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Comunicación

¿Quieres mejorar tus habilidades de comunicación? Hazte diariamente una pregunta difícil

Hacerse preguntas difíciles es una manera eficiente de mejorar tus habilidades de comunicación
¿Quieres mejorar tus habilidades de comunicación? Hazte diariamente una pregunta difícil
Crédito: Depositphotos.com
6 min read

En ese momento me sentí como un estúpido. Cinco años estudiando economía y finanzas, y varios años trabajando en un banco de inversión. Y de nada me sirvió ese recorrido, igual me quedé mudo y respondí mal la pregunta que me hicieron. Lo que me dio más rabia no fue mi respuesta equivocada o mi cara de estúpido al haber respondido mal y haber empezado a tartamudear. Lo que me dio más rabia fue que en ese momento, en ese restaurante, me hicieran esa pregunta incómoda de manera desprevenida, sin aviso previo.

Estábamos hablando de potenciales candidatos de trabajo y de la forma en que dirigíamos las entrevistas en nuestras empresas para ver si las personas a las que entrevistábamos eran buenos o no.

- ¿Cuánto es siete al cubo?, me preguntaron.

- ¿Ah?...respondí yo…

- Si…esa es una de las preguntas que le hago a los potenciales candidatos de trabajo para ver cómo razonan cuando están bajo presión…no pienses…respóndeme ya… ¿cuánto es siete al cubo?…

Hay preguntas y situaciones que nos ponen a sudar y a tartamudear. Preguntas que nos dan rabia, pero no porque no sepamos la respuesta, sino porque nos ponen en situaciones incómodas, nos sacan de nuestra zona de tranquilidad y nos toman por sorpresa.

¿Incomodidad? ¿Intranquilidad? Obvio, lo natural es siempre querer evitarlas. Lo mejor, pensaría cualquier persona, es tratar de evadir las situaciones donde puedan surgir estas preguntas incómodas.

Y es que lo mismo sucede, no sólo con las preguntas, sino con cualquier cosa que no dependa de nosotros, sino de un tercero. En cualquier situación que no podamos controlar directamente, vamos a estar expuestos a que, en cualquier momento, y de manera imprevista, toquen a nuestra puerta la incomodidad, la intranquilidad y la insatisfacción.

Pero si sabemos esto, ¿Por qué no evitarlo, tomándolo bajo nuestro control? ¿Qué pasaría si le quitáramos el poder a las demás personas de hacernos sentir incómodos con las preguntas que nos hacen? ¿Qué pasaría si pudiéramos entrenar a nuestra mente para que, eventualmente, casi ninguna pregunta nos ponga incómodos y nos tome por sorpresa?

¿Cuántas preguntas difíciles, en promedio, habrá afrontado alguien que está en la cúspide de su carrera y en los grupos élite de su actividad, para haber estado allí?

Muchas veces, la diferencia entre los que lo logran y los que se quedan en el camino radica en que los primeros están dispuestos a responder y no dejarse masacrar por preguntas incómodas o difíciles. Claro, seguramente en ese momento puede que no supieran la respuesta, pero en vez de alterarse o llorar por haber quedado en ridículo, como lo hice yo, se ponen a pensar obsesivamente en una respuesta y en una solución. Así es que se genera el progreso.

Como dice Tim Ferris, “El éxito de una persona en su vida usualmente puede ser medido por el número de conversaciones incómodas que esté dispuesto a tener”. 

Entonces, ¿qué pasaría si yo, todos los días, me hiciera preguntas como la que me hicieron en ese restaurante? ¿Qué tanto mejoraría mi seguridad en las conversaciones con otras personas y mi capacidad de responder (y de trabajar bajo presión) si todos los días me hago alguna pregunta incómoda?

Habrá que ver, pero creo que vale la pena hacer el experimento…

Con una simple pregunta al día, puedo reducir dramáticamente la probabilidad de sentirme incómodo o asustado cuando tenga una conversación incómoda con alguien. Voy a aforntar menos bloqueos y voy a poner menos caras estúpidas en esas conversaciones. 

Esto no debería tomar más de diez minutos al día: Hacerme a mí mismo una pregunta incómoda o difícil, e inmediatamente pensar en una respuesta corta, concisa.

Ahora que lo pienso, este ejercicio también podría traer otro tipo de beneficios: capacidad de improvisación, creatividad para resolver problemas, capacidad de resolver una situación incómoda con humor, sarcasmo o cambiando educadamente el tema. No se trata de tener la respuesta correcta, se trata de ejercitar la capacidad de reacción, de improvisación y de trabajo bajo presión.

  • ¿Cuánto es siete al cubo?
  • ¿Habré sido un bebé planeado, o habré sido un accidente?
  • ¿En dos años realmente me veo haciendo lo que estoy haciendo en este momento?
  • Si yo pudiera salir en una cita conmigo mismo, ¿yo sería lo suficientemente interesante para invitarme a salir a una segunda cita?
  • ¿Alguna vez seré capaz de aceptar que mi carrera de futbolista no acabó por la fiesta, el alcohol y porque decidí estudiar economía, sino simplemente porque no era lo suficientemente bueno?
  • Si solo me quedara un año de vida, ¿Qué me pondría a hacer?

Todos los días trataré de preguntarme y de luego responder alguna pregunta incómoda. Y si fracaso en el intento, al menos tendré una base de datos de preguntas incómodas para preguntar en las entrevistas de trabajo o para incomodar a mis amigos haciéndoselas…

Consejos prácticos para tener una comunicación más eficiente