Innovacion

Sé innovador: Come, vive y respira novedad

La cultura de la innovación debe formar parte del ADN de las empresas , y para mantenerla se necesita gente, tiempo y capital. Aprende cómo aplicarla en tu organización.
Sé innovador: Come, vive y respira novedad
Crédito: Depositphotos.com
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Ya conocemos las historias de fracaso de Kodak y Blockbuster y de cómo fueron lentas para aplicar cambios en sus compañías. Y es que es cierto: en las startups, por definición, siempre será más fácil innovar porque no experimentan grandes restricciones corporativas y el proceso de toma de decisiones es mucho más ágil. De hecho, muchas de ellas nacen como respuesta a los “huecos” que dejan otros jugadores más grandes o tradicionales. El error es pensar que solamente ellas pueden darse la oportunidad de hacerlo, o que sólo aquellas compañías con grandes presupuestos son quienes pueden darse ese “lujo”.

La realidad es que la innovación no tiene que ver con el tamaño de la empresa ni con sus bolsillos, sino con que exista la intención de hacerlo y que se trate de un principio que esté tatuado en su cultura y ADN empresarial. Para lograrlo, debe existir una metodología y un equipo que sepa explorar nuevas avenidas de innovación, experimentarlas y afinarlas para luego lanzarlas, pero siempre de acuerdo con el tamaño de la empresa. “Puedes empezar con algo pequeño y después ir escalándolo. No necesitas hacer grandes inversiones de inicio, sino que puedes cambiar en el día a día de tu empresa”, apunta Camila Lecaros, directora general de MassChallenge.

Si quieres adoptar esta cultura dentro de tu organización, toma nota de las sugerencias que te hace esta experta, junto con Jorge Peralta, director general de Idearia Lab, y Carlos Álvarez, socio y director creativo de RedBox Innovation.

Áreas de oportunidad

Una empresa pequeña puede innovar en prácticamente todas sus áreas e, inclusive, generar innovaciones “multidimesionales”, es decir, que combinen diferentes áreas (como experiencia al cliente, distribución, diseño, etc.) con el fin de diferenciarse en su nicho y generar mayor valor.

Lecaros pone el siguiente ejemplo: si estás vendiendo bicicletas para empresas y te va muy bien, puedes empezar a explorar otro mercado, como el de niños, en el que introduzcas cosas nuevas como algún modelo o un material que no se esté usando. Esa sería una innovación de mercado. Pero también puedes hacer cambios en algún proceso que te permitan reducir tus costos de producción a la mitad y así ganar más; esa sería una innovación de procesos.

Ya sea que estés por iniciar tu empresa o que ya lleves varios años en el mercado, uno de los primeros pasos para la innovación es analizar las necesidades de tu mercado con el fin de proponer una oferta de valor que sea diferencial y verdaderamente útil e innovadora. Ojo: éste es un proceso permanente, es decir, debes pasar gran parte de tu tiempo afinando tu propuesta de valor y tener bien abiertos los oídos para escuchar a tus clientes porque eso te permitirá generar soluciones adecuadas, evolucionar con ellos y moverte hacia el mismo sentido en el que va el mundo.

Cuando sientas que llegaste al producto/servicio deseado, escala para llevar tu innovación al siguiente nivel, o lo que es lo mismo: evita las zonas de confort y sigue cambiando, mejorando y explorando. “Mark Zuckerberg, dice que, en un momento determinado, hay en línea unas mil versiones de Facebook, y eso es porque todo el tiempo está probando y mejorando”, ejemplifica Jorge Peralta.

Sin embargo, contempla que no es conveniente tener una mentalidad 100% enfocada a la exploración como tampoco lo es poner atención únicamente en la eficiencia operativa. Si el tamaño de tu empresa lo permite, lo ideal es tener dos equipos: uno que se dedique a la operación y otro enfocado exclusivamente en la innovación. Aunque ambas cosas son vitales para el negocio, lo ideal es que se trabajen por separado.

“Lo mejor es asignarle tres tipos de recursos a estos esfuerzos: el primero es gente o talento, que pude ser una combinación de personas internas colaborando con externas. El segundo es tiempo, es decir, que quien esté en la innovación de tiempo completo involucre a personal de operación en ciertos momentos. El tercero es dinero. En resumen, para que la innovación suceda, necesitas tiempo, talento e inversión”, afirma Carlos Álvarez, socio y director creativo de RedBox Innovation.

También debes cuidar que la innovación se enfoque en los proyectos más estratégicos y, sobre todo, en los que tu tamaño, tiempo y presupuesto lo permitan. En general, hay dos grandes bloques de innovación: la incremental, es decir, aquella que mejora lo que ya existe; y la transformadora o disruptiva, que se adelanta a lo que pueda surgir en el futuro.

La teoría de la innovación

Aunque hay quien es innovador por naturaleza, regularmente esta es una habilidad que requiere preparación, estudio, profesionalización y que va madurando con la experiencia. “Siempre habrá personajes como Steve Jobs que innovan a partir de su talento natural, inspiración o vocación, pero en general sí es algo que se necesita aprender y practicar”, expone Jorge Peralta.

