Mi peor crisis

Tuve que soltar a mi socio comercial y empezar desde cero

Como estudiante universitaria, Haley Hoffman Smith fundó una organización sin fines de lucro, escribió un libro y abrió otra empresa. Pero cuando las cosas se pusieron feas con un socio comercial, tuvo que cortar las ataduras y comenzar de nuevo.
Tuve que soltar a mi socio comercial y empezar desde cero
Crédito: Cortesía Haley Hoffman Smith
Entrepreneur Staff
Associate Editor
8 min read

"Quien tiene el dinero tiene la última palabra". 

Esta fuerte declaración llegó en forma de un mensaje de texto de la exsocia de negocios de Haley Hoffman Smith y le heló la sangre. Hoffman Smith es la autora de Her Big Idea y presidenta del grupo de emprendimiento femenino en la Universidad de Brown. Antes de eso fundó una organización sin fines de lucro y escribió un libro para mujeres con grandes ideas llamado She Is Without Limits. Pero cuando los enfrentamientos con una cofundadora llevaron a disolver la organización sin fines de lucro que había construido, Hoffman Smith se dijo a sí misma que nunca volvería a crear otra empresa. Ella nos cuenta cómo sucedió, y cómo cambió las cosas.

Esta entrevista ha sido editada por su extensión y claridad.

"Cuando tenía 18 años acababa de terminar mi primer año en la universidad y había comenzado una organización sin fines de lucro para donar libros a niñas de todo el mundo. Se llamaba Lit Without Limits, y fue mi primer esfuerzo emprendedor. Luego escribí un libro llamado She Is Without Limits para donar los ingresos a la causa. Mi nombre estaba muy vinculado con la marca de ambos productos, y las cosas iban bien en todos los aspectos de la organización sin fines de lucro. Un día, la directora financiera de mi organización sin fines de lucro se me acercó para comenzar otra compañía juntas: una empresa hermana con fines lucrativos con líneas de ropa (como camisetas con la frase "She Is ...") y un blog relacionado. Trabajamos bien juntas, así que acepté la propuesta. Además, ella tenía el doble de mi edad y había trabajado en finanzas toda su vida, por lo que aportaba una experiencia que no tenía. 

Empezamos y fue perfecto al principio: hay una especie de fase de luna de miel cuando comienzas una nueva compañía. Tenía algunas dudas sobre cómo comenzar una empresa con fines de lucro, y sentí que necesitaba el dinero que mi socia iba a invertir, pues yo no tenía la sensación de tener la experiencia adecuada. 

Después de unos meses, volví a la universidad para cursar el segundo semestre de mi penúltimo año y mi cofundadora renunció a su trabajo fijo para operar en nuestra nueva compañía. 

Sin embargo, un día simplemente decidió que quería trabajar desde el extranjero y se fue a vivir a Tailandia durante seis meses.

No mandaba en mi propia empresa

Lo entendí desde el principio. Pronto pareció que mi socia dejó de trabajar en la empresa y solo me decía qué hacer. Me sentí como una becaria en mi propia compañía, y con el tiempo, la frustración se empezó a acumular. No sabía cómo defenderme de mi socia debido a los componentes de edad y dinero que ella aportaba a la firma. Si hubiera tenido más coraje, me habría resistido antes.

Hacia el final del tiempo en Tailandia de mi socia, sucedió la fiesta de lanzamiento para el libro y la ropa She Is Without Limits, lo que nos dio un impulso tremendo.

Yo ya tenía una idea de cómo conseguir más publicidad para las camisetas, pero mi socia no estuvo de acuerdo. Fue cuando me mandó un mensaje te texto “recordándome” que quien pone el dinero tiene la última palabra. Fue uno de los peores momentos de mi vida. 

Después de seis meses, finalmente, nos volvimos a ver en persona y tratamos de reparar la relación trabajando juntas y contratando pasantes. Pero aún me sentía sola en términos de impulsar la empresa. Un día me mandó un correo electrónico hiriente de su parte que para mí fue el colmo. Estaba en desayunando cuando leí el correo electrónico y al ver las groserías que me escribió, lo único que pude pensar fue “Ya no puedo trabajar con ella”. 

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Me tranquilicé, le respondí y finalmente me defendí. Le dije que tenía mucho en qué pensar. Cuando nos reunimos le dije que podría quedarse con la compañía, pero ella dijo que prefería disolverla. Fue muy difícil ver el nombre que había construido desaparecer, pero también estaba tan frustrada conmigo misma por pensar que tenía que apoyarme en alguien más y por no defenderme antes.

La cosa se puso muy desagradable, casi como un divorcio, y me sentí humillada. Se habían distribuido tantas camisetas y calcomanías, y la gente seguía preguntándome: "¿Qué le pasó a la empresa?". No tenía ganas de decir nada, y me prometí nunca más volver a crear una empresa. Sentí que había fallado por completo y no sabía cómo comenzar de nuevo.

Las cosas cambiaron cuando comencé a trabajar en mi tesis en la Universidad de Brown: abarcaba la autogestión y el espíritu empresarial para las mujeres. Me llevó a investigar cómo las mujeres tienden a ser más reacias al riesgo y cómo podemos combatir eso. Hablé con un capitalista de riesgo y le pregunté por qué un porcentaje tan pequeño de fondos de capital de riesgo se destina a mujeres emprendedoras. Dijo que había notado que las mujeres generalmente no presentan ideas que necesitan millones de dólares.

Esa fue una de las inspiraciones para mí para comenzar a trabajar en mi nuevo libro, uno que trata de cómo las mujeres pueden pensar más en sus ideas y tener la fuerza y confianza para darles vida. En la introducción de mi libro, decidí contar la historia de lo que sucedió con mi primera compañía. Al principio no quería hacerlo porque me sentía como un fracaso, pero un mentor me dijo que contara la historia de una manera que pudiera ayudar a otras mujeres.

Este año, comencé una organización llamada Her Big Idea. Es una organización sin fines de lucro que invierte en ideas de negocios para mujeres, y está en sociedad con el Centro de Emprendimiento Jonathan M. Nelson de la Universidad de Brown. La mitad de las ganancias del libro se destinarán al fondo, y la idea es que las mujeres puedan leer el libro y aprender de sus reglas de innovación -como priorizar la creación en lugar de la competencia- puedan postular al fondo con sus ideas de negocios. 

Hice esto después de aprender de mi propio "error": asegurarme de que las mujeres saben que tienen el conocimiento, el potencial y la experiencia para hacer realidad cualquier experiencia. Tengo un equipo de seis personas que me ayuda a decidir sobre las ideas ganadoras.

Antes que nada, esta experiencia me enseñó que puedo hacer cosas por mi cuenta y que no necesariamente tengo que apoyarme en alguien. Nadie lo sabe todo cuando están comenzando una nueva empresa. Ahora creo que puedo tener un impacto aún mayor en mis compañeras, dadas mis experiencias, mis fracasos y lo que he aprendido de estas dos vivencias empresariales tan diferentes ".
 

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