Management

La caída del Caballero Oscuro y la gestión de talento dentro de tu equipo de trabajo

La historia de Matt Harvey, el prometedor pitcher de los Mets de Nueva York, sirve como recordatorio de lo importante que es guiar al talento dentro de nuestro equipo de trabajo.
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

En aquel entonces lo llamaban The Dark Knight, El Caballero Oscuro, como una referencia directa al mítico personaje que habita en Ciudad Gótica. A sus 24 años Matt Harvey era el lanzador más prometedor de las grandes ligas del beisbol y hacía que los Mets de Nueva York soñaran con volver a jugar una postemporada por primera vez en casi una década.

El joven no dejaba de impresionar. El 26 de julio de 2012 debutó en las mayores con once ponches, lanzó bolas de más de 98 millas por hora y dejó claro que los rumores eran ciertos: Matt Harvey era un superdotado.

En 2013 la prensa comenzó a compararlo con leyendas del juego como Andy Pettitte y Curt Schilling. Se hablaba de que llegaría a ser el mejor lanzador en la historia de los Mets y el mismo Dwight Gooden —pitcher estrella del equipo en 1986, año en que ganaron su última Serie Mundial— se refería a él como The Real Deal después de verlo jugar en vivo.

El 7 de mayo de ese mismo año, en un juego contra los Medias Blancas de Chicago, la nariz de Matt Harvey comenzó a sangrar durante la primera entrada. Impávido, el lanzador siguió jugando y sacó los tres primeros outs. Solo entonces atendió el sangrado de su nariz. Ese día Harvey retiró a los primeros 20 bateadores que enfrentó dejando claro que tenía el potencial suficiente para transformarse en una leyenda.

El peligro de la idolatría

El 20 de mayo de 2013 la revista deportiva Sports Illustrated dedicó su portada a Matt Harvey. El pitcher aparecía dominante sobre el montículo haciendo un lance al lado de un balazo que leía: “El Caballero Oscuro de Ciudad Gótica: En una era dominada por el pitcher poderoso, Matt Harvey de los Mets tiene la ferocidad que lo hará ascender por encima de los demás.”

Foto: Sports Illustrated vía ESPN

A esa portada le siguieron muchas otras. Harvey se convirtió en una de las celebridades de Nueva York, era invitado a aparecer en eventos públicos y salía con super modelos. Luego fue seleccionado para ser el pitcher abridor en el Juego de las Estrellas y de nuevo, deslumbró con su talento.

Tenía el mundo a sus pies.

Y así, entre cumplidos e idolatría, comenzaron a surgir también los rumores de una personalidad excéntrica. Se hablaba de fiestas que jamás terminaban, de desveladas antes de los partidos que abriría, de impuntualidad en los entrenamientos. De falta de compañerismo. De rebeldía.

Pero los Mets lo necesitaban y parecían dispuestos a permitir cualquier cosa con tal de que Matt Harvey, el héroe que se convertiría en leyenda, estuviera satisfecho.    

Primera advertencia: la soberbia 

Cuando eres el guía de un equipo es fácil ser deslumbrado por el talento de las estrellas. No son fáciles de encontrar y bien manejadas ellas realmente pueden ayudarte a apuntalar el arduo camino hacia el éxito de tu organización. Pero el hecho de que sean ultra capaces no justifica su soberbia. Su bienestar jamás debe de estar por encima de la estabilidad del equipo. Les corresponde a los líderes de una organización alinearlos en cuanto crean que están por encima de los demás. No hacerlo implica un enorme riesgo…

El talento y la rebeldía

El 7 de agosto de 2013 Matt Harvey lanzó su primer juego completo, una hazaña cada vez más escasa en el beisbol de hoy en día. Aparentemente se encontraba en su mejor momento, pero 19 días después el equipo anunciaba una lesión en el codo del lanzador que lo obligaba a someterse a una cirugía y perderse la temporada 2014 en su totalidad.

El héroe estaba herido. 

Los directivos del equipo establecieron un objetivo claro y realista: Matt Harvey utilizaría el 2014 para recuperase de la operación. Volvería para reforzar a un equipo que todavía soñaba con el título y que a base de mucho esfuerzo acomodaba sus piezas para conseguirlo.

Todos estaban de acuerdo con el plan… menos Matt Harvey.