De ahí que para innovar de la manera correcta exista un método y métricas precisas para identificar los avances logrados. Algunas de estas metodologías para innovar en las empresas son:

  • Cocreación de valor, que busca el acercamiento y apertura del diálogo tanto con los clientes como con los empleados y proveedores.
  • Deep-dive, que “sumerge” a un equipo en una situación de resolución de problemas o creación de ideas.
  • Lean thinking, que elimina todo lo que no aporta valor en un proceso.
  • Open innovation, que hace que las empresas salgan de su zona de confort y colaboren con externos.
  • Scenario planning, que hace flexible la planificación a largo plazo para reducir el riego en las organizaciones.
  • Six sigma, que mide y analiza datos para identificar las fuentes de errores.

Pero hay que en los últimos años han ganado popularidad y de las que existe amplia literatura, cursos y hasta tutoriales en YouTube: el Design thinking y el Lean startup.

En términos generarles, en el Design thinking se define un problema para después buscar e implantar soluciones, siempre enfocadas en las necesidades de los clientes. Se sigue un proceso que consiste en detectar una necesidad, entenderla, analizarla y a partir de los hallazgos se crea un producto o servicio. En esta metodología, la empatía con el cliente es vital para brindar mejores soluciones.

Por su parte, el Lean startup está pensado para reducir el riesgo a la hora de lanzar un producto o servicio pues la idea se valida previamente por medio de la creación de un prototipo que lanza rápido para comprobar su viabilidad en el mercado. Una vez lanzado, se miden sus resultados y se analiza si vale la pena mejorarlo o, en su caso, retirarlo.

Lo importante en cualquiera de los casos es que el emprendedor o el equipo encargado conozca muy bien las metodologías y sus mediciones y tenga un verdadero compromiso por ejecutarlas y medirlas. La recomendación de los expertos es que, si tú o tu equipo no están familiarizados con ellas, te acerques a algún asesor u organización para que los oriente y los ayude a implementarlas, estudiando qué hay en el mercado y qué podría funcionar para la organización.

Cómo aplicar la innovación

Aunque existan diferentes técnicas para innovar, estos son algunos pasos que comparten varias de ellas:

Observa. Debes poner atención a las tendencias que ocurren en la categoría en la que te desenvuelves, tanto en la competencia como con tus clientes o usuarios, e inclusive en otras industrias. A partir de eso, puede surgir la inspiración necesaria para tener ideas innovadoras. Cabe aclarar que la creatividad es un paso previo a la innovación. “Si quieres innovar, primero necesitas generar una gran cantidad de ideas, y para tenerlas, necesitas inspiración”, dice Álvarez, de RedBox Innovation. “Los innovadores casi siempre son creativos, pero los creativos no siempre son innovadores”, advierte Camila Lecaros.

Analiza. Evalúa a profundidad esas ideas en función de su viabilidad, aterriza las que sean más factibles y crea prototipos muy básicos para probarlos en una escala pequeña en el mercado. Así, podrás saber cuáles funcionan y cuáles debes desechar.

“Si tienes experiencia, te puedes tardar un par de semanas entre la inspiración y la idea, otro periodo similar para la creación del prototipo y, posteriormente, necesitarás otras dos semanas más para la realización de varios experimentos”, indica Álvarez.

Así, en cuestión de unas siete u ocho semanas habrás explorado lo suficiente para encontrar la solución más viable. “Empiezas con una primera versión en el mercado y luego viene una etapa para hacer ajustes y madurar el producto o servicio”, recomienda.

Lanza. Si se cumplió el objetivo que buscabas, es momento de que tu innovación salga al mercado.

Pongamos como ejemplo práctico una empresa de bebidas. El equipo de trabajo detecta que en cierta época del año la gente consume su producto X pero no quiere salir de casa para comprarlo por el clima que prevalece en la mayor parte del país en esos días. Entonces la empresa crea una app para que la gente pida a domicilio la bebida durante esos meses, que además tiene una edición especial, generando así una experiencia de consumo nueva acompañada de un extra, como un diseño diferente en el empaque que incluye más producto.

Esta nueva forma de distribución se pone primero a prueba en una ciudad muestra, como León, Guanajuato, y se observa la reacción de la gente. Se hacen los ajustes necesarios para que, por ejemplo, la bebida llegue a la temperatura que busca el público, se reduzca el tiempo de entrega, etc. Si la idea funciona a esa escala, entonces la empresa lanza la promoción en una mayor cantidad de ciudades e, inclusive, la vuelve permanente o, por lo menos, la replica cada año con el mismo o con otro de sus productos.

Para que la innovación pueda ser considerada un éxito, no basta con que sea original; debe traducirse en un aumento de ventas o de conversaciones en redes sociales. “Cuando escuchas la palabra ‘innovación’ piensas primero en un producto o servicio, pero también se puede innovar en el modelo de negocio, en los procesos de producción, en la distribución o en la forma en la que está armada la red de stakeholders”, agrega Álvarez.

“Si la compañía de bebidas sólo se dedica a lanzar nuevos sabores, su innovación es fácilmente replicable para la competencia. Pero cuando combinas diferentes tipos de innovación obtienes mejores resultados”.

Recuerda: el objetivo final en una empresa siempre debe ser generar valor. Y la verdadera generación de valor se da cuando se desarrolla un producto o servicio que alguien más está dispuesto a pagar. Asimismo, innovar significa implementar una idea que genere valor adicional al que ya existía antes y que, además, deje un beneficio de regreso a la compañía.

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