Liderazgo

Las 7 tristes realidades que debes asumir como líder para no desilusionarte

Estas son las ideas infantiles que más hacen sufrir a aquellos corazones ingenuos con la responsabilidad de gestionar personas.
Las 7 tristes realidades que debes asumir como líder para no desilusionarte
Crédito: Depositphotos.com
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Nadie puede discutir que quien asume una posición jerárquica lo hace por narcisismo. Llámale a esto amor propio si quieres, pero en definitiva y más allá de una cuestión de nombres, decidir situarse en el rol de líder implica un deseo de ser admirado por los demás. Y tal como dirían mis colegas psicoanalistas, se trata de una búsqueda de amor. Precisamente por eso último, como bien se sabe está lleno de alegrías pobladas de imaginación e idealizaciones de las que la poesía se ha nutrido y nutre día a día. Y como también es sabido, muchas veces el amor no es correspondido. O no es exactamente eso que se suponía. ¿Cuántas veces escuchamos decir de un amigo que su pareja no es lo que esperaba? ¿Que “lo desilusionó”?

Entonces, siguiendo con el paralelismo, diré que el liderazgo también nos pone ante el desafío de una desilusión a la vuelta de la esquina. Un desencuentro. O, para mejor decirlo, un encuentro con algo no deseado: la realidad, que desmiente de golpe cualquier fantasía previa.

1. Todos cumplimos un ciclo

Esta afirmación alude a que las personas podemos sostener nuestro lugar en una organización por un período, y la mayor parte de las veces no será hasta nuestro retiro. Está comprobado que nuestra curva de motivación y rendimiento desciende con el tiempo. Que funcionamos mejor mientras una tarea nos entusiasme, y que el valor que podemos aportar a la misma organización va menguando con el tiempo.

Tener esto claro implica que por más que hagas todo lo posible por retener a alguien, si es valioso, este en algún momento buscará otros horizontes, haciendo honor justamente a sus deseos de progreso y se irá. Y si no lo es, deberás concientizarte y tomar la decisión de desvincularlo o trasladarlo a otra área.

Es imperioso asumir que ningún colaborador será eterno, afirmación que también vale para nosotros mismos.

2. No harás madurar a tus colaboradores. No eres su padre.

Me tocó presenciar en más de una ocasión cómo líderes bien intencionados se ubican en un lugar paternal, tratando de criar a sus subalternos por medio de sucesivas enseñanzas respecto de lo que está bien o mal. Déjame decirte que esa es una práctica muy buena para henchir tu pecho, y comentar en tu mesa de amigos lo que haces pero francamente inútil en la práctica. Desde tu lugar puedes ayudar a orientar a un empleado y acompañarlo en situaciones difíciles, pero sin dudas que la maduración es un proceso ciento por ciento subjetivo y por lo tanto, será él quien deba atravesarlo, según sus propias ganas y en los tiempos que elija.

3. Eres una parte vital en los resultados, pero no la única

Tanto en los éxitos como en los fracasos, tus colaboradores y tú son protagonistas. Pero no descuides al contexto, que también juega un rol preponderante en el marcador. No te ilusiones con que eres indispensable ni te juzques de forma lapidaria cuando las metas no se logran. Piensa que siempre los resultados dependen de la mejor combinación entre los tres factores mencionados.

4. Nunca te sentirás suficientemente reconocido

Tal como sucede con el amor, nunca alcanza…

En términos psicoanalíticos, la demanda de amor es insatisfecha por definición y si, como decía más arriba, también el liderazgo es una cuestión amorosa, está condenado a sufrir por lo mismo.

Quién no escuchó a un líder quejarse porque hace todo el trabajo, y nadie lo elogia?. O que levante la mano la persona que jamás oyó a su jefe gritar a los cuatro vientos que “Estoy harto de que ni en mi casa ni en esta empresa se me escuche!”.

Beckett lo dice maravillosamente

Vienen

otras y las mismas

con cada una es diferente y lo mismo

con cada una la ausencia de amor es diferente

con cada una la ausencia de amor es la misma.

5. Tus colaboradores son diferentes a ti

Tolerar las diferencias es lo que hace posible el efecto sinérgico en los equipos. Asumirlo implica que no debes enojarte cuando tomen decisiones distintas a la que hubieses tomado tú. O evalúen las situaciones de otro modo. O a su entusiasmo lo despierten otras cosas que a ti.

Es usual que los líderes elijan a los miembros de su equipo a su imagen y semejanza, haciendo un culto a la identificación: “Me hace acordar a mí a su edad”.

Mi recomendación es que te animes a pensar más allá de la comodidad, incorporando a alguien con ideas y pensamientos que no sean similares a las tuyos.

6. Ninguna decisión que tomes pasará desapercibida

Siempre estarás expuesto, y deberás pagar el costo de ello. No te ilusiones con que “solo será una tormenta pasajera” o que “la gente se olvida de todo”.

Que no te sorprenda cuando, a los meses de haber realizado tal o cual cosa, alguien te lo recuerde de la nada. “Esto pasa porque cuando María llegó media hora tarde a la reunión no la sancionaste” o “Mudarnos de aquella oficina a esta nos implicó a todos menos tiempo con nuestras familias, porque ahora debemos perder más tiempo en el viaje hasta aquí” son ejemplos de ello. Otra vez, quiero que estés advertido y no peques de ingenuo…

7. Siempre se te culpará de no comunicar lo suficiente

Al contrario del axioma de Watzlawick: “Es imposible no comunicar” aquí sucede que, si los colaboradores deben objetarte algo, prepárate para que sea eso. Sabemos que nunca es posible decirlo todo, así sea nuestro deseo. Es más, hay mucha información a la que solo los líderes acceden que deben filtrar, ya que si no lo hicieran así, sería una patente irresponsabilidad.

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