Antes de que iniciara la temporada el jugador posteó en su cuenta de Twitter que sí jugaría en 2014. Dio entrevistas a diversos medios desmintiendo la versión oficial del equipo y asegurando que estaría listo para jugara en septiembre. Aunque esto al final no sucedió, los Mets tardaron mucho tiempo en desmentir la versión del lanzador.         

Segunda advertencia: que nunca opaquen tu voz

La idolatría que los demás pueden sentir por los elementos talentosos dentro de un equipo de trabajo hace que éstos sean escuchados cuando hablan. Depende de ti el que las palabras que digan no desvirtúen los objetivos de tu equipo. Debes responder con contundencia a toda declaración que genere confusión dentro de la organización. No dejes vacíos de información. Aclara cada punto y demuestra que el portavoz del equipo eres tú. No hacerlo abre la puerta para que este comportamiento se repita.

La decisión crucial

2015 llegó con la esperanza de una nueva temporada. Las advertencias que se asomaban detrás del comportamiento de Matt Harvey fueron ignoradas y el 9 de abril regresó al montículo con todo y la idolatría. El Caballero Oscuro había vuelto para cumplir el sueño de millones de fanáticos frustrados por años y años de ver a su equipo perder.

Ese año los Mets clasificaron a la postemporada y para finales de octubre disputaban la Serie Mundial en contra de los Reales de Kansas City.

Estando abajo en la serie tres juegos a uno, los Mets decidieron darle a Harvey la oportunidad de lanzar el quinto juego. Un triunfo obligaba a que la serie regresara a Kansas; una derrota significaba que el sueño se terminaba. Harvey lanzó un juego impecable. Durante la parte baja de la octava entrada y frente a las cámaras de televisión, se acercó a Terry Collins, su entrenador, para expresarle su opinión de manera muy airada: él iba a terminar el juego.

Dudoso, Collins lo escuchó y en lugar de utilizar a su cerrador, Jeurys Familia, permitió que Harvey volviera al montículo para lanzar la novena entrada.

Esa noche los Mets perdieron el juego y la Serie Mundial.

La voz de una estrella dominó la decisión que debió de haber sido tomada por el entrenador del equipo.  

La falibilidad de nuestros ídolos

La temporada 2016 Matt Harvey la inició con mucho menos brío. La fuerza con la que solía lanzar parecía haberse desvanecido. Perdió sus primeras dos salidas. La estrella desaparecía y la afición ya no reaccionaba a sus salidas. La manera en que los medios se referían al pitcher también cambió. Ahora hablaban de los conflictos, de la ineficiencia, de los desplantes. El superhéroe yacía en el olvido. En junio los Mets anunciaron que Harvey tenía una lesión en el hombro y que sería sometido a otra cirugía que lo haría perderse el resto de la temporada.

La ilusión se había esfumado y en su lugar quedaba la dura realidad.

Harvey regresó en 2017, pero con un desempeño mediocre. Los Mets tuvieron una temporada plagada de lesiones y terminaron con un récord de 70 juegos ganados y 92 perdidos.

En 2018 la administración de los Mets contrató a Mickey Callaway, un nuevo entrenador quien tras otro inició flojo por parte de Harvey tomo la decisión de quitarle su puesto como pitcher abridor y convertirlo en taponero (el lanzador que juega en la séptima u octava entrada, antes de que llegue el cerrador).

Harvey se mostró enfadado con la decisión y declaró que él siempre había sido un abridor.

En esta ocasión su voz ya no fue escuchada.

La gran lección: tu voz es la que debe guiar al talento

Nadie nunca ha dicho que guiar a un equipo sea fácil. Y hacerlo cuando hay elementos talentosos puede resultar aún más complicado de lo que parece. Es imposible saber qué hubiera sido de los Mets si no hubieran sido condescendientes con Harvey y le hubieran marcado los límites a tiempo.

Si le hubieran dejado claro que había decisiones que a él no le correspondía tomar. Si hubieran detenido el juego de la fama y la idolatría que tanto ilusionó a los fans. Si hubieran tomado las difíciles decisiones que tenían que tomar cuando el astro aún brillaba. Si no se hubieran dejado deslumbrar.

Quizás la historia de los triunfos y las derrotas no sería muy diferente, pero tal vez ese hombre talentoso apodado el Caballero Oscuro no hubiera sido devorado por su propio ego para cubrir de sombras al prometedor futuro de todo un equipo.

Jamás dejes que tus empleados, por talentosos que sean, pongan en riesgo a tu organización.

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