Home Office

La fábula del home office y las reglas del juego

Con frecuencia idealizamos lo que significa la independencia y el trabajar desde casa. Uno de nuestros colaboradores reflexiona en torno a la dificultad que implica aprender a hacerlo.
La fábula del home office y las reglas del juego
Crédito: Depositphotos.com
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

LA ENSOÑACIÓN

Alguna vez oí hablar de un hombre que soñaba con trabajar desde casa. Padecía los trayectos rumbo a la oficina, el tiempo en los embotellamientos dándole vuelta y vuelta al mismo pensamiento. Cuando multiplicaba las dos horas y media que pasaba cada día transportándose por las jornadas del año trabajadas, se asustaba y se deprimía.

A veces, cuando estaba en junta, soñaba despierto con días lejanos en los que él administraría su propio tiempo. Despertaría siempre a la misma hora, descansado e inspirado, para sacar pendientes como una verdadera máquina de origen germano.

Su estudio tendría una ventana que miraría a un jardín que aún no existía, desde donde observaría al perro que no tenía y se concentraría escuchando música que no conocía.

En sus ensoñaciones todo funcionaba y, el home office se proyectaba ante sus ojos como el Nirvana en el que su alma finalmente alcanzaba un estado de felicidad extrema.

Pero tarde o temprano algo lo hacía regresar a su oficina, a su rutina, a la junta eterna que jamás terminaba. A un lugar habitado por seres que lo asediaban, le exigían, lo monitoreaban y lo confundían.

Al terminar cada día volvía al encierro del transporte público. Cuando llovía era aún peor. Los vidrios sudaban y el silencio colectivo hacía que los kilómetros transcurrieran cada vez más lentos. Entonces, desesperado, juraba dar el paso definitivo hacia la independencia, aunque al final nunca lo hacía y permanecía siempre un día más.

Una semana. Un mes. Un año. Soñando siempre que trabajaba desde casa en su propio proyecto, mientras la vida se le iba en trabajar.

Hasta que un día cambió su rutina.

Ese martes no lo llamaron a junta; le dijeron que esperara en su lugar. Los demás se levantaron con sus tabletas y cuadernos en mano y se metieron a la reunión. Desde afuera él los observó hasta que el teléfono sonó. Era la mujer de Recursos Humanos.

— ¿Puedes venir a mi lugar?

Desde antes de responder sabía de qué se trataba.

LA REALIDAD

El primer día de independencia lo inició dándose cuenta de que su casa no estaba hecha para trabajar. Su escritorio estaba en un área abierta, cubierto de viejas revistas y estados de cuenta sin archivar. La silla se había convertido en un perchero y ni siquiera tenía una lámpara apropiada para iluminar el área de trabajo.

No había ventanas cerca ni mucho menos un jardín. Tampoco un perro.

Pero no importaba: era libre y podía trabajar desde casa.

La jornada se dibujaba con las posibilidades que él mismo quisiera generar. Inventaría sus propios proyectos, buscaría clientes potenciales, diseñaría su éxito. Cumpliría su sueño.

La primera interrupción llegó 15 minutos después de haber empezado a trabajar. El vecino del seis quería platicarle de un sistema de cámaras de seguridad que estaba pensando en instalar. Aunque trató de ser breve, pasaron 20 minutos antes de poder despedirse de él.

Se sentó de nuevo ante la computadora justo cuando entró la llamada de su contador. Quería saber si había podido pagar los impuestos correspondientes a la liquidación. Le dijo que era importante hacerlo, así es que ingresó al portal del banco y tardó media hora en poder realizar el pago. Una vez resuelto el pendiente se dispuso a avanzar en su proyecto. Un par de horas de aislamiento bastarían para terminar su primera propuesta; en estar listo para buscar al primer cliente. Pero no avanzó. Una veintena de mensajes llegó a su celular. Desde la calle tocó el señor del agua. Su módem falló y tuvo que hablar a soporte técnico.

Cuando se dio cuenta eran ya las dos y recordó que tenía que ir por su hija al colegio. Seguiría en la tarde, avanzaría, pues entonces todo estaría más sereno. Tampoco fue así: tareas, una salida a la papelería para comprar material para un proyecto escolar, un par de llamadas más, de nuevo su contador buscándolo por un error en el pago y el primer día que se erosionaba ante sus ojos junto con los proyectos que se convertían en nada.

Mañana sería distinto.

Una vez más el día se evaporó, con la diferencia de que se tuvo que quedar trabajando hasta tarde para intentar acabar con todo lo que se había propuesto, pero ni así lo logró.

El tercer día fue igual. También el cuarto y el quinto. La monotonía eterna que le daba la oficina había sido reemplazada por un caos constante que lo obligaba a trabajar a ratos, sin poder concentrarse y a desvelarse noche tras noche sólo para llegar al fin de semana y necesitar del sábado y el domingo para terminar con todo lo que no había logrado.

Los clientes lo empezaban a buscar, pero le faltaba tiempo para atenderlos y cumplir con las propuestas. Le faltaba estructura, le faltaba orden. Le faltaba una rutina.

Tres meses después de haber iniciado aceptó que en la ignorancia idealizó lo que significaba trabajar desde casa.

Entonces el hombre redactó un pequeño manifiesto para aprender a trabajar desde casa. Las reglas del juego que debía seguir si realmente quería ganarlo y vivir su sueño:

1. Define y respeta tus horarios laborales.

2. Asegúrate de comunicárselos a los que viven contigo.

3. Dedica al menos tres horas a la semana a realizara temas administrativos. Si no metes facturas a tiempo o no le das seguimiento a los pagos, todo tu esfuerzo se verá perdido. Pero no lo hagas todo el tiempo.

4. Busca un lugar aislado para trabajar. Los espacios abiertos no son los mejores.

5. Si tienes que cerrar una puerta para poder concentrarte, hazlo.

6. No respondas siempre el teléfono, ni a los mensajes en el WhatsApp. Define un horario para hacerlo y el resto del tiempo trata de ponerlo en modo no molestar.

7. No resuelvas imprevistos del hogar si surgen en un horario que has definido como laboral.

8. Si tienes que ir a ver clientes, trata de juntar varias citas en un solo día. Si las repartes a lo largo de la semana terminarás padeciendo el tráfico cada día.

9. Utiliza alguna señal para hacerle saber a tus familiares cuando estés trabajando. Es normal que quieran estar contigo, pero explícales cuáles son tus objetivos y hazlos tus cómplices para cumplirlos. Los audífonos pueden ser una buena opción.

10. No trabajes los domingos. Tampoco los sábados. Quizás más que nunca, necesitas del descanso.

Tras redactar el texto el hombre se sintió más tranquilo. Comprendió al fin que el simple deseo no bastaba para poder trabajar desde casa.

Se trataba de un proceso: tenía que practicar hasta dominar estas nuevas reglas y forjar así la disciplina que lo llevaría a administrar el recurso principal de un trabajador independiente: su propio tiempo.

Pero eso, como todo en la vida, tenía que aprender a hacerlo.

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

Poliglota

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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