Emprendedores sociales

Estos negocios cambian al mundo (y de paso, ganan dinero)

Existen empresas que, además de rentabilidad, buscan resolver problemas sociales, económicos, culturales o ambientales con modelos que benefiecien a muchas persoas. Conoce las claves para convertir tu proyecto en una de ellas.
Estos negocios cambian al mundo (y de paso, ganan dinero)
Crédito: Depositphotos.com
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La forma de hacer y enfocar los negocios está cambiando. Lo de hoy no es solo tener rentabilidad, sino dejar huella positiva en las personas y en el entorno por medio de soluciones innovadoras, medibles, escalables y de impacto que resuelvan problemas sociales, económicos, culturales o ambientales.

La ecuación cobra fuerza al amparo de la mayor sensibilidad de emprendedores y empresarios ante la desigualdad y la pobreza, pero también ante la oportunidad de negocio en volumen que representa atender las necesidades de los más vulnerables; es decir, de la llamada Base de la Pirámide (BoP).

Las apuestas ‘ganadoras’ se inclinan por educación, financiamiento, salud, vivienda, alimentación, movilidad, así como en temas de medioambiente. ¡Todo se vale! La clave es llegar al mercado con un modelo de negocio que no solo asegure la entrada de dinero, sino que también garantice escalabilidad, amplificación e impacto. ¿Aceptas el reto?

Valor con sentido

Las empresas sociales no hacen caridad ni filantropía; tampoco basan sus acciones o alcances en la sola Responsabilidad Social. Lo que sí generan es un beneficio amplificado, sostenible y medible a través de negocios que operan como cualquier otro: tienen una estructura formal, generan empleos, pagan impuestos y buscan rentabilidad.

De ahí que la creación de una empresa social requiera de un plan de negocio que contemple: segmento de clientes/beneficiarios, propuesta de valor, canales de comunicación y distribución, fuentes de ingresos, infraestructura base, actividades clave, costos y alianzas necesarias. También, demanda la creación de un plan paralelo de impacto social que incluya medidas de generación de riqueza, un programa de reinversión de utilidades y herramientas para medir el efecto multiplicador del impacto.

“En México tenemos un ecosistema robusto de apoyo para los emprendedores sociales. El chiste es que los emprendedores tengan un entendimiento de la problemática que van a resolver y un conocimiento profundo de cómo lo van a hacer. También deben estar abiertos a aprender y compartir su conocimiento”, dice María José Céspedes, directora general de Ashoka para México, Centroamérica y El Caribe.

En dicho ecosistema confluyen iniciativa privada, aceleradoras e incubadoras, fondos de inversión de impacto, organizaciones de financiamiento, asociaciones e instituciones gubernamentales que forman una red para el fortalecimiento y crecimiento de las iniciativas. El objetivo, añade María José, es catapultar sus alcances.

¿Son rentables? ¡Claro que sí! O al menos deberían serlo, porque en la medida en que generan ingresos tienen más posibilidades de replicar el impacto en su mercado objetivo, atraer al mejor talento, ofrecer buenos sueldos, ser más competitivas y crear las condiciones propicias para permanecer en el tiempo.

Guillermo Jaime da cuenta de ello. Desde la presidencia de Mejoramiento Integral Asistido (MIA), este empresario social ha logrado un balance entre la rentabilidad y el impacto al integrar tecnología, financiamiento y logística para proveer vivienda de calidad a la BoP (entre 2009 y 2017 construyó 50,000 casas para 500,000 mexicanos).

Consciente de la necesidad de amplificar el impacto, este año Guillermo creó Social Global Leaders, un holding que, por medio de distintas verticales de negocio, abastece de manera transversal vivienda (a través de MIA), agua potable (con Ecofiltro) y energía limpia (con la startup Vitaluz); todo, sin olvidar el otorgamiento de microcréditos a las familias más necesitadas gracias a la aportación de apoyos federales y filantrópicos. Con este modelo y con el objetivo de escalar sus alcances a todo el continente, el empresario abrió recientemente oficinas en Estados Unidos y Guatemala (desde donde despachará para Nicaragua, Honduras y El Salvador).

¿Cómo se genera rentabilidad en una empresa de impacto? Depende del modelo de negocio y del plan de rentabilidad establecido para la compañía. Guillermo recomienda desarrollar una estructura organizacional, tener procesos, manuales y metodologías de operación, pues esto facilita el manejo de costos y la obtención de recursos. A la par, aconseja aprender “el idioma de los negocios”, ser capaz de comunicarse con el mercado objetivo (apelando a sus usos y costumbres) y apegarse a un modelo financiero para generar ingresos.

Para este último punto Guillermo señala dos esquemas: a) por margen EBITDA (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization), que determina el porcentaje de utilidad que deseas recibir y b) de “rentabilidad social responsable”, cuya utilidad se logra por el volumen de ventas y no por el precio del producto o servicio.

Considera que si vas por el primer modelo estarás obligado a vender tus productos a cierto precio y en cierta cantidad para alcanzar tu objetivo; en cambio, la segunda ruta obliga a no incrementar el margen de ganancia pero sí el volumen, con lo cual puedes llegar a tu siguiente objetivo: escalabilidad e impacto.

Cuestión de alcance

Para amplificar el alcance de un emprendimiento social no hay recetas mágicas, pero sí diferentes caminos. Guillermo Jaime, por ejemplo, siguió una ruta marcada por el orden, la disciplina y la transparencia, tomando acciones concretas como la creación de un Gobierno Corporativo, lo que le permitió generar una estructura apetecible para aliados e inversionistas.

