Inspiración

La historia del hombre que empezó a correr y emprendió sin darse cuenta

John Bingham nunca había corrido en su vida. Empezó a hacerlo para apoyar a una amiga enferma. El acto lo cambió para siempre transformándolo en un emprendedor y en leyenda en el mundo del running. Ésta es su historia.
La historia del hombre que empezó a correr y emprendió sin darse cuenta
Crédito: Depositphotos.com
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John Bingham se convirtió en el rey de los corredores lentos, aunque alguna vez no se creyó capaz de correr ni un solo kilómetro. De pequeño su mayor afición era la música. Primero soñaba con aprender a tocar el trombón, después con convertirse en director de una banda escolar. Sentía que su vida estaría eternamente ligada a la música y por ello decidió estudiar interpretación musical en la Universidad de Millikin en el poblado de Decatour, Illinois.

Luego de graduarse John comenzó a tocar en diferentes bandas, acompañando a figuras como Liberace, Frank Sinatra y Perry Como en sus conciertos. Pero una lesión en la clavícula ocasionada por el peso del instrumento lo obligó a dejar de tocar y a emplearse como profesor de música de tiempo completo. Al cumplir los 43 años la vida de John se reducía a dar clases, a pasear en moto los fines de semana, a beber y a fumar.

Entonces pesaba 108 kilos.

El día que le diagnosticaron diabetes a una de sus compañeras de trabajo John se solidarizó con ella: si cambiaba su estilo de vida y comenzaba a hacer ejercicio, él también lo haría.

Fue esa promesa la que lo llevaría a transformarse en leyenda.

El valor de probar algo nuevo 

A principios de los años 90 poca gente corría por diversión. Aunque el deporte había crecido y los maratones de Nueva York y Vancouver se acercaban ya a su vigésimo aniversario, la actividad todavía parecía reservada para unos cuántos: atletas profesionales y amateur obsesionados con imponer marcas y terminar los 42 kilómetros de un maratón por debajo de las 3 horas con 30 minutos. Seres competitivos, disciplinados, forjados durante arduos entrenamientos en sus años universitarios, muchas veces en otras disciplinas deportivas.

Correr no era para todos y John Bingham estaba convencido de que no era el deporte ideal para él.

Su primer entrenamiento fue un fracaso: el hombre no aguantó ni siquiera 30 segundos trotando. Un amigo maratonista lo convenció de inscribirse a su primera carrera. John buscó un lugar hasta adelante en la línea de salida, pero su compañero lo persuadió de que era mejor iniciar atrás.

Bingham quedó en último lugar y a pesar de que siguió entrenando fuerte, en su siguiente carrera de nuevo fue el último en cruzar la meta.

Pero justo ahí encontró lo que no sabía que estaba buscando…

La lección para el emprendedor: cuando pensamos en emprender, normalmente sentimos que sabemos exactamente qué es lo que estamos buscando. En nuestra mente hemos definido el plan que nos llevará al éxito y comenzamos a ejecutarlo esperando poder cumplirlo al pie de la letra. La verdad es que rara vez sucede. El camino del emprendedor está lleno de sorpresas, de bifurcaciones que no vislumbrábamos, de pruebas que no esperábamos tener que enfrentar. Déjate sorprender por ellas, vívelas y así como hizo John, atrévete a dar el primer paso. Ese que podría llevarte a correr todo un maratón.

 

Hard at work.

Una publicación compartida de John Bingham (@jjbingham) el 26 Abr, 2014 a las 6:17 PDT

Aprende a aprovechar tus diferencias

Unos años antes, en 1987, Oprah Winfrey hizo un juramento ante las cámaras de televisión: ella correría un maratón antes de cumplir los 40 años. En 1994 la famosa conductora corrió el maratón de los Marine Corps en Washington despertando un interés masivo hacia las carreras de larga distancia.

Gente que jamás había considerado correr ahora se planteaba la idea de hacerlo.

En ese contexto John se dio cuenta de que correr le gustaba. Entendió que a su ritmo podía cubrir cualquier distancia, aunque fuera demasiado lento. Entonces tuvo una idea: convencer al mundo de que ser lento era algo bueno. Porque los beneficios no estaban ligados a la velocidad. Porque el reto era superarse a sí mismo. Porque correr era divertido y lo hacía sentir bien.

John comenzó a escribir.

Lo hizo primero en Dead Runner’s Society, un foro de discusión en donde los atletas compartían lo que habían vivido durante sus carreras. Bingham firmó varias entradas al foro como The Penguin (El Pingüino, haciendo referencia a su peculiar manera de pisar al correr) y ahí fue descubierto por uno de los redactores de Runner’s World.

Amby Burfoot, editor en jefe de la revista, quedó fascinado por el tono de los escritos de John que parecían darle voz a las inquietudes de la gente que aún no corría o que apenas comenzaba a hacerlo. El editor le encargó a John ocho columnas a manera de prueba y de pronto los corredores aficionados encontraron en él a un representante.

El running se hacía cada vez más popular y John Bingham había encontrado la actividad que le daría sentido a su vida. 

La lección para el emprendedor: en el voraz mundo en el que vivimos todos queremos ser siempre el número uno. Más rápidos, más altos, más fuertes. Con mayores ganancias y recursos para invertir. Nuestra tendencia es mirar a los punteros para luego tratar de imitarlos, cuando en realidad nuestra fortaleza puede ser justo que no somos como ellos. Aprende a mirarte sin prejuicios, acéptate como eres y encanta a los demás a partir de las diferencias. Tarde o temprano alguien te volteará a ver.

El arte de darle voz a un nicho 

La columna de Bingham en Runner’s World (“The Penguin Chronicles”) se convirtió en un clásico.

La gente que apenas comenzaba a correr la buscaba para inspirarse y luego le escribían al autor para confesarle sus miedos, sus dudas y sus logros. Le manifestaban su aprecio por haberlos inspirado a dar el primer paso: ése que irremediablemente los llevaba a la meta. John les respondía motivándolos a seguirse superando, a probar una distancia más larga, a disfrutar del cambio que el correr suscitaba en sus vidas.

Se convertía en su principal aliado en una aventura que antes hubiera parecido imposible.

Casi sin darse cuenta John se transformó en un emprendedor. La columna en la revista funcionó como el eje central de una estrategia de comunicación mucho más completa que terminó por incluir la publicación de libros, conferencias, clínicas y viajes grupales para aprender a correr. John Bingham se convirtió en un símbolo en el mundo del running amateur.

Al momento de su retiro en 2014 el hombre había corrido más de 40 maratones, escrito cinco libros y fungía como representante de la mundialmente popular serie de carreras: Rock & Roll Marathon.

John Bingham, el rey de los corredores lentos, era ya una leyenda.

La lección para el emprendedor: la historia de Bingham está directamente ligada al mundo del correr, pero también es una alegoría del emprendimiento. Los miedos que sentimos al pensar en emprender son muy similares a los que sentimos al empezar a correr. Las dudas. Los pensamientos negativos. Los calambres que nos llevan a pensar en desistir. Los gritos de aquellos que nos alientan con una palabra de ánimo desde la orilla, aunque ni siquiera nos conozcan. Y la satisfacción de ir cruzando metas que creíamos imposibles.

La columna de Bingham iba siempre acompañada de un eslogan simple y contundente: “El milagro no es que yo haya terminado. El milagro es que yo haya tenido el valor de empezar.”

Se refiere al acto de correr, aunque bien podría referirse al acto de emprender.

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