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Perdió su negocio en el 19S; hoy resurge más fuerte y preparada y ayudando a los demás

Cuando faltaban dos días para su inauguración, este proyecto se derrumbó –literalmente– a causa del 19S; hoy busca renacer como una iniciativa fortalecida.
Perdió su negocio en el 19S; hoy resurge más fuerte y preparada y ayudando a los demás
Crédito: Cortesía Ayni
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Hace apenas siete meses, el país era otro.

Sacudido por la tragedia tras un terremoto devastador, el centro y sudeste de México arrancó profundas muestras de solidaridad y apoyo: se tendieron manos unos a otros sin importar clases sociales, aficiones, preferencias o géneros.

Hoy el país se ve más que dividido por facciones políticas, como olvidando que cuando mejor ejemplo ha dado, curiosamente, es cuando están ausentes los que gobiernan.

En aquel terremoto, en el que se perdieron 369 vidas, el saldo negativo también alcanzó el medio de sustento y los negocios de miles de habitantes.

De acuerdo con cifras del INEGI, fueron unos 328 mil 662 los establecimientos que sufrieron algún tipo de daño tras el movimiento telúrico.

“Estábamos a dos días de inaugurar Ayni, que sería un coworking. Ya teníamos el diseño terminado y habíamos empezado con las ventas del lugar”, evoca Martha Bohórquez, fundadora de Ayni.

El proyecto quedó reducido a nada luego del derrumbe del edificio que lo albergaba. El colapso de Álvaro Obregón 286, en la Colonia Roma de esta capital, también fue uno de los que más impactó a quienes siguieron los eventos posteriores al sismo.

“Éramos cuatro personas del equipo que estábamos al interior del edificio. Tuve la fortuna de salir por las escaleras de emergencia y fue cuando se empezó a derrumbar todo”, dice Manuel Rojo, responsable de Comunicación de Ayni.

Los otros tres compañeros, que estaban al otro extremo del piso, no corrieron con la misma suerte; uno de ellos falleció. Y para tener noticias de los otros, dos pasaron 72 horas hasta que lograron ser rescatados.

Ayni pasó de ser un proyecto en ciernes y hogar de ilusiones a convertirse en un vestigio de guerra en el que lo importante era poner a salvo a los atrapados.

“Cuando salieron los dos compañeros fue una alegría para todos; las pérdidas del negocio eran fuertes y la desmotivación inmensa, pero que se hayan rescatado esas vidas fue un alivio y un gran incentivo para seguir adelante”, comparte Rojo.

Foto: Cortesía Ayni

El resurgimiento

De aquella tragedia a la fecha ha sucedido mucho.

No solo se cambió la solidaridad por la postura política en el termómetro social, sino que, al interior de Ayni, también decidieron darle un giro a su primera apuesta.

“Nuestra directora quiso mantener vivo el proyecto, pero que surgiera como algo más grande y fuerte. Estos meses sirvieron para cambiar el modelo y convertirlo en un business centre”, explica Rojo.

El nuevo centro de negocios se describe como una experiencia holística, donde se comparten oficinas, hay servicio de cafetería e impulsan el networking constantemente.

“Para nosotros ha sido un proceso nuevo. El camino ha sido pausado para volver a tomar el paso, encontrar los recursos, armar un equipo con gente nueva y quitarnos el miedo de reactivar nuestro emprendimiento”, dice Bohórquez.

La historia de Ayni no es la de un espacio de oficinas, sino la de un proyecto que lleva tatuada la resiliencia. Si se levantaron después del 19S, será difícil verlos caer en el futuro.

Foto: Cortesía Ayni

El nuevo espacio, ubicado en la San Miguel Chapultepec, cuenta con 25 oficinas privadas y 16 espacios de coworking, e incluye un concepto que busca combatir los problemas comunes del oficinista, desde el estrés hasta problemas anímicos y la búsqueda del equilibrio entre el trabajo y la salud.

Por lo anterior, en el lugar se ofrecen clases de yoga, de meditación, de coaching y demás, con la finalidad de que las personas mantengan un balance en su vida diaria, dice Bohórquez.

Como si se tratara de una coincidencia lúgubre, los espacios de coworking han visto su mayor ascenso desde el 19S. De acuerdo con el diario El Financiero, la búsqueda de espacios de trabajo colaborativo creció en un 35% en las semanas inmediatamente posteriores al terremoto.

Para levantar nuevamente Ayni, los colaboradores no recibieron ningún apoyo gubernamental, pero sí muchas manos de personas que ni siquiera conocían, no solo en el rescate, sino también en los días posteriores, en los que se les acercaron para recomendarles nuevos espacios o para ofrecerles apoyo psicológico.

“Es claro que todos quedamos con miedo, pero ese temor hay que trabajarlo, usarlo a favor y atravesarlo, porque hay gente que depende de nosotros, de lo que podemos generar y no podemos quedarnos paralizados”, enfatiza Bohórquez.

Después de la unión, el resultado ha sido levantar negocios, proyectos y sueños como Ayni.

Sin embargo, en 2018 México enfrenta la otra cara de la moneda y la pregunta que ya empieza a flotar en el ambiente: después de la división y el enfrentamiento, ¿qué sigue?
 

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