“Como cualquier otra compañía, las empresas de impacto social deben prepararse, planear y tener visión a gran escala. También deben hacer constantemente ejercicios de autoevaluación, disciplina, cultura y motivación”, explica Guillermo en su libro Capitalismo Social, la conexión entre la riqueza y la base de la pirámide. En dicho texto explica que esta evaluación exige deshacerse de la soberbia para reconocer habilidades y debilidades empresariales; la disciplina tiene que ver con definir procesos y plazos para alcanzar objetivos; la cultura alude a la creación de una filosofía de trabajo y un ambiente laboral en el que socios y colaboradores estén en sintonía para cumplir un objetivo de negocios; y la motivación a la fuerza del líder para mantener el interés y la energía de su equipo en el proyecto.

Obviamente hay ciertas aristas. Por ejemplo, hay que enfocarse en la formación de redes de fondeadores, aliados y benefactores y actuar como un canal de conexión entre su riqueza y las necesidades del mercado.

También hay que apostar por rubros que tengan potencial. Por ejemplo, en la onda verde existen oportunidades alineadas a la generación de tecnología que ayudan a las empresas a eficientar sus recursos y volverse ecoamigables. Ojo: no se trata de compañías que plantan árboles o hacen educación ambiental sino de iniciativas que hacen tecnología limpia o que combaten el cambio climático.

“Ser una empresa que no contamina o que minimiza al máximo sus emisiones genera un valor agregado que le puedes dar a tus clientes. Si al componente económico le sumas eficiencia, te va a ayudar a reducir emisiones y uso de agua, lo que a su vez va a incrementar márgenes y de alguna manera va a separarte de la competencia”, dice Luis Aguirre-Torres, CEO de Green Momentum y Cleantech Challenge.

Al margen de si tu negocio es verde o tiene un impacto social, debes asegurarte que sea escalable y que alcance a más personas de manera progresiva.

En busca del impacto

Uno de los mayores retos de las empresas sociales consiste en generar un verdadero (y medible) impacto social debido, principalmente, a obstáculos como la falta de planificación, estructura o ingresos. Aguirre-Torres lo confirma. Dice que si bien hay una evolución en el sector, la inversión no es suficiente y, por tanto, el impacto también es limitado.

“En México la inversión pública en el rubro es de .04% del PIB, lo cual es 10 veces menor a lo que invierten los países miembros de la OCDE y 100 veces inferior a lo que se invierte Estados Unidos e Israel. También hay fondos de venture capital pero al final las inversiones que se han hecho están por debajo de los 40 millones de pesos. A esto se suma que no hay sofisticación a nivel de la proveeduría ni en la cadena de distribución”, explica.

Pese a ello, en esa industria y en otras relacionadas con la mejora social existe un impacto que es medible y que arroja información sobre el desempeño de las iniciativas. Los parámetros/indicadores se estipulan de acuerdo con las mejores prácticas de cada industria o sector. Por ejemplo, en el caso de MIA el impacto se cuantifica por el número de casas vendidas y la cifra de personas impactadas con base en el Índice Nacional de Ocupación y Vivienda. Para Ecofiltro se mide el número promedio de beneficiaros por filtro (seis) y para Vitaluz, el número de habitantes por vivienda.

“Definitivamente, el tema de impacto es específico de cada sector. Algunos miden por beneficiario directo, hay quien usa otros parámetros. Por ejemplo, si te orientas a algo de salud, hay indicadores de impacto particulares”, añade María José, de Ashoka.

Lo que es un hecho para Alejandra Tapia, gerente Relaciones Institucionales de New Ventures México y directora ejecutiva de Alianza por la Inversión de Impacto en México, es que hace falta mayor profesionalización para adoptar metodologías de medición de impacto social y para materializar proyectos escalables. A la par, se requiere fomentar la inversión a través de estímulos fiscales y figuras específicas para la creación de empresas sociales.

Mientras ese momento llega, los emprendedores y empresarios pueden apalancarse de un ecosistema que está en constante movimiento y que invita a informarse, a crear y concretar nuevos negocios sociales.

Invirtiendo en impacto

Al tiempo que más empresas apuntan a proyectos de negocio de orden social o medioambiental, se fortalece la industria de inversión de impacto con fondos de particulares, instituciones financieras de desarrollo, fundaciones y gobiernos.

Alejandra Tapia, gerente Relaciones Institucionales de New Ventures México y directora ejecutiva de Alianza por la Inversión de Impacto en México, explicaque este tipo de inversiones pueden definirse como aquellas que “intencionalmente se dirigen a resolver problemas sociales o ambientales optimizando el riesgo y el rendimiento financiero, así como el impacto. Lo hacen a través de la medición de resultados de objetivos sociales, ambientales y financieros específicos”.

En México el destino de estas inversiones entre 2014 y 2015 se centró en inclusión financiera, salud, agricultura y alimentación, captando un flujo de $392 millones de dólares en 45 transacciones provenientes de 15 inversionistas exclusivamente en el país, según el estudio El panorama de la inversión de impacto en América Latina, realizado por ANDE, LAVCA e Impact Ventures en agosto de 2016. A nivel global, la inversión ronda los $228 billones de dólares, siendo energía, vivienda, salud, agricultura y alimentación los sectores de mayor atractivo, según el Annual Impact Investing Survey 2018.

¿Cuáles son los motivadores que impulsan la inversión? Alejandra menciona cuatro: una mayor conciencia en los negocios de orden social, nuevas oportunidades de mercado, el cambio climático y la diversificación sumada a la necesidad de crear valor.

Si te interesa participar de inversión de impacto, la recomendación es que crees o busques que tu modelo de negocio no solo resuelva un problema real a nivel social o medioambiental, sino que ante todo sea escalable y tenga alcances medibles.

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