Por qué antes de emprender debes encontrar una necesidad

Tal vez más que emprendedores primero deberíamos de pasar el proceso de ser descubridores de huecos de oportunidad...
Por qué antes de emprender debes encontrar una necesidad
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Los emprendedores se enfrentan a una gran disyuntiva: hacerle caso a sus expectativas y desarrollar un producto que a ellos les gustaría vender o darse a la compleja tarea de entender lo que el usuario está buscando y desarrollar a partir de una premisa: satisfacer una necesidad del consumidor.

La segunda no es fácil pero sin duda es la que les llevará a crear productos que perduren en el tiempo. Cuando trabajamos con los emprendedores recurrentemente les pedimos enfocarse en lo que el consumidor necesita –lo que se le debe resolver-, no lo que él quiere o cree que va a funcionar, ni mucho menos lo que él busca que se le compre.

Por ejemplo: La marca de la manzana lo hizo muy bien a la hora de entender qué es lo que el usuario necesitaba: Portabilidad, acceso y conectividad. Steve Jobs entendió lo suficientemente bien a sus usuarios para evolucionar la experiencia del walkman (del que él era fan) y ofrecerle al usuario una manera de llevar más canciones sin depender del cassette.

Este entendimiento, este proceso de esclarecer que es vital, necesario y deseable es la esencia de un buen producto. La necesidad latente que parte de observar, entender y preferentemente de construir junto con el usuario entendiendo qué es lo que se le resuelve con la solución propuesta.

El proceso es largo y por supuesto no termina ahí. Más bien apenas se abre el camino a explorar lo que se entiende como la razón de ser del producto, el cual debe ser resolverle un problema al usuario. Para ello, por paradójico que suene, se necesita no ser ese usuario, despersonalizar la experiencia para poder entenderla a fondo. Se necesita observar sin empezar a solucionar, intentando solo aprender de cómo se vive y sufre el problema (eso que el usuario no puede resolver por sí mismo).

Ya teniendo un entendimiento más o menos claro de la manera en la que los usuarios “sufren”, es necesario definir qué es lo que se ha hecho en la materia hasta ahora y entender por qué hasta ahora no ha sido la solución ideal.

Para entonces, a partir de este punto, pensar en cómo se puede hacer más simple y con la ayuda de la tecnología. Hasta aquí se puede empezar a hacer algo como solución.

Tenemos cantidad de ejemplos de productos innecesarios pero divertidos, que son interesantes pero tienen muchos huecos en su diseño porque no fueron pensados más que para servir de solución intermedia. Pero los productos memorables resuelven, son prácticos y son sencillos en su uso.

Pensemos en el selfie-stick, montado en la tendencia de la foto al momento y los complementos del teléfono, al cual incluso se le añadió una funda que se convertía en un extensor. En muy poco tiempo el producto se convirtió en moda y los precios cayeron conforme la competencia –y las versiones baratas– aparecieron.

El producto te hacía feliz, pero faltaba algo más, ¿Una integración de servicios, conectividad, una plataforma? Todo eso habría sobre-complicado el producto y no le hubiese permitido definir otras avenidas de desarrollo que no fueran un selfie stick con esteroides. Lo mejor era aprender cómo se estaba usando, que se estaba resolviendo y de ahí buscar a los usuarios que podrían ser profesionales o con necesidades más específicas.

El producto debe aspirar a cerrar una necesidad, resolver un problema y sorprender al usuario porque le hace la vida fácil, es decir, debe agregarle en la relación costo-beneficio. Desde ahí se convierte en algo memorable y de lo que nadie se querrá desprender.

Tal vez más que emprendedores primero deberíamos de pasar el proceso de ser descubridores de huecos de oportunidad, luego atrevernos a conectar esas oportunidades de forma tal que se presente una potencial oportunidad mayor y desde ahí empezar a crear la solución. Primero se aprende, luego se vincula, más tarde se diseña para probar. Y de ahí hasta emprender.

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