Este es el monstruo que debes domar para triunfar en la vida

En algún lugar de nuestras ideas habita una criatura que se alimenta de la duda y el juicio que hacemos de nosotros mismos. ¿De dónde salió y cómo vencerlo?
Este es el monstruo que debes domar para triunfar en la vida
Crédito: Depositphotos.com
5 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

“Soy un engaño”.

La frase llega como un murmullo casi siempre a la misma hora, cuando estoy por enviar mi colaboración semanal a Entrepreneur. Lo que parecía una buena idea se ha transformado de pronto en duda perpetua. Enredadas, las palabras se complican en la pantalla de mi computadora y luego de leerlas una y otra vez, cuestiono su razón de ser.

El tema, en un principio lógico y atractivo, termina por enmarañarse y en un acto desesperado mi cabeza me pide que lo piense de nuevo. Aunque lleve más de tres horas escribiendo comienzo a creer que sería mejor echar todo para atrás y empezar de nuevo.

Otra idea. Otro texto.

Aunque no serviría de nada. La inseguridad siempre me acompaña cuando escribo sobre emprendimiento.

¿Qué puedo saber yo del tema?

Si llegué aquí fue por casualidad. Por una combinación de factores y decisiones mal tomadas. Por la crisis de los 40. Porque un buen día, después de más de 6,000 jornadas laborales, me extravié en mis propias decisiones. Porque me quedé sin empleo y tuve que volver a empezar.

Mi cerebro, cruel, me lo repite una y otra vez: yo nunca he tenido una startup; no he conseguido inversiones millonarias; no soy un emprendedor.

Antes de desistir me detengo un momento y entonces lo recuerdo: lo que hace que me sienta así no es la falta de conocimiento. Es la voz del impostor que llevo dentro.

EL MAL DE (CASI) TODOS

Siempre ha estado ahí.

No solo en mi cabeza, sino que en la de un 70% de las personas: la idea oxidada de que no hemos llegado a donde estamos por mérito propio. Sentimos que la suerte nos ha ayudado. Somos producto de la casualidad y por eso vivimos creyendo que no merecemos lo que tenemos. Lo peor es que vivimos con miedo de ser desenmascarados en cualquier momento.

Una pregunta en una junta. Un comentario del jefe. El cuestionamiento de alguno de nuestros subordinados. Un problema que no sepamos cómo resolver.

Algo bastará para que la pequeña representación de nosotros mismos se venga abajo y quedemos expuestos ante el mundo como lo que creemos que somos: seres inexpertos e incapaces.

Engaños.

Vivimos con el temor perpetuo de que alguien nos descubra y nos regrese al lugar que nos merecemos: un rincón polvoriento en el que el reconocimiento no existe ni existirá jamás.

El síndrome del impostor fue acuñado en el año de 1978 por las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes. Quienes lo padecemos estamos por todos lados: directores de empresa, empleados, maestros, músicos, cineastas, actores, actrices y escritores. Incluso reconocidas celebridades han manifestado vivir con el temor de que alguien, algún día, vaya a descubrir su nulo talento: Kate Winslet, Emma Watson, Meryl Streep, Robert Pattinson. Y si ellos lo padecen, ¿qué nos espera a nosotros?

PERFECCIONISMO, EL ALIADO DEL MONSTRUO

El origen del síndrome suele estar en el perfeccionismo. En la idea de que lo que hagamos no debe de tener una sola falla. Porque si la tiene, si algo está mal, nos flagelamos y cuestionamos nuestra capacidad. Cuando fallamos sentimos que nuestra trayectoria entera se viene abajo como si estuviera hecha de arena. En el silencio de nuestra cabeza esa voz nos repite una y otra vez lo que ya sabemos (y esperamos que los demás jamás descubran): que somos un engaño.

Sufrimos. Dudamos. Y el miedo es el principio de un círculo vicioso que nos arrastra y nos dobla. El camino hacia la perdición. Porque una vez que empieza a hacerlo, la voz podría nunca dejar de murmurar que no servimos para nada. Que no somos suficiente.

Aunque seamos Emma Watson. O Hermione Gragner.

La voz repite tantas veces la mentira que terminamos por creerla. Y entonces nos congelamos. Si tenemos una duda no la externamos. ¿Por qué? Podría ser una señal de nuestra incompetencia. Tampoco nos aventuramos a nuevos proyectos, preferimos las zonas de confort. Nos movemos solo en aguas conocidas y al final, nos perjudicamos a nosotros mismos. Además, trabajamos a toda hora: de madrugada y en fin de semana queriendo compensar nuestra incompetencia imaginada. Si trabajamos más que los otros jamás se darán cuenta de nuestra falta de capacidad, ¿cierto?

¿CÓMO ACABARLO?

El problema con el síndrome es que termina por hacernos daño. Mucho más de lo que imaginamos. Es un sufrimiento constante que se traduce en parálisis. Nos lacera. Nos congela. Nos destroza las alas.

Por eso es importante aprender a domarlo. El impostor es el monstruo que habita en nosotros mismos. ¿Cómo vencerlo? Cada vez que él murmure sus dudas debemos de responder con palabras contundentes.

Hay que hablarle y si no nos escucha, gritarle.

Digámosle que sí podemos. Que somos fuertes. Que hemos recorrido un largo camino para llegar hasta donde estamos. Que hemos trabajado. Que nos merecemos lo que tenemos. Y que, pese a él, seguimos de pie escribiendo la historia que nosotros, y no nuestro impostor, decidamos.

Que en verdad él es el único engaño.

 

Keep Reading

More from Entrepreneur

Get heaping discounts to books you love delivered straight to your inbox. We’ll feature a different book each week and share exclusive deals you won’t find anywhere else.
Jumpstart Your Business. Entrepreneur Insider is your all-access pass to the skills, experts, and network you need to get your business off the ground—or take it to the next level.
Are you paying too much for business insurance? Do you have critical gaps in your coverage? Trust Entrepreneur to help you find out.

Latest on Entrepreneur