel en la ciudad. Arlette, con su paladar tan exigente, podía reconocer el verdadero sabor de la miel natural. Un día, por accidente, probó un poco de la miel que venden en los supermercados.

“¡Sabía horrible! Me quedé sorprendida de que la gente comprara ese tipo de productos y que pensara que el sabor era bueno. En ese momento supe que tenía que hacer algo”, dice la emprendedora.

Hace año y medio decidió fundar su proyecto colaborativo A de abeja, con el que busca fomentar el consumo local, que la gente conozca el verdadero sabor de la miel natural y salvar a las abejas.

Sin embargo, su negocio enfrenta un gran reto, pues, desde 2007, las abejas presentan una grave crisis, en la que cada año, a nivel mundial, 30% de la población muere a causa del cambio climático y a pesticidas utilizados en la agricultura, según datos de la SAGARPA e investigadores de la Universidad de Purdue de Indiana. Pero esta emprendedora no se dará por vencida y buscará ser la abogada de las abejas.

La catadora de miel

Todo empezó por el sabor. Después de su trago amargo con la miel procesada, decidió probar la miel de cada lugar que visitaba. Investigó los procesos, cómo se realizan las extracciones en frío y descubrió un universo: a nivel mundial existen más de 20 mil especies de abejas, una gran cantidad de colores y sabores, como la miel de aguacate y la de mantequilla.

Además detectó un foco rojo: la familia de Arlette le compraba miel a Abel, primo de su abuela, quien era apicultor, pero dejó de serlo porque enfrentaba el mismo problema que otros que se dedican a la apicultura: el dinero.

Este fue el segundo motivo que la llevó a emprender, quería reactivar la economía de pequeños apicultores que carecen de una salida comercial, pues, esta joven emprendedora los considera como los abogados de las abejas. “Ellos cuidan de las abejas para que produzcan miel y que vivan en pobreza extrema no es justo”, explica.

Después de ligar en su cabeza la fuerte crisis por la que pasan las abejas, el problema económico que afecta a los apicultores locales, pues la producción de miel cada vez les deja menos dinero, y el tema del sabor, decidió poner manos a la obra. “Me volví una obsesiva”, asegura Arlette.

La emprendedora hippie y su gran colmena

Arlette Gómez es diseñadora gráfica freelance por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su gran motor siempre ha sido al gran amor que tiene por las abejas y la miel. A de abeja es un proyecto colaborativo en el cual participan varios jóvenes. Su equipo está formado por siete amigos, al que la emprendedora los llama su ‘gran colmena’.

Cada uno de los integrantes se encarga de un área diferente: Bruno Valasse, ilustrador, Rox de la Fuente, alianzas comerciales y su terapeuta en los negocios, Berenice Díaz, bióloga, Isaz Fernández, perfumista, Mayra Martínez, Gaby y Gerza son los encargados de las Relaciones Públicas.

En 2015, Arlette decidió que la mejor forma de ayudar era vender miel. Así que se acercó a Alfonso Lima, apicultor de miel de cítricos de Tuxpan, Veracruz, quien fue pieza clave para que A de abeja se consolidara, pues gracias a él, la emprendedora conoció cada proceso para obtener la miel, desde las distintas floraciones y los procesos de extracción para conservar las propiedades. 

“A de abeja nació de mi cartera y ha crecido de manera orgánica”, afirma la emprendedora.

La primera inversión que hizo fue con sus ahorros, un total de 15 mil pesos los cuales invirtió en comprar frascos para envasar la miel que envían los apicultores. Además, el proyecto ha contado con aportaciones económicas por parte de su ‘gran colmena’.

Durante dos años, Arlette se dedicó a investigar, leer y ver documentales, y a tomar cursos de apicultura en la Ciudad de México en Apicultura MX, proyecto de educación entorno a las abejas. También colabora con Nido social A.C., proyecto de abejas nativas de miel medicinal en una zona maya, en el cual A de abeja será su salida comercial. 

Además, ella se volvió un puente para los apicultores, quienes cuentan con buenas prácticas en la producción y extracción de la miel.

“Las abejas son para ellos su fuente de subsistencia”, explica.

Actualmente trabaja con ocho apicultores que radican en diferentes lugares de la República, como Morelos, Michoacán, Chihuahua, Veracruz, Estado de México, Torreón, Durango y Coahuila. 

El modelo de negocio de A de abeja se rige en respetar el precio establecido por los productores. Se compra por cubetas de miel (dos por floración) y al final del año a cada apicultor se le da el 20% extra del valor que se le compre. A de abeja vende el producto 40% más caro, con el objetivo de pagar las ilustraciones y la presentación en la que se vende al público.

Cuenta con cuatro tamaños diferentes: 30 gramos a 35 pesos, 175 gramos por 70 pesos, 390 gramos por 115 pesos, 590 gramos por 150 pesos; el tamaño más grande, especial para restaurantes, es de 2 kilos y medio, con un costo de 550 pesos. Todos los frascos son retornables. Además, cada uno trae impreso en la tapa la flor de donde proviene la miel, esto con el fin de educar a la gente para que conozca lo que está consumiendo.

Este proyecto colaborativo tiene muy clara su ética, pues, aunque la miel es un producto que no tiene caducidad, no busca forzar la producción, la venta es de acuerdo a lo que se obtenga al año. Su negocio se vislumbra prometedor, pues el valor de las 70 mil toneladas de producción anual de miel en México, en la actualidad supera los dos mil 500 millones de pesos, según datos de la SAGARPA.

Durante 2017, las ventas de A de abeja aumentaron un 50%, en comparación de 2016, y aunque Arlette no cuenta con un registro de ventas de los apicultores que participan en el proyecto, reconoce que les ha ido bien porque siguen mandando miel para que se distribuya en la capital. En promedio, A de abeja vende 40 frascos al mes.

Tampoco busca entrar al comercio de las grandes cadenas de supermercados, y desde enero de 2016, el crecimiento de sus clientes fue a través de recomendaciones, hoy en total cuentan con nueve locales en donde se distribuye la miel, entre ellos están cafeterías, restaurantes y librerías, como: la cafetería del Museo de Arte Moderno, la Casa del Pan en Coyoacán, y Verde que te quiero verde en la colonia del Valle.

“Ellos son mi principal retail”, afirma Arlette. Dentro de los planes a futuro es tener más variedad de mieles y en dos años busca abrir una tienda como un Honney Bar, todo relacionado a la miel.

Con A de abeja, esta joven emprendedora pudo juntar sus pasiones: el diseño y el amor por la naturaleza, con el fin de impactar positivamente en el medio ambiente y en la economía para ayudar a los apicultores, que en México representan el ingreso de 200 mil familias, según datos de SAGARPA.

Con todo el camino que ha recorrido esta emprendedora hippie, su sueño es marcar un cambio en la apicultura mexicana para crear conciencia y justicia en este ámbito tan olvidado. “La forma de hacerte millonario es abusando un poco, y yo no me quiero hacer millonaria, quiero hacer un mundo más justo”. Su objetivo es como la miel, nunca caduca.

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