Por qué quiero (y puedo) ser mejor que Steve Jobs

"No importa si jamás el mundo me aclama por un iPod, un iPhone o un iPad..."

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Este artículo apareció en la edición de Octubre 2018 de la revista Entrepreneur Mexico. Suscríbete »

Aunque sé que pasarán varios años antes de que puedas leer esto por ti mismo, quiero contarte qué estaba pasando por mi mente y por mi corazón a unos días de tu llegada.

Justin Sullivan | Getty Images

Mientras escribo esto –hoy lunes 3 de septiembre de 2018–, en Estados Unidos sale a la venta el libro Small Fry, escrito por Lisa Brennan-Jobs, quien cuenta cómo fue la relación que tuvo con su padre, el famosísimo fundador de Apple.

Steve Jobs tuvo a Lisa cuando tenía 23 años. Durante mucho tiempo no la reconoció como su hija, pese a las pruebas de ADN que demostraban su paternidad, y por muchos años no aportó un solo centavo para su manutención, aunque Lisa y su madre, Chrisann Brennan, vivían de la ayuda del gobierno y de limpiar casas.

Casi en todo pasaje de las memorias de Lisa se puede ver a un padre despiadado.

Próximo al final de su vida, muy enfermo de cáncer de páncreas, Jobs le pidió perdón a Lisa por no haber pasado más tiempo con ella, por olvidar sus cumpleaños y por no devolverle las llamadas, pero Steve fue duro e hiriente hasta el último momento. Incluso ya en su lecho de muerte comentó sobre el perfume de su hija que apestaba “como a caño”.

Yo, como cualquier persona, también busco la trascendencia en este mundo, pero quiero ser mucho mejor que Steve Jobs. Quiero estar ahí para jugar y reír contigo, quiero escucharte siempre que lo necesites, quiero abrazarte cuando estés triste, quiero que tengas la seguridad de que nunca te voy a dejar solo. No importa si jamás el mundo me aclama por un iPod, un iPhone o un iPad. Para mí, bebé Daniel, la mejor manera de trascender será ser tu papá.

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