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Recursos Humanos / Freelancers

Cartas a un joven freelance (10 consejos prácticos)

La vida del periodista, creador de contenidos, creativo, diseñador o fotógrafo freelance en México es dura. Vale bien que tomes en cuenta esto antes de dar el paso de pedir una oportunidad.
Cartas a un joven freelance (10 consejos prácticos)
Crédito: Depositphotos.com
7 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

1. Conoce al enemigo

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Existe dos tipos de editores: los que proponen y los que quieren que propongas. Yo soy de los segundos. Los primeros son quienes te encomiendan una misión. “Ve, entrevista a fulano y trae la nota”. Algunos hasta te hacen la cita. Bien por ellos. Si tienes la mala suerte de caer con uno como yo, vamos a querer que nos enamores. Y es que el proceso es el mismo que cuando intentas seducir a alguien: si tienes el arrojo de pedir una oportunidad de colaborar, es porque conoces mi revista, mis secciones, las cosas que suelo publicar y las que no. Si ni siquiera te has tomado la molestia de averiguar mi nombre y envías el correo electrónico “a quien corresponda” tienes pocas posibilidades de anotarte un homerun o mínimo llegar a tercera base.

2. Vuélvete indispensable

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Como editor te puedo asegurar que a veces uno no echa mano del reportero que mejor escribe, del experto que sabe más sobre un tema en particular o del fotógrafo que mejor maneja la luz, sino del que siempre está disponible, hará un buen trabajo y entregará a tiempo. Esas tres cualidades vuelven a un freelance la primera opción de un cliente.

3. Sé un todoterreno

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Si bien la especialización es una ventaja, a veces uno aprecia más que una misma persona pueda resolver diferentes problemas. ¿Eres el mejor escribiendo de videojuegos? Muy bien. Pero yo no siempre necesito contenidos de videojuegos. ¿Sólo sacas fotografías de conciertos? Me parece perfecto. Cuando necesite -y muy pocas veces lo requiero, la verdad– serás el primero a quien busque. Más te vale esperar sentado. Yo prefiero tener dos o tres freelances a la mano que se emocionen por incursionar temas desconocidos (para ellos) y sobre todo, que piensan que nunca es tarde para aprender algo nuevo.

4. Tus gustos me tienen sin cuidado

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Yo también soy freelance. Escribo ocasionalmente para algunas revistas y sitios electrónicos de música. Los editores suelen preguntarme, lo cual me extraña porque yo nunca lo hago, si me gusta una banda o artistas antes de encargarme escribir de él. Miento. Siempre digo que sí. La verdad es que muchas veces ni siquiera tengo la menor idea de lo que me hablan. Pero mis gustos pasan a segundo plano. Esto es trabajo. En todo caso, mi primer gusto es escribir. Lo de menos es de qué. No creo que para que un periodista cubra el PRI, forzosamente tenga que militar en el partido. Ni que sea requisito irle al Cruz Azul para cubrir sus juegos.

5. No hay plazo que no llegue

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Las fechas de entrega deben ser vistas como su acepción en inglés: auténticas líneas de muerte (deadlines). No importa tu genialidad, tu talento y tu virtuosismo, la maquinaria editorial no se va a detener por tu culpa. Por eso uno como editor aprecia que si te lo encargo a más tardar para el día 5 del mes, lo entregues el día 4. Es de pésima educación hacerlo a las 11:59 PM del día 5 y decir: “pero fue a tiempo”. Recuerda que la cadena no acaba contigo: después de que tú entregues, falta que yo lo edite, que alguien lo ilustre, lo corrija, lo diseñé y lo imprime. ¿Qué te hace pensar que tienes el derecho a que todos lleguen tarde a sus casas a consecuencia de tu retraso?

6. Las páginas no son de goma

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Mi primer editor, Enrique Feliciano del diario Esto, me respondió así cando le reclamé que había “cortado” una entrevista que hice: “¡Mira estás páginas –las estiró con ambas manos– no son de goma! ¡Lo que cabe, cabe!”. Me suelo encontrar a menudo con reproches de colaboradores porque sus aportaciones resultan editadas por motivos de espacio.  Ni modo, si te piden 5,000 caracteres, 5,000 deberías entregar. Y con sus reservas, porque si de último momento entra un anuncio, siempre tendrá prioridad por sobre tu “obra de arte”. La publicidad es lo que nos da de comer a todos.

7. Los espacios ocupan espacio

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La madre de todas las preguntas absurdas que puedes hacer cuando te encarguen una colaboración de 4,000 caracteres es “¿con espacios incluidos?”. Por si acaso lo ignoras (y no alcanzas a deducirlo): Los espacios ocupan espacio. Podemos trasladar al universo freelance una de las leyes de la física: “dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”. Si los espacios entre caracteres no contaran a la hora de diseñar un artículo, ¿qué caso tendría pedirte una extensión determinada? Los editores respiraríamos aliviados. Al fin, todo cabría en una paginita sabiéndolo acomodar.

8. No seas un punk(o) imbécil

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¿Quieres cobrar como un profesional? Pórtate como profesional. A ver, a nadie le gusta pagar impuestos, expedir facturas y tener que llevar en orden sus documentos. Pero la mala noticia es que hay que hacerlo. Si me dieran un peso por cada vez que un escritor, fotógrafo o ilustrador se indigna porque le piden una factura, yo mismo hubiera podido facturar una buena lana. Y el típico “es que soy muy punk y no quiero ser parte del sistema”, me parece una excusa doblemente idiota. ¿Así que eres tan subversivo que para cobrar le pedirás una factura a tu amigo? Pues él sí tendré que declarar TUS impuestos, lo cual más que punk, te convierte en un vil parásito.

9. La leyenda del tabulador es mentira

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Muchas veces me han preguntado: “¿Cuánto se cobra por un artículo/ fotografía/ ilustración?”. Mi respuesta invariablemente es: “Si no te preguntaron cuánto les cobras, mejor pregunta tú cuándo te ofrecen y negocia”. Porque aunque mucha gente piensa que existe un “tabulador universal”, lo cierto es que no es así. Los medios no vivimos una época de holgura y riqueza, por lo que hay que entender que los presupuestos por lo general serán reducidos. Sobre todo cuando no existe una trayectoria, reputación y experiencia que te avale. Negociar siempre será la clave.

10. No siempre hay un pescadito para el delfín

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Los millennials en su mayoría necesitan feedback, reconocimiento, un pedacito de pescado que como a los delfines de Seaworld, les indique que lo han hecho bien. Una pequeña palmada en la espada. Y si la recibes, agradécela pero no esperas que sea siempre. Hay jefes que están demasiado ocupados y despreocupados como para prodigar esas muestras de cariño. Cuando empecé a escribir en medios, si el editor no me rompía la cuartilla en el rostro y en vez de ello guardaba un silencio sepulcral, era indicativo de que mi artículo le había gustado. Entre menos se dirigiera a mí, mejor lo estaba haciendo yo.